Un lugar casi inaccesible
El GPS señala un área imprecisa cerca de una vía poco transitada en la calle 810. En la zona de Quintas, a unos seis kilómetros del centro de Comodoro Rivadavia, no hay indicaciones claras de numeración. Llegar allí no es sencillo: hay que transitar por caminos de tierra y avanzar hasta la base de los cerros. Durante el trayecto se observan numerosas casas de chapas, basura acumulada y perros que parecen parte del entorno abandonado.
Detalles del hogar
Detrás de varias estructuras precarias, se encontraba la vivienda de Ángel Nicolás López (4 años) junto a su madre, Mariela Altamirano, su padrastro Maicol González y el bebé de la pareja.
Eusebio Gauta, vecino y propietario del terreno, comentó a Clarín: “Una trabajadora social vino a examinar el lugar”. Desde hace un año, le alquila la casita del fondo a Mariela. Eusebio vive más adelante en el mismo terreno, mientras que él reside en la casa principal ubicada al frente.
“Me siento abatido. Les alquilé el espacio detrás de mi casa porque no tenían otro sitio donde ir, y Mariela estaba embarazada. Vivían solos. Antes alquilaban enfrente, pero no pudieron cubrir el coste y pidieron ayuda. Así los cobijé en mi pieza superior”. Eusebio revela que la pareja estaba sin opciones.
“Es una pequeña estructura de chapa con un solo espacio. Él intentó mejorarla un poco, incluso fabricó un pequeño baño. Era un lugar reducido. Les ofrecí el espacio hace un año, aunque no los conocía bien”.
Realidades contrastantes
La vivienda mide aproximadamente dos por tres metros. Una sola área para cuatro personas: Mariela, su pareja, el bebé y Ángel. Sin separación entre espacios, una situación que contrasta con lo que las evaluaciones profesionales indicaban.
Lorena Andrade mencionó que la psicóloga Jenifer Leiva afirmó que el niño vivía dignamente con los ingresos de Mariela y su pareja, y que incluso tenía una habitación separada.
Ella declaró esas cosas para que le devolvieran al niño. Leiva se hizo responsable de una falsedad. A pesar de nuestras circunstancias humildes, el niño tenía su espacio individual y no compartía cama con nosotros”, expresó.
Circunstancias rodeando la tragedia
Justo cerca de la entrada de la pequeña vivienda hay un gran pozo. Eusebio explicó: “Él lo utilizaba para incinerar la basura”. Eusebio ha vivido 27 años en el área.
El domingo, se viralizó un video en el que Luis López, el padre biológico de Ángel, exploraba el interior del lugar.
“Este era el sitio donde residía Ángel. He ingresado a la vivienda. Observemos que la psicóloga Leiva sostenía que Ángel tenía un cuarto solo para él, pero vean las filtraciones en el techo, ahí dormía Ángel”, comentó Luis.
“Esta es la realidad, es imposible habitar en un lugar como este”.
Las imágenes son elocuentes. Una heladera, una mesa, ropa tirada y colchones amontonados en un lugar muy estrecho. El techo tenía filtraciones y la cama de Ángel se hallaba en un rincón. Una realidad que causa enojo e indignación en la familia paterna.
Eusebio, con dificultad para caminar debido a su artrosis, abre la puerta de madera improvisada en el cerramiento que delimita su terreno. Está visiblemente afectado por lo que ocurrió con Ángel. “Jamás imaginé que algo así le sucedería al pequeño”, repite inconsolablemente.
El barrio está plagado de casas de chapa, desechos en las esquinas y perros sin dueño. Foto: Juano Tesone / enviado especial.
“Él lo perdió a través de abogados. Mariela estaba gestionando ser la tutora legal de su hijo. Me compartió ese detalle. Tal vez ella solo quería estar con él. Jamás pensé que esto le pasaría. Mientras estuvo aquí, el niño salía a disfrutar de juegos”, relató Eusebio.
También comentó: “De repente lo observé aquí, y se oían fuertes discusiones entre los padres, pero no podía interceder porque ella estaba en espera”.
Con respecto al cruce del Domingo de Pascuas, cuando el niño de 4 años perdió la vida, el vecino menciona que “se escucharon alaridos, pero ninguno de los vecinos acudió en su ayuda”. Posteriormente, según Mariela y su pareja, llegó la ambulancia y los agentes policiales intentaron reanimar a Ángel.
“Me dijo que estaba en la cama, y que el niño solía levantarse para usar el baño, pero esa vez no lo hizo. Me relató esto cuando regresó del hospital. Me confesó que había sufrido una hemorragia”, relató Eusebio, quien ofreció consuelo a Mariela mientras lloraba.
Tras el incidente, la madre de Ángel y su compañero dejaron su hogar por temor a represalias.
Otro residente de la cuadra, presente desde hace tres años, quien prefirió permanecer en el anonimato, comentó haber visto al niño caminando junto a su madre hacia el jardín recientemente: “Lo noté bien. Su madre iba más adelante y él la seguía corriendo. Luego, el domingo, me enteré de lo sucedido”.
“No hace tanto que estaban aquí. Hace solo un año que se mudaron. La casa la alquilaban a aquel señor. Ángel solía jugar sobre los techos y ella le gritaba de manera brusca”, añadió.
Similar a Eusebio, este vecino reconoció haber escuchado riñas. “Se escuchaban mucho, aunque no específicamente con el niño. En realidad, pasaban mucho tiempo encerrados. Solo salían él para hacer las compras. Nadie puede decir con certeza qué sucedía puertas adentro”.
El vecino también mencionó que este tipo de incidentes son una novedad en el barrio y existe una gran indignación entre los residentes: “Acá la gente está llena de rabia”.
