Esposa del piloto del helicóptero siniestrado en San Juan revela que él le explicó lo sucedido y continúa enviándole cartas

En las primeras horas del 30 de julio, Mariana Lorenzo (53) no lograba conciliar el sueño. Sus lágrimas le impedían descansar, y sus intentos por cerrar los ojos eran en vano. Apenas unas horas antes había recibido la desgarradora noticia de que su pareja, Matías Valenzuela (53), junto a otras seis personas, había perdido la vida en un fatal accidente. El helicóptero Bell 412 que Matías pilotaba se había estrellado en una zona desértica del Parque Provincial Ischigualasto, en la provincia de San Juan.

En su mente, Mariana recordaba –y ya añoraba– los abrazos y besos de aquel hombre que había sido su amor por más de siete años. En medio del dolor y la transición entre el sueño y la vigilia, tuvo una visión de Matías dentro del helicóptero tras su muerte.

“Vi el Bell 412, con todas sus luces, y él bajaba manejándolo, mostrándome que una nube los envolvía antes de colisionar contra algo”, relata Mariana en una entrevista con Clarín.

A pesar del temblor en su voz, intenta describir las imágenes que aún la acompañan sin dejarse vencer por el miedo. “La noche siguiente a la tragedia, Matías apareció nuevamente con el helicóptero, pero me extendió su mano esta vez”, cuenta. Mariana intentó alcanzarlo, pero él desapareció en cuestión de segundos. No lo volvió a ver más.

Mariana y Matías compartían los mismos gustos musicales, y sus conversaciones parecían interminables.

Mariana buscó entender sus visiones. “¿Cómo fue posible? Si había niebla, ¿por qué se decidió volar?”, se pregunta una y otra vez.

Dos meses después del accidente, Mariana está convencida de que Matías le proporcionó las respuestas que necesitaba. Ahora, ella ha encontrado una manera de seguir comunicándose con él; le escribe cartas a su amado. En las noches sin poder dormir, utiliza esos momentos para liberar las palabras que siente atrapadas en su corazón.

Entre lágrimas, Mariana escribe, navegando entre los segundos, minutos y horas de inspiración. “Los recuerdos son tan vívidos que nuestra historia jamás podrá morir. Nunca se acabará”, expresa.

“Siempre estaba salvando personas”

Mariana Lorenzo y Matías Valenzuela se conocieron en la secundaria de la Escuela de Educación Media de General Belgrano, una pequeña ciudad de 20,000 habitantes en la Provincia de Buenos Aires. Compartían con un grupo de amigos que se reunía ocasionalmente. Ambos habían formado sus propias vidas y parejas.

Con el tiempo, esos encuentros se hicieron más frecuentes. “Un día nos reunimos en mi casa y empezamos a conversar en el grupo. Para entonces, ambos ya estábamos separados y lo continuamos en privado”, relata.

Su amor era tan intenso que llegaron a tatuarse anillos en sus manos.

Mariana tomó la iniciativa y lo invitó a cenar. “Creo que me enamoré desde el primer instante de esa noche, y a él le ocurrió algo similar”, añade. Sin embargo, ambos tenían hijos y decidieron llevar su relación con calma, sin etiquetas. Aun así, no dejaron de verse, cada cita llevaba a otra. Estuvieron juntos de manera discreta un año hasta que llegó la pandemia.

“Nos manteníamos encerrados y yo iba a su casa en bicicleta, vestida de negro y de forma furtiva. Vivíamos en un pueblo pequeño, una locura, pero el amor era más fuerte”, explica.

Compartían los mismos gustos musicales y sus conversaciones parecían interminables. Los recuerdos de su adolescencia eran tantos que parecía que hubiesen estado juntos siempre. Las hijas de Mariana comenzaron a sospechar y la pareja decidió formalizar su relación. Poco después, comenzaron a convivir en la casa de Matías.

“Nuestra relación fue tan hermosa que para mis hijas él era como un segundo padre. Era una persona extraordinaria que siempre se encargaba de todo, lo adoraban, éramos una familia”, comenta Mariana, quien es docente de nivel inicial.

El adiós final

Quizás también te interese:  Intercambio accidental al nacer: descubren la verdad 46 años después viviendo en familias equivocadas

La última noche antes del viaje a San Juan, la hija de Mariana celebraba su cumpleaños y Matías le había prometido preparar un asado. Estaban todos presentes; la familia de ella, además del tío e hija de Matías. Comieron y festejaron hasta las dos de la madrugada. Al día siguiente, Matías se fue en un Uber que lo recogió a las cuatro de la tarde, tras poner sus maletas en el baúl, le dio a Mariana su último beso.

“Jamás me pasó por la mente que podía irse para siempre”, admite.

Mariana y Matías habían sido compañeros de secundaria. Muchos años después, mientras se reunían con sus amigos para cenar, nació el amor.

“Constantemente hablaba de su trabajo, conocía a todos sus colegas. Era común compartir reuniones o celebraciones, y siempre contaban las mismas historias del helicóptero. Todo el tiempo salvaba vidas, llevaba a personas en condiciones difíciles y él amaba su trabajo”, agrega.

El viaje fatídico

Matías envió su último mensaje de voz el 29 de julio a la una de la madrugada. Solo faltaban horas para el trágico evento. “Me dijo que acababan de cenar, que habían comido carne y que todos estaban presentes. Los pilotos y las personas que volarían en el helicóptero al día siguiente”, detalla.

En ese mensaje, Matías le informó que la mañana siguiente emprenderían un vuelo hacia Valle Fértil para trasladar a los funcionarios involucrados en una capacitación -el subdirector de la Policía de San Juan, Marcelo Videla; el jefe de Bomberos, Rubén Castro; el director de Protección Civil, Carlos Heredia, y el subjefe de Bomberos, Jorge Carbajal.

Quizás también te interese:  El ex marido de una de las hermanas de La Pampa fallece en una trágica situación familiar

Junto a los cordobeses Andrés Bosch, coordinador del Servicio Nacional de Lucha Contra el Fuego, y Rodrigo Aimetta, técnico regional del Sistema Nacional del Manejo del Fuego, planeaban continuar hacia Chilecito, en La Rioja, para ayudar en un incendio.

“Jamás me pasó por la mente que podía irse para siempre”, confiesa Mariana Lorenzo (53).

“‘Explotó la subcomisión de bochas’; era una expresión que él usaba para indicar que algo se había complicado. Fue lo último que me dijo, su último mensaje de voz”, repite.

Unas horas más tarde, el jefe de la empresa JasFly, donde trabajaba Matías, le envió un mensaje a Mariana. ‘Estamos a disposición para lo que necesites’, decía. Pero ella no comprendió, pensó que quizás Matías había extraviado su celular. Al llegar a casa, llamó a un piloto de la empresa, amigo de Matías, preguntando si había sucedido algo. Fue entonces cuando recibió la noticia del trágico accidente.

Su mundo se desmoronó. Mariana se negaba a creer que Matías había fallecido. “¿Lo verificaron? ¿Alguien fue realmente al sitio? ¿Cómo pueden estar seguros de que son ellos los que están allí? No entendía por qué si Matías estaba preparado para sobrevivir”, explica.

Hoy, tras dos meses, Mariana siente que no tiene ninguna palabra pendiente por decirle. Quizás le habría gustado llamarlo la mañana del 29 de julio, antes de que despegara. “Él por lo general me enviaba un mensaje antes de salir, algo como ‘hola, estoy en el helicóptero, salimos en 15’, pero Matías no lo hizo. Es extraño”, añade.

Matías era consciente del riesgo que implicaba su profesión. Por eso había comentado con Mariana y algunos amigos que, en caso de que le ocurriera algo, quería ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en Bariloche.

Mariana y Matías habían planeado mudarse a Bariloche, un lugar que amaban, al finalizar el año.

El sitio donde habían sido felices, donde festejaron numerosos años nuevos junto a amigos y colegas, y donde imaginaron construir un futuro juntos.

“Amábamos ese lugar y al final del año pensábamos mudarnos allí para envejecer juntos, compartiendo vino frente a una fogata mientras mirábamos la montaña. Ese era nuestro plan para el final de nuestras vidas. Espero poder cumplir su deseo de ser cremado para que su alma descanse donde él lo quería, sería completar su paso por aquí”, dice.

El informe de la caja negra todavía está en espera, una pieza clave para descifrar lo que sucedió antes del impacto. No obstante, Mariana ya tiene su respuesta. Matías se la dio aquel 30 de julio, durante la madrugada.

Quizás también te interese:  El padre de Ángel se pronuncia tras el funeral al que la madre no acudió: "Ella lo causó

“Estaba despierta y él me mostró. No creo que fuera un error humano ni que la máquina fallara”, reitera.

Tal vez por eso sigue escribiéndole, porque necesita que su historia continúe viva. Y aunque el futuro que habían planeado quedó detenido en aquel último beso frente a la maleta que Matías guardó en el baúl del Uber, su amor perdura en todo lo que Mariana le escribe.

MG

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad