Docente apasionada: completó las rutas del Libertador y continuará explorando

En la inmensidad de la cordillera, donde las alturas superan los cuatro mil metros, el frío nocturno penetra hasta los huesos. Un viento helado acompaña el aire escaso, obligando a inhalar con prudencia y lentitud. Una tormenta sorprendió al grupo en un histórico paso. Los caballos, asustados, huyeron por la ladera, llevándose consigo las provisiones. Adriana, exhausta tras horas de travesía, encuentra refugio entre unas rocas, mientras aprieta con fuerza una pequeña imagen de la Virgen que lleva consigo. El guía local, Juan, había salido en busca de los animales.

“Pensé que no regresaría, que quedaría congelada en la montaña sin que nadie lo supiera”, rememora Adriana. Al ver finalmente a Juan regresando con los animales, corrió hacia él, sollozando. “Juan, la virgencita me escuchó”, le expresó aún temblando de frío. Los caballos habían encontrado refugio por sí mismos antes de regresar. “A menudo, son las personas quienes abandonan a los animales”, comenta Adriana a sus estudiantes.

Adriana Geymonat, la mujer que enfrentó el temporal, no es una exploradora profesional ni militar. Originaria de La Plata, con 57 años, enseña música, danza, teatro e historia del arte en escuelas.

Su odisea comenzó en 2017, en el bicentenario de la gesta libertadora. Las historias que su padre, un amante de la lectura aunque formalmente no educado, le narraba desde pequeña despertaron su curiosidad. “Mi papá nos aseguraba que los libros no muerden y nos llevaba a bibliotecas, nutriendo así mi interés por los próceres que formaron nuestro país”.

Inspiración desde la infancia

Desde niña, su pasión por la historia argentina encontró un símbolo: San Martín. “¿Cómo pudo un hombre que estudió en Europa, rodeado de lujos, querer liberar pueblos sin ejército ni apoyo?”, medita Adriana. Esta incógnita la persiguió hasta que decidió buscar respuestas por sí misma, enfrentando sus propios miedos.

Con esa determinación, se unió a las expediciones anuales de grupos sanmartinianos. Durante estas travesías, equipos diversos someten su resistencia a las exigencias de la montaña. “Descubrí habilidades que nunca pensé posibles en mí, sobre todo siendo mujer. Tenía pánico a los caballos, pero con esfuerzo lo superé”, relata.

Antes del viaje, Adriana temía a los caballos.

Durante 10 a 12 días, enfrentó climas adversos, sed, y hambre, sin ninguna comunicación, confiando únicamente en los guías locales. A lo largo de seis años, cultivó un orgullo inmenso que la hace gritar “¡Viva la patria!” cada vez que culmina un cruce.

Seis años de travesías

La epopeya de 1817 se ha simplificado a menudo como un solo cruce, pero el Plan Continental de San Martín fue en realidad una táctica ingeniosa, dispersando las fuerzas enemigas con incursiones simultáneas por seis pasos distintos.

Adriana comenzó su aventura por el Paso de los Patos en San Juan, el más desafiante. Al regresar, sintió que algo faltaba. “Terminé ese cruce, pero la gesta continuaba; necesitaba aprender más”, dice Adriana.

En los años siguientes, Adriana se propuso completar las rutas restantes. Aunque comenzó en grupo, decidió seguir, una y otra vez, las pisadas de San Martín, incluso cuando los otros tomaban rutas alternativas.

Cada travesía fue única. En 2018, desafió el segundo paso: Portillo, en Mendoza. La nieve le enseñó un miedo profundo, sintiendo sus piernas congeladas y atrapada mientras su caballo luchaba contra la montaña.

Una anécdota de Portillo queda grabada: “Un animal se desvió al precipicio. Estábamos en el borde, y vi a mi compañero enganchado a las riendas mientras el caballo caía. Tuvimos que avanzar a pie, sabiendo lo que habíamos perdido”.

En 2019, enfrentó la sequedad extrema del paso Come Caballos en La Rioja. En Planchón, pasó la noche cerca de un volcán activo. En 2021, sorteó deslizamientos de roca en Uspallata.

Durante sus travesías, Adriana Geymonat exploró los pasos del General San Martín.

“El sendero estaba lleno de desmoronamientos. El baqueano sugirió un camino menos complejo, pero opté por el histórico”, rememora Adriana. “Me empujaron desde la cima; llegas destrozada y trepas al otro lado con una cuerda”.

El paso de Guana en 2022 fue el más solitario. Guiada por Juan, vivieron días difíciles, atrapados por una tormenta. Sin comida, sobrevivieron solo con agua y mate durante seis días.

Al cruzar las seis rutas, Adriana fue la primera mujer en completar el Cruce de los Andes. Sin embargo, su viaje estaba lejos de concluir.

Extender la travesía fuera del país

El logro de finalizar las seis rutas cordilleranas era monumental. Pero Adriana sentía que la historia seguía. Inició entonces su aventura por el continente: emulando al Libertador, recorrió en 2023 parte de la costa del Pacífico. En Perú, en el mismo balcón desde donde San Martín proclamó su independencia, Adriana recibió el honor de repetir aquel icónico grito.

En Guayaquil, Ecuador, en 2024, recreó el célebre encuentro entre San Martín y Bolívar. En 2025, visitó Carmen, Uruguay, donde vivieron los padres de San Martín. Planea cerrar su recorrido en 2027, en Europa, dejando su huella en Boulogne-sur-Mer.

El cruce de los Andes fue solo el inicio para Adriana, quien planea seguir los pasos de San Martín por todo el continente.

“Quiero llegar a donde San Martín falleció y dejar mi bandera allí”, confiesa, emocionada, rememorando su primera visita al Templete de San Martín.

Ejemplos de historia viva

El 17 de agosto, la misión de Adriana de revivir el legado humano de la historia sigue activa. Le agradecería a San Martín su valentía y le pediría perdón por no cuidar mejor el país que liberó.

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Adriana extrajo valiosos aprendizajes de sus viajes. Aprendió a confiar en otros y a valorar la naturaleza, lecciones que transmite ahora en sus clases, celebrando los valores de San Martín.

Reconocida como Abanderada de los Andes y Embajadora Sanmartiniana, su última travesía resume estos seis años llenos de enseñanza. Un baqueano le dijo: “Usted hará historia”, impulsándola a lograr lo imposible.

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Sin ninguna audiencia, solo con su caballo y el silencio de la montaña, al llegar a la cima, Adriana soltó la emoción acumulada gritando “¡Viva la patria y viva San Martín!”.

En el aula, la “dama de la cordillera” comparte estas experiencias con sus estudiantes. Sus lecciones van más allá de números y fechas, capturando la esencia de un legado invaluable.

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“Mi contribución es ayudar a mantener viva la memoria histórica. Porque sin ella, perdemos nuestro sentido de identidad y solo buscamos imitar lo ajeno”, concluye Adriana.

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