Descubre el preocupante dato que revela un reciente estudio sobre la alimentación laboral

Un reciente estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) ha revelado un aspecto poco explorado del ámbito laboral: la dieta de los empleados. Los resultados son alarmantes, ya que la mayoría de los trabajadores asalariados reducen la cantidad o calidad de sus comidas debido a restricciones económicas.

El documento titulado “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”, desarrollado en colaboración con Edenred, una compañía de servicios corporativos, se fundamentó en una encuesta a nivel nacional que incluyó a 1.171 empleados asalariados formales, excluyendo el servicio doméstico, y analizó sus prácticas alimentarias durante el horario laboral.

Inquietantes cifras de malnutrición

El reporte destaca una situación crítica: solamente el 16,5% de la fuerza laboral está exenta de carencias alimentarias. Esto significa que más del 80% de los empleados enfrenta algún tipo de dificultad alimentaria. Lo más alarmante es que casi 1 de cada 4 asalariados, un 22,6%, no consume ningún alimento durante su día de trabajo.

Quienes más sufren las carencias

Ianina Tuñón, investigadora principal en el ODSA-UCA, aclaró que el 61,1% de los empleados omite comidas, con una prevalencia mayor entre los jóvenes de 18 a 29 años, con un 70,7%. Además, un 78,5% prefiere alimentos de menor calidad nutricional por razones económicas, cifra que se eleva al 86,7% entre quienes perciben sueldos inferiores a $800.000.

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Una doble carencia alimentaria

Los autores señalaron que el 56,2% de los empleados sufre una doble carencia: no siempre puede comer en su lugar de trabajo y elige alimentos poco nutritivos. Esta privación alimentaria mixta se presenta principalmente entre los jóvenes (66,8%), mujeres (60%), trabajadores no cualificados (71,1%), empleados del sector público (70%), individuos con bajos ingresos (68,8%) y habitantes de las regiones más desfavorecidas del país, alcanzando un 62,3% en el NEA y un 65% en el NOA.

Costos y condiciones de comida en el trabajo

El 41,5% de quienes almuerzan en su empleo lo hace en su escritorio, incluso cuando hay un comedor disponible al que asiste el 38,9%. La infraestructura es clave: si hay comedor, el 60,6% lo usa. Entre aquellos que comen solos, el 32,3%, se encuentran mayormente mujeres mayores de 60 años, personas que trabajan de forma remota o en empresas pequeñas.

La ausencia de un espacio adecuado influye en la salud y el peso de los empleados. El 48,2% evalúa su dieta como poco sana, y, según el estudio, esta problemática está por encima del promedio, con 36,6% de sobrepeso y 40% de obesidad.

Solo el 44,4% de los empleados recibe algún tipo de beneficio alimentario de su empresa, siendo más común en compañías medianas y privadas. Sin embargo, Tuñón advierte sobre la regresividad de estos beneficios, ya que suelen ser percibidos por los sectores laborales más privilegiados.

El gasto en alimentación varía: el 36,1% gasta menos de $5.000 diarios, y el 43,9%, entre $5.000 y $10.000. Solo un 20% invierte más de $20.000 en su comida laboral. La mayoría de los empleados prepara sus comidas en casa; el 37,7% lleva su comida en un tupper y el 19,7% lo complementa.

Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos para Europa, América Latina y Medio Oriente de Edenred, subrayó que la reforma laboral podría permitir ampliar los beneficios alimentarios sin que las empresas deban contar con un comedor físico. Una tarjeta prepaga podría ser la solución, permitiendo a los trabajadores adquirir alimentos durante la jornada laboral.

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Los estudios de la Organización Internacional del Trabajo indican que un empleado bien alimentado es más productivo, con menos accidentes y ausencias por enfermedad. Por lo tanto, el documento concluye que la alimentación en el trabajo no debe ser vista como un privilegio, sino como una inversión en salud y productividad tanto individual como colectiva.

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