Una segunda oportunidad: el maestro de los semáforos que lleva 15 años deslumbrando en las esquinas

Fenómeno del Tráfico en el Abasto

En el constante ajetreo del barrio del Abasto, hay una esquina que llama particularmente la atención. No se trata solo de jóvenes que cruzan, ni de adultos, e incluso algunos repartidores en bicicleta se detienen para disfrutar del espectáculo. “¿Quién es ese hombre? ¿Es famoso?”, se susurra entre los transeúntes. A pocos pasos, un talentoso artista callejero deleita a todos en el semáforo de avenida Corrientes y Anchorena.

Maestro de las Esquinas

Observarlo es un placer que se mezcla con la tensión de una posible falla. Aunque no frecuenta esta área, va perfeccionando sus rutinas al ritmo de los semáforos: el de la avenida dura menos de un minuto, mientras que el de la calle algo más. Corre de un lado a otro, manteniendo siempre sus cinco pelotas en el aire. Sin lugar a dudas, su talento supera la media.

“¿Seguramente es un truco?”, “¡Vaya descubrimiento!”. Estos comentarios se repiten entre el público que detiene su marcha por un momento. Delgado y con un aspecto desenfadado, el artista se toma un respiro para refrescarse, invitando a este cronista a acercarse antes de retomar sus trucos. “Es mi primera vez aquí, aún estoy adaptándome a los semáforos cortos”, comenta Rodrigo Cunqueiro, de 43 años, originario de Balcarce, residente de Mar del Plata, y ocasional visitante de Buenos Aires.

“Practico alrededor de cuatro horas diarias; sin práctica, estás perdido. Ahora vuelvo, dame un momento”, dice Rodrigo mientras se dirige corriendo hacia la mitad de la avenida Corrientes. Ahí comienza su rutina: domina la pelota con su cabeza, la patea con destreza y realiza malabarismos con sus manos. El bullicio del tráfico se suspende momentáneamente, hasta que los claxons y las monedas lanzadas en reconocimiento rompen el silencio. No desaprovecha el tiempo y lleva su espectáculo a la zona peatonal de Anchorena, donde los curiosos continúan observando.

“¡Eres increíble, Fideo!”, le gritan desde un vehículo mientras Rodrigo sigue asombrando en el Abasto.
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Tras una hora sin descanso y habiendo recaudado no más de doce mil pesos, Rodrigo acepta un café para refrescarse antes de conversar con Clarín. “Esto es duro, con el tiempo todo se vuelve más complicado, incluso manteniéndome en buena forma. La concentración es agotadora”, confiesa.

Lleva 16 años trabajando en los semáforos. Comenzó a los 27 años y ha transitado por diferentes etapas: “Tengo algunos pequeños trabajos que me aportan algo, pero necesito algo más sólido, creo que me merezco una oportunidad”. A la vista, es un hombre culto y educado.

Actualmente, reside en Mar del Plata. Casado con Damaris y padre de Joaquín de 4 años y Clara de 2, comparte su vida y trabajo en el semáforo de Quintana y la Costa, donde los conductores ya esperan sus trucos. Es un artista en constante evolución, siempre intentando nuevos malabares. Ante la pregunta de a qué se dedica, responde con seguridad: “Soy un freestyler”.

“En Costa Galanas, en Mar del Plata, suelo tener una ganancia diaria que va de los 60 a los 70 mil pesos”, explica Rodrigo.

Desde hace un tiempo, Rodrigo comenzó a publicar fotos y videos de su talento en redes sociales, interactuando con sus seguidores y proponiendo desafíos en vivo. En uno de sus videos compara su destreza con la del arquero Emiliano Martínez: “Si el Dibu logra esto, realmente sería el mejor arquero”, afirma mientras se le observa realizar malabares con cinco pelotas. “Esto mejora muchísimo los reflejos”, comenta. Reconoce que tardó en utilizar las redes para mostrar su arte y presume que hoy en día, si no estás en redes, no existes.

Los videos virales le permitieron a Rodrigo ser visto y contratado para diversos eventos. Explica que cuando surgen estas oportunidades laborales, todo cambia: “Es una tranquilidad saber que trabajas por un monto fijo, con un tiempo determinado; es diferente. La calle tiene su magia, pero también es muy desgastante. Me convocan para cumpleaños, fiestas y otros eventos relacionados con el fútbol. Recientemente, estuve en Buenos Aires por un evento en Lanús que me pagó 200 mil pesos. Aunque pagué mi propio viaje y estadía, la experiencia valió la pena”, relata.


La habilidad y rapidez que Rodrigo demuestra atraen tanto a peatones como a conductores en cada semáforo por el que pasa.

Aunque gran parte de su carrera se ha desarrollado en la calle, Rodrigo ha explorado otros escenarios. “Tengo mi propio show de media hora que ofrezco en eventos privados: cumpleaños, fiestas, aniversarios de ciudades o clubes de fútbol”, cuenta con orgullo. Durante una temporada, realizó presentaciones semanales en el Casino de Mar del Plata.

También intentó suerte en países como Brasil y Bolivia, aunque no prosperó. Participó en “Got Talent Argentina” y tuvo un gran éxito en 2023, cuando viajó a Arabia Saudita y Turquía para un espectáculo urbano junto a otros artistas. “Fue poco después de que ganamos el Mundial; los árabes querían conocer el talento de los campeones, y yo estaba allí, fue una experiencia inolvidable y los ingresos fueron significativos”, recuerda.

Para este evento, tuvo que hacer una audición frente al diputado Hernán Lombardi, quien se interesó en él vía Instagram. “Ese día, 7 de septiembre de 2023, justo había nacido mi hijo Joaquín. Mi mujer, aunque acababa de dar a luz, me animó a presentarme. Lombardi me tomó la prueba y pocos minutos después me dijo ‘¡Estás dentro!’. Fue un mes increíble allá y volví con 4.000 dólares”, cuenta orgulloso.

Rodrigo quiere asegurar el futuro económico de su familia: “A menudo siento que flaqueo, pero no me puedo permitir caer, tengo que generar ingresos, pagar el alquiler… llegar a 600 mil pesos al mes es complicado”, explica este artista que reside en el norte de la ciudad.

En una ocasión, le ofrecieron trabajar en el Circo Rodas, un lugar de renombre, pero no se sintió convencido por las condiciones. “Vivíamos en Tristán Suárez y no estábamos seguros de mudarnos a Crovara donde se ubica el circo. No es un lugar adecuado para dos niños pequeños. Lo que parecía una gran oportunidad, me hizo volver y replantearme mi situación”, admite.

“Cuando tienes otras aspiraciones, a veces el trabajo en el semáforo parece insuficiente, aunque me ha sido de gran ayuda. Hoy es lo que tengo, me aferro a ello. A veces, alguien te grita desde un auto que consigas un trabajo ‘real’, pero yo trabajo duro, hago algo que no cualquiera puede, aunque estar en la calle devalúe lo que hago”, reflexiona.

En sus sueños, Rodrigo imagina: “Me encantaría mostrar mi talento en algún entretiempo de la Selección”.

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