Relatos de personas endeudadas que priorizan a su familia antes que los pagos bancarios

Cuando se piensa en términos como “irrecuperable”, surgen palabras como insoluble, perdido, fallido. Estos conceptos reflejan claramente la situación de H.E., quien se identifica con ellos. Actualmente, tiene una deuda superior a $100.000.000 en tres bancos diferentes y dejó de abonarla desde agosto del año anterior. Esta situación lo hace sentir atrapado. “Soy consciente de mi problema, pero también es un problema para los bancos que deben idear cómo me cobrarán”, comenta a Clarín.

La creciente problemática de la morosidad

Las cifras actuales indican un incremento alarmante en la morosidad de personas físicas, pasando de un 2,94% a un 11,2% en tan solo un año. Esto representa un aumento significativo respecto al año anterior. Además, si consideramos plataformas de pago digitales o entidades financieras no bancarias, la tasa de morosidad supera el 30%.

Conflicto entre prioridades y deudas

H.E., de 34 años y enfermero de profesión, recibe mensualmente $1.500.000. Prefiere no revelar su verdadera identidad debido al constante acoso de las empresas de cobranza que contactan a su familia, incluidas su hermana y su cuñado, además de llamar a su lugar de trabajo. “Intentan infundir miedo para que pague. Utilizan el temor como estrategia. Uno debe cubrir necesidades esenciales como alimentación y servicios básicos. Trabajo duro y no puedo disfrutarlo”, añade resignado.

El origen de su situación comenzó en junio de 2024, cuando obtuvo un préstamo de 10 millones de pesos para finalizar su hogar. Más tarde, en noviembre, adquirió otro de 11 millones para cubrir gastos de tarjeta. Sin embargo, en agosto de 2025 ya adeudaba $68.326.000 a tres instituciones bancarias. Inicialmente, cumplía con los pagos, pero la pérdida laboral de su pareja complicó todo. En ese momento, debía decidir entre pagar al banco o comprar alimentos.

Después de ocho meses de retraso, su deuda escala un total de $112.101.000. Rechazó refinanciar porque esto habría “triplicado su deuda”. También recibió asesoramiento legal, pero no podía permitirse seguir pagando la mitad de su sueldo a un abogado.

Opciones y consecuencias legales

“Terminé mi casa, pero todo se convirtió en una bola de nieve. Mi desconocimiento me llevó a tomar un préstamo que no logré saldar y eso me arruinó”, confiesa H.E. Él enfatiza la diferencia entre deber en una tarjeta de crédito y un préstamo personal, donde los bancos aplican intereses compuestos, algo ilegal en tarjetas. “La mayoría lo ignora y los bancos se aprovechan”, expresa.

Según el economista Fernando Marull, la morosidad se agudizó debido al desajuste entre tasas y salarios. La inflación no bajó como se esperaba, lo que dejó a los prestatarios con tasas al 6% frente a salarios que subieron tan solo un 2%. Esto se suma a que los bancos insistieron en ofrecer agresivamente créditos personales.

Viviendo con las consecuencias

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H.E. busca constantemente maneras de solventar su deuda mientras mantiene a su familia. Carga con el respaldo económico de su padre, quien está desempleado, y su madre, que solo tiene una jubilación mínima. “Los bancos deberán comprender que mi prioridad es mi familia”, concluye.

La posibilidad de declararse en quiebra aterró a H.E., cuya abogada le propuso como una medida drástica, que además implica el pago de honorarios y una serie de restricciones patrimoniales. “Recomiendo actuar temprano. Las herramientas financieras pueden reorganizar el patrimonio sin necesidad de liquidar activos”, comenta María Soledad Rodríguez Padin, abogada del estudio jurídico Diz.

Alternativas al concurso preventivo pueden ser más efectivas que la quiebra, incluidas reestructuraciones y acuerdos con acreedores. Al no poder acceder más al sistema financiero, los llamados “irrecuperables” deben lidiar con las consecuencias de ser excluidos de opciones como tarjetas de crédito y préstamos. También enfrentan el acoso continuo de agentes de cobranza.

En el Congreso se han presentado 14 proyectos que buscan dar salida a 6.300.000 argentinos endeudados, con propuestas que incluyen desde facilidades de pago hasta la reestructuración de créditos UVA. Sin embargo, Alejandro Butti, director ejecutivo de Santander, rechaza la necesidad de intervención estatal.

Otra historia, la misma decisión

Ejemplos como el de una mujer que, junto a su madre, adeuda casi $50.000.000, se suman a la problemática. Todo comenzó cuando adquirió un préstamo para abrir un kiosco, el cual no pudo mantener más de un mes. “Hoy en día estoy en quiebra total, afectando también a mi madre, quien ve sus ingresos mermados por las deudas”, señala F.M.

En los días difíciles se convirtió en madre, estuvo hospitalizada tras una cesárea y ahora trabaja cuidando una niña parte del tiempo. Subsiste con lo que obtiene de la asignación de ANSES y logrando intercambios por alimentos básicos.

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Los casos de personas en situaciones similares, sin importar montos o edades, son numerosos. M.L., a sus 66 años, también está atrapado por deudas. “Tuve que refinanciar una deuda con un crédito UVA con cuotas excesivas”, asegura. Como él, millones enfrentan inciertos futuros financieros.

“Jamás repetiría la experiencia, pero a veces no hay opción. Financieramente hay subidas y bajadas. Nada es perpetuo; ningún mal dura cien años”, reflexiona H.E.

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