“Cuando Ángel estaba en el jardín, su presencia iluminaba todo con una sonrisa y sus abrazos cálidos”, relata Sandra Jaramillo a Clarín. Ella fue la maestra de Ángel Nicolás López (4) en la sala de 3 años durante 2025. En el jardín, él era querido por todos. Era un alumno aplicado, demostraba cariño hacia los directivos y disfrutaba jugando con sus compañeros.
Sin embargo, en noviembre todo cambió radicalmente cuando el juez Pablo José Pérez decidió que debía vivir con su madre, Mariela Altamirano. Ángel fue separado del hogar de su padre, su familia y el jardín, donde se sentía seguro y apoyado.
“El 7 de noviembre, justo antes de ser retirado de la institución, mostraba señales de agitación, rabia, y angustia”, señala el informe proporcionado por la docente de la Escuela Inicial 413 de Comodoro Rivadavia en el expediente de familia. Este informe también fue integrado en el caso penal que investiga el presunto homicidio agravado del niño.
Añade: “Se le veía irritado, sin energía ni ganas de participar en las actividades”.
Un ejemplo representativo de esto es cuando Ángel debía colorear una figura de bailarines y se negó a hacerlo. Su amor por el dibujo era bien conocido, como quedó reflejado en el informe: “Disfruta pintar con crayones, témpera, y lápices de colores, usando una amplia gama de colores. Le encanta dibujar su familia: ‘mamá, papá y yo’”.
Uno de esos dibujos aún permanece en el aula, en la casa de Lorena Andrade y su padre, Luis López. Ángel se dibujaba entre ellos dos, su posición preferida. Para él, esta era su verdadera familia.
“Lorena y Luis nunca faltaban a las actividades a las que se los invitaba, siempre puntuales para recogerlo en el jardín. Él corría feliz a abrazarlos cuando llegaban”, comenta Sandra.
Y añade: “Tenía un especial afecto por sus hermanastras (las hijas de Lorena), a quienes llamaba con apodos como nena, miau y guau. Era un niño muy alegre con su entorno familiar”.
Sandra enfatiza que Ángel era un niño muy atento, que se llevaba bien con todos, especialmente con una compañera cercana a él. Disfrutaba mucho estar en su compañía.
Además, en su informe, la docente destacó que Ángel llegaba al jardín en perfectas condiciones, bien aseado y con su ropa, calzado, mochila y objetos personales en excelente estado. “Tenía un buen aspecto físico. Esto fue evidente hasta el 4 de noviembre”, apunta.
Consecuencias del cambio de entorno
El mes de noviembre marcó el comienzo del fin. Ángel se mudó con su madre y su pareja, Maicol González, a una casa precaria en la zona de Quintas, a seis kilómetros del centro de Comodoro Rivadavia.
La vivienda consistía en un ambiente único para cuatro personas: Mariela, su pareja, el bebé y Ángel. La falta de privacidad contrastaba con lo declarado por los informes del equipo interdisciplinario, según el padre de Ángel.
Lorena compartió con este medio que la psicóloga Jenifer Leiva aseguró que el niño tenía buenas condiciones de vida gracias al trabajo de Mariela y su pareja, incluso se decía que contaba con su propio cuarto. Pero las imágenes mostraban otra realidad: una heladera, una mesa, ropa desordenada y colchones amontonados en un pequeño espacio. El techo con goteras, y la cama de Ángel se encontraba en un rincón junto a un termotanque.
Reflexiones sobre la tragedia
Sandra no puede dejar de sentirse afectada y se pregunta cómo fue posible que la Justicia no detectara lo que en el jardín era tan evidente. Se repite a sí misma que, si como docente ella pudo brindarle cuidado, cariño, escucha y abrazos cuando los necesitaba, aquellos con el privilegio de estar con él deberían haber hecho lo mismo.
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“Me parte el corazón pensar en esa sonrisa que nos daba tanto amor y ahora no está. Me afecta profundamente porque se pudo evitar si simplemente lo hubieran escuchado. Falló la Justicia”, expresa con enojo.
Concluye: “Es una situación muy dolorosa. No existen palabras suficientes para consolar a la familia y a todos los que lo querían”.
Resultados de la autopsia
Ángel presentaba 22 lesiones internas causadas por agresiones físicas en la cabeza: en las regiones frontal, occipital (nuca) y temporal, de acuerdo con fuentes judiciales consultadas por Clarín.
La autopsia final, a la que tuvo acceso este medio, indica que el niño sufrió muerte cerebral debido a “hipertensión intracraneal por edema cerebral difuso y generalizado asociado con herniación de las amígdalas cerebelares debido a hemorragia subaracnoidea”.
El caso puede categorizarse como un síndrome del niño maltratado, una condición que describe a menores sometidos repetidamente a violencia.
Basado en estos reveladores resultados de la autopsia, la madre y su pareja fueron arrestados este domingo por la noche por presunto “homicidio agravado”, con una audiencia de control de detención programada para este martes a las 11 en la Oficina Judicial de Comodoro Rivadavia.
Comodoro Rivadavia. Enviado especial.
AA
