En la última década, Argentina no ha logrado disminuir significativamente las muertes hospitalarias por infarto, a pesar de los adelantos en el diagnóstico y las nuevas intervenciones menos invasivas. A contramano de lo esperado, las cifras de mortalidad siguen prácticamente inalteradas.
Un Diagnóstico Desolador
Entre los años 2015 y 2024, el 8,6% de los pacientes que experimentaron el tipo más severo de infarto, fallecieron mientras estaban internados. Para los cardiólogos argentinos, esto representa un claro “fracaso”. Según Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, el problema central está en la cuestión temporal.
Importancia del Tiempo en el Infarto
Baratta explica que el tiempo total de isquemia, el intervalo desde que aparecen los síntomas hasta que se desobstruye la arteria, es crucial para el pronóstico del paciente. Este tema será fundamental en el 52° Congreso Argentino de Cardiología, donde se analizará cómo otros países han logrado reducir las muertes por demoras.
Un punto de comparación internacional es el objetivo “25 x 25”, que busca disminuir en un 25% las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles. Sin embargo, en Argentina, los avances en procedimientos médicos no han sido suficientes sin un sistema que garantice un tratamiento oportuno.
El Factor Tiempo: Una Carrera Contra el Reloj
La eficacia del tratamiento en un infarto depende de la rapidez con la que se administre. Al obstruirse una arteria coronaria, la falta de sangre y oxígeno puede causar daños incrementales en el músculo cardíaco, aumentando las probabilidades de complicaciones serias o muerte. De ahí la expresión: “el tiempo es músculo”.
El problema comienza cuando los pacientes tardan en buscar atención médica tras experimentar síntomas de infarto. Un factor clave es cuánto se demora en realizar procedimientos como la angioplastia o la administración de fármacos que disuelvan el coágulo, conocidos como fibrinolíticos.
Retos en el Sistema de Salud Argentino
Existen varios problemas que contribuyen a la elevada tasa de mortalidad por infarto en Argentina. La falta de educación en la población sobre la importancia de una consulta rápida es uno de ellos, ya que muchos pacientes fallecen incluso antes de llegar al hospital.
Además, hay una falta de estrategia centralizada en el sistema sanitario que asegure una atención rápida y efectiva. No hay datos precisos que permitan analizar la situación y tomar medidas correctivas. Los tiempos de espera para recibir tratamiento en los hospitales son aún demasiado largos, lo que agrava el problema.
En concreto, los tiempos promedio desde el inicio del dolor hasta la atención médica inicial son de 120 minutos. La espera desde la llegada al hospital hasta el inicio del tratamiento es de 55 minutos para fibrinolíticos y de 79 minutos para la angioplastia. Desafortunadamente, estos tiempos no mejoraron de manera notable durante la última década.
El traslado de pacientes desde un centro a otro añade retrasos significativos. Alrededor del 44,8% de los pacientes provienen de otra institución, lo que duplica el tiempo total antes de la reperfusión, empeorando el pronóstico.
La Solución: Crear Redes de Atención Rápida
Según Baratta, establecer una red eficaz para atender infartos en el país es fundamental. Esto evitaría depender únicamente de las decisiones individuales y permitiría definir protocolos claros para un traslado y tratamiento rápido.
La angioplastia primaria sigue siendo la opción preferida si se realiza con prontitud. Si se espera una demora de más de dos horas, se recomienda el uso temprano de fibrinolíticos siempre que no existan contraindicaciones. Sin embargo, en la práctica solamente el 27% de los pacientes derivados recibió estos medicamentos.
Una red de atención necesita funcionar las 24 horas al día, con protocolos bien definidos. Así, la eficacia del tratamiento no debería depender de la buena voluntad de una llamada telefónica aislada, según indica Mirta Diez, presidenta electa de la SAC.
Los resultados muestran que abrir la arteria a tiempo reduce significativamente la mortalidad. El 15,4% de los pacientes que no recibieron reperfusión murió, comparado con el 7,9% de aquellos que sí fueron tratados. Esto subraya la importancia de las intervenciones rápidas para salvar vidas.
