Desde hace un tiempo, la cúrcuma, una especia de color amarillo brillante, ha captado la atención en redes sociales debido a sus supuestos beneficios para la salud. Se encuentra presente tanto en recetas cotidianas como en preparaciones saludables, incluyendo un antiguo brebaje con raíces en la medicina ayurvédica que resurge ahora en occidente. Pero, ¿existe consenso científico que avale su consumo?
Un ejemplo actual es la popularización de la golden milk (leche dorada), una bebida que incluye leche de origen vegetal (como de almendra, avena, coco o soja), una porción de grasa vegetal (usualmente aceite de coco), un endulzante saludable como miel o stevia, varios condimentos (como canela, jengibre, pimienta) y, claro, cúrcuma. Este producto tiene tal fama que ahora se vende en forma de mezcla instantánea en polvo, lista para mezclar con leche, calentar y beber.
La cúrcuma promete una variedad extensa de beneficios: propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, analgésicas, digestivas, cardiovasculares, cognitivas y antisépticas. Estos, a su vez, pueden ayudar en situaciones como la hiperpigmentación de la piel o el combate del acné durante la adolescencia.
Un descubrimiento reciente por investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA sobre ratones reveló que encapsularon el activo principal de la cúrcuma (la curcumina), lo que impactó positivamente en la memoria, una de las funciones más críticas del cerebro. Sin embargo, ¿hay pruebas que respalden las otras ventajas que se le atribuyen?
La ciencia detrás de la cúrcuma
La pregunta es relevante teniendo en cuenta dos aspectos: 1) El American Botanical Council, organización sin fines de lucro en EE.UU., señala que el interés por la cúrcuma ha crecido desde 2010, impulsado por la tendencia hacia los productos naturales. Y 2) la especia ha pasado de ser un ingrediente esencial en la cocina asiática a ser una fuerza dentro del mercado global, reflejándose en el incremento de sus ventas.
Es sabido que hay inquietud sobre la manipulación y adulteración de la cúrcuma. Algunos advierten sobre la venta de mezclas diluidas con sustancias diversas, hasta polvo de ladrillo. Pero al buscar en Google, se encuentran muchos estudios de mercado que indican un aumento constante en sus ventas.
Un informe del 2024 de la Universidad Nacional de Economía de Vietnam, pese a ser conservador, pronosticó que el mercado global de la curcumina alcanzaría los US$ 126,8 millones en 2028, desde los US$ 80,8 millones de 2022. Otros estudios mencionan un movimiento anual de entre US$ 200 y US$ 600 millones debido a esa especia.
Recomendar la cúrcuma en las comidas es sencillo, pero ¿realmente es benéfico? ¿Según quién? ¿Para qué efectos y en qué cantidades debería consumirse para obtener beneficios prometidos? ¿Puede tener efectos adversos? ¿Quiénes deben tener precaución y qué medidas deben seguir?
Curcumina y su vínculo con la memoria
Clarín exploró estos temas con Susana Nuñez Montoya, farmacéutica y doctora en ciencias químicas, especializada en farmacognosia, que estudia las drogas provenientes de la naturaleza. Explicó que las plantas, aunque naturales, no son siempre inocuas. Producen compuestos químicos para su defensa o atracción de otros organismos.
Los humanos hemos aprovechado esos compuestos para distintos fines, incluyendo la farmacología. Para cada planta, la farmacognosia recurre al estudio clínico para validar efectos tradicionales, que pueden ser confirmados mediante estudios in vitro o preclínicos.
Nuñez Montoya aclaró que, aunque se investigue el potencial de compuestos como la cúrcuma, no hay un medicamento específico basado en ella, dada su baja biodisponibilidad oral y escasa solubilidad. Para mejorar esto, se busca combinar la curcumina con adyuvantes o presentarla en formas como cápsulas o jarabes.
En investigaciones recientes, Mariano Boccia y Diego Chiapetta de la UBA experimentaron con nanomicelas para administrar curcumina en ratones. Observaron mejoras en la memoria solo cuando la droga se administraba poco después del aprendizaje, sugiriendo una modulación de procesos endógenos que ocurren después de aprender.
Este trabajo representa un avance en el uso potencial de productos naturales para desarrollar nuevos fármacos, aunque todavía está lejos de desembocar en un medicamento comercial.
Productos a base de plantas están en el mercado, pero Nuñez Montoya advirtió sobre el riesgo de usar productos sin registro de seguridad ni concentración adecuada. Estos productos deben ser vistos como suplementos dietéticos para mejorar la nutrición de personas sanas, no como tratamientos para enfermedades.
