Una Nueva Vida en El Cairo
Con casi un año viviendo en El Cairo, Selena Garzón aún no puede comprender totalmente la magnitud de su día a día. Jamás imaginó mudarse a Egipto, y menos aún con una pareja y un hijo. La historia comenzó cuando Dominic, su novio de origen austríaco, le propuso: “¿Vienes conmigo? Quiero que me acompañes en esta aventura”. En 2024, a pesar de algunas dudas iniciales, el pedagogo y terapeuta del habla aceptó un puesto de trabajo en la capital egipcia, y Selena decidió embarcarse en esta travesía hacia el norte de África.
Nacida en Salta, licenciada en comunicación y trabajando de manera remota para una empresa ecuatoriana en marketing, Selena disfruta plenamente de su sorpresiva vida actual. “El Cairo es encantadora por la historia que la envuelve. Aún me cuesta creerlo. Hay tanto para ver y explorar, y en general, la interacción con los locales es muy cálida. Claro que me tomó unos meses adaptarme y comprender la idiosincrasia local… Ahora estoy mucho más integrada y es increíble lo que me ofrece esta cultura”.
El Fútbol y el Orgullo Egipcio
Descubrir el Mundial ha sido otra revelación para Selena, quien ve este período como un nuevo descubrimiento personal. “Aquí es una experiencia sensorial y visual. Descubrí cuánto los egipcios disfrutan de su selección con gran pasión y orgullo; son muy patriotas. Aunque Salah no es considerado un dios, ciertamente es un ídolo. Me impresiona lo expresivos que son: incluso desde mi apartamento puedo escuchar sus cantos y sus gritos de gol. El ambiente entre ellos es intenso y festivo, llegando a pasar música árabe a alto volumen durante los descansos del partido”.
Este entusiasmo se ve interrumpido por los cinco rezos diarios, que son sagrados. “El canto melódico del Adhan se escucha en árabe, y todos los fieles musulmanes interrumpen sus actividades para orar. Es impactante ver cómo la gente se detiene, extiende su alfombra en cualquier lugar y ora”. En una videollamada, Selena comentó desde su apartamento: “Mira, observa esa mezquita allá, donde está esa torre. Desde allí es donde se emite el canto y se iluminan las luces de colores”.
Es tarde por la noche en El Cairo cuando Selena comparte que hay seis horas de diferencia horaria con Argentina. Ella vive en un apartamento en el barrio internacional de New Cairo, junto a Dominic y su bebé de cuatro meses, Atón, quien nació en la capital egipcia. “Decidir que naciera aquí fue todo un desafío, pero todo fue maravilloso gracias a mi pareja, que fue un pilar fundamental, y al doctor Tarek, el ginecólogo que me cuidó durante todo el proceso. Para mi fortuna, mi madre y mis dos hermanas estuvieron presentes,” dice Selena, explicando que “Atón es un nombre en egipcio antiguo relacionado con el sol”.
Selena Garzón, la argentina que vive el Mundial entre las maravillas del desierto del Sahara, los camellos y las pirámides. “La cultura egipcia es fascinante para mí”.
Selena describe escenas diarias que parecen sacadas de una película. Recordando una reciente victoria contra Australia, relata que la euforia por el triunfo era tal que la gente salió a las calles con bocinazos y banderas, todo con el Río Nilo como telón de fondo.
Mientras comparte más de su día a día, Selena menciona una experiencia en un taxi. “El conductor era un personaje total. Hay quienes charlan mucho y otros que no dicen nada. Este en particular estaba muy concentrado escuchando un partido egipcio. Yo intentaba seguir el relato en árabe hasta que Egipto anotó un gol, y el conductor y la atmósfera en la calle entraron en un frenesí. Fue tanto que no me daba tiempo de filmar o tomar fotos con el celular”.
“Ver un partido con vistas al Nilo desde la terraza de un hotel es una experiencia increíble,” exclamó Selena, entusiasta por su vida en El Cairo.
En cuanto a los taxis, Selena es una usuaria frecuente por precaución. “En El Cairo no hay semáforos, y cruzar ciertas calles es imposible. Aún no logro acostumbrarme al caos del tráfico, pero nadie se pelea ni discute como en Argentina. Aquí ese desorden es normal, pero por ahora, evito cruzar grandes avenidas y algunas calles, que me resultan muy peligrosas. Realmente, se necesita un curso para esto, por lo que tomo muchos taxis, que son accesibles”.
También comenta sobre otro hábito común en Egipto, especialmente durante las jornadas del Mundial: fumar shisha. “Aquí, fumar en bares y restaurantes es parte del ritual social. No solo es una forma de consumir tabaco, sino una ocasión para interactuar y relajarse. Para los extranjeros, observar y participar es toda una experiencia”.
Selena junto a su pareja austríaca, Dominic, y el hijo de ambos, Atón, en El Cairo.
Selena y Dominic se comunican en inglés. Durante la conversación, Dominic interviene para resolver algunas dudas. “Aunque las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino se levantan en Guiza, en el desierto del Sahara, no están en medio de una gran meseta arenosa, sino bastante cerca de la ciudad. Estamos investigando si es posible ver un partido de Argentina cerca de allí, lo cual sería una experiencia impresionante. También hay un grupo de argentinos organizando una reunión en un bar exclusivo para compatriotas”.
Cuenta que la Selección argentina “es admirada y Messi es especialmente querido, aunque la pregunta de comparación con Cristiano Ronaldo es frecuente. Cuando Egipto no participa, Argentina es un equipo querido”. En un momento, Selena comparte que vive cerca de Salah, el astro egipcio, y manda una foto de una puerta que supuestamente pertenece al goleador, aunque lo dice en tono de broma debido a lo curioso del cartel.
Mohamed Salah, el vecino de Selena en El Cairo, comparte nombre con el famoso jugador de la Selección egipcia.
Adaptarse a las costumbres fue sencillo para Selena. “Procuro vestirme de manera sencilla, sin llamar la atención. Una vez usé pantalones cortos y una mujer me observó tan intensamente que me sentí incómoda. Esa fue la única vez que me pasó. Respeto la cultura, lo que significa usar pantalones largos y camisas cerradas. Todavía no me animé al hiyab, el tradicional pañuelo para cubrir la cabeza, pero creo que lo haré pronto”, afirma la salteña, de pelo largo, amante de las empanadas de carne y papa.
“A pesar de algunas situaciones incómodas, los habitantes de El Cairo son bastante cálidos. No es fácil hacer amigos, pero las personas que nos alquilan el departamento nos consideran ‘familia’, una expresión poco común, especialmente para nosotros, que somos extranjeros. La familia es fundamental aquí, y nos invitaron a su hogar, nos presentaron a la madre, que es muy influyente, y al padre, que es todo un emblema”.
