Celebración masiva en el Obelisco tras la victoria épica del equipo nacional, alimentando la esperanza

“Estoy solo, permitíme este abrazo”, exclama un aficionado a otro sin siquiera preguntar su nombre. El otro responde con un emotivo abrazo, ambos conmocionados y unidos a pocos metros del Obelisco, uniendo sus emociones con miles de argentinos que celebran el agónico y memorable triunfo 3 a 2 de la Selección sobre Egipto en los octavos de final del Mundial en México, Canadá y Estados Unidos.

La Policía decidió cerrar la Avenida 9 de Julio cuatro cuadras antes del Obelisco debido a que ya no cabía una persona más. La avenida vibraba como si fuera la tribuna de un estadio, saltando, cantando y empujando con la misma energía que se siente en el Atlanta Stadium. Por unas horas, los 8,000 kilómetros que separan Buenos Aires de Atlanta parecían no existir. En cada rincón del país, la misma escena se repetía. Una vez más, la Scaloneta mostró que mientras haya tiempo, siempre hay razones para soñar.

En un apartamento en Almagro, Martín Encinas le frota la barriga a su amigo de confianza, Matías, conocido como Santute por su apodo de “santo milagroso”. Sin importar la lógica, Matías siempre ocupa el mismo lugar durante los partidos de la Selección.

Esta tradición surgió entre amigos y nunca se rompió. “Si le frotás la panza, Messi mete un gol”, dicen entre risas. Todo comenzó después del duelo contra Arabia Saudita en el Mundial de Catar y Martín afirma que desde que tiene a Matías como amuleto, Argentina ha ganado todas las finales.

Calles de Buenos Aires repletas de hinchas celebrando la increíble victoria de la Scaloneta. Foto: Federico Lopez.

El segundo gol de Egipto dejó un hondo pesar en millones de argentinos, incluido Martín. Recordando aquella tarde contra Arabia Saudita, miró a su amigo Matías y le dijo convencido: “Si remontamos este juego, seremos campeones”. Luego se tiró al suelo y otro amigo lo levantó rápidamente.

“Si anotamos pronto, les damos vuelta”, mencionaba mientras seguía acariciando la panza de Santute. Llegó el descuento, luego el empate, y cuando Argentina marcó el tercero, las lágrimas ya no se podían contener. “Superamos la prueba de fuego”, afirma Martín, satisfecho y con una sonrisa de satisfacción.

Actualmente, se encuentra en el Obelisco con su fiel amigo, y las calles parecen diminutas ante la pasión desbordada de los fanáticos argentinos. Personas encaramadas en semáforos, sobre las bocas del subte B, familias enteras en abrazos colectivos, niños vistiendo la camiseta de Messi sobre los hombros de sus padres, cantando a un lado de la avenida el famoso “Muchachos” o “el que no salta es un inglés”. La otra parte responde con “Vení, vení, cantá conmigo, que de la mano de Leo Messi toda la vuelta vamos a dar”.

Agustín salió de su trabajo en la fiscalía y se unió a la celebración en el Obelisco con una bandera de Malvinas. “Íbamos perdiendo dos a cero y todo el mundo estaba llorando. Algunos incluso se marchaban y de repente regresó la magia, la épica argentina, siempre”, relata. Con la bandera en la mano y lágrimas en los ojos, afirma con convicción: “Fueron, son y serán argentinas, hay que defender la soberanía nacional”.

Juan vio el partido solo en su casa de gran pantalla. Apenas terminó, salió corriendo para unirse a la fiesta. “Cuando Lautaro entró, el equipo se encendió”, dice. Su costumbre es más espiritual. Ruega cada noche, pero en los partidos cruciales de Argentina reza con aún más fervor. “Con la Scaloneta pierdo la calma”, admite mientras se sumerge en la multitud.

A pesar del frío, la espuma era una constante en el Obelisco, de manos de estudiantes. Foto: Federico Lopez.

Con el tiempo, los estudiantes se unieron, gritando y lanzando espuma. Los conductores hacían ondear banderas celestes y blancas desde las ventanas de sus autos. Hoy, no importaba el bloqueo en el tránsito. Varios vendedores ambulantes aprovechaban para ganar un poco de dinero vendiendo muñecos de Lionel Messi y réplicas del trofeo de la Copa del Mundo, elementos ya enraizados en la cultura futbolera de Argentina.

Pablo vino con su familia desde Catamarca para visitar amigos y acabó celebrando lejos de las montañas y valles, en la icónica esquina de Corrientes y 9 de Julio. Vio el partido en una pizzería emblemática y ya decidió quedarse para el próximo partido de cuartos de final por cábala. “Nos quedamos hasta el sábado”, comenta. Para él, el último gol sacudió al país entero: “Catamarca, Misiones, Ushuaia, hoy toda la Argentina está feliz”.

Nicole viajó desde Villa Fiorito, el barrio de Diego Armando Maradona, luciendo un sombrero propio. Usó una cinta, cintas color celeste y blanca y picos de papel dorado simulando un sol. Su aspecto recuerda a una Estatua de la Libertad con un toque argentino. Prefiere ver los partidos en un bar porque en su hogar se pone muy nerviosa. “Los argentinos siempre enfrentamos todo de frente”, menciona.

Con la noche cayendo sobre el Obelisco, entre tantas banderas, espuma y abrazos, solo queda una certeza. Esa remontada no fue solo obra del equipo de Scaloni en el Atlanta Stadium; también fue resultado de las creencias de Martín y Santute, los rezos de Juan, el entusiasmo de Nicole con su sombrero, la presencia de Pablo y su familia de Catamarca y millones de argentinos que por noventa minutos sufrieron, creyeron y alentaron desde todos los confines del país. Una vez más, toda Argentina sintió que podía vencer al mundo.

Conflictos con las Autoridades

Cerca de las 20:00, varias horas después de empezar las celebraciones, ocurrieron altercados con la Policía, que incluyeron lanzamientos de botellas, forcejeos y arrestos.

“Las agresiones comenzaron cuando la Policía avanzó para desalojar a personas alcoholizadas y violentas”, informaron desde las fuerzas del orden.

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Un pequeño grupo reaccionó hostilmente contra los agentes cuando estos procedían con las detenciones y lanzaron botellas contra los oficiales.

Uno de los arrestados por la Policía.

Esto llevó a la intervención de la Infantería y las unidades motorizadas de la Policía de la Ciudad, quienes formaron un operativo para proteger el traslado de los arrestados. Posteriormente, establecieron un cordón de seguridad para despejar el área en medio de los disturbios, que también se presentaron entre grupos de manifestantes, afectando el tránsito en la zona.

Minutos antes de las 21:00, el número oficial de detenidos era de 9 personas por disturbios, resistencia a la autoridad y lesiones.

En total, participaron alrededor de 400 agentes pertenecientes a las divisiones Motorizada, Comunal y de Orden Urbano.

MG

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