Mariela Flores arrancó su lunes con la rutina de siempre. Preparó a sus hijos para asistir al colegio y al encender la televisión, recibió un golpe desgarrador. Al ver reportajes sobre el horroroso acto perpetrado por un joven de 15 años en una escuela de San Cristóbal, en Santa Fe, su mente revivió el calvario vivido con su familia tras el terrible final de su hijo de 14 años, asesinado por otro adolescente.
Mariela es la madre de Joaquín Sperani, quien fue brutalmente golpeado hasta la muerte por un amigo cercano durante la tarde del 29 de junio de 2023 en Laboulaye, una localidad al sur de Córdoba.
Aquel día, al salir del Ipem 278, un compañero de clase de Joaquín lo llevó hacia una casa deshabitada en los alrededores del campus escolar, lo cual fue captado por una cámara de vigilancia. Joaquín lucía feliz en una imagen que se distribuyó en varios medios; sin embargo, el perpetrador del asesinato fue considerado inimputable.
“Esta mañana, al encender la televisión, volví a experimentar ese día y me puse a llorar”, compartió Mariela en una entrevista con Clarín. “Lloré porque sentí el dolor de esos padres que sufrirán igual que yo. Enviaron a su hijo al colegio, y ahora lo tienen en un ataúd”, expresó.
Mariela opina que, al igual que en el caso de Joaquín, hay una premeditación evidente en estos actos: “Es evidente que el joven llevó el arma con un propósito claro. Hay una planificación porque oculta el arma; no es un acto al azar. Estas ideas se cocinan en sus mentes, quizá durante semanas, antes de ejecutarlas”.
Además, señaló la carencia de medidas preventivas por parte de adultos y el sistema educativo en su conjunto: “Es un hecho que ocurre porque antes no se pudieron prever las señales. Como adultos no estuvimos atentos a innumerables situaciones previas. En San Cristóbal pasó igual: nadie las advirtió. Y luego solo queda el hecho consumado”, añadió.
El proceso de duelo
Mariela ha enfrentado la pérdida de su hijo con valentía, buscando dar sentido a su muerte trágica. Tiene dos hijos más, de 13 y 16 años, que asisten al mismo colegio que Joaquín, y ha sido necesario un arduo trabajo tanto en casa como en la institución educativa para continuar adelante.
“Las escuelas no están preparadas para gestionar duelos. Es necesario un esfuerzo significativo con nuestros jóvenes; es fundamental detenernos y reflexionar sobre muchas cosas como adultos. Estas situaciones ocurren porque a veces no estamos observando lo que realmente importa”, subrayó Mariela.
Agregó: “Se debe proteger a las escuelas no solo en lo físico, sino también en lo emocional. Los jóvenes llevan consigo violencia que trasladan al entorno escolar, y no se está haciendo nada al respecto”.
Ley en memoria de Joaquín
En Córdoba, el Gobierno provincial ha propuesto una ley que aborde la edad de imputabilidad de los menores, la cual llevará el nombre de Joaquín.
Mariela destacó que, aunque en el país se ha reducido la edad de imputabilidad, al menor responsable de la tragedia de San Cristóbal no le aplicará debido a que aún no está en vigor: “Quedará en impunidad, al igual que el caso de Joaquín. La lentitud en la acción genera estas situaciones”.
“Me pregunto constantemente: ¿Qué lo llevó a hacer eso? Entenderlo permitiría trabajar en prevención. Siempre recalco que mis hijos deben ser responsables de sus acciones. Constantemente hablamos de que sus actos tienen consecuencias y que como padres haremos que enfrenten lo que les corresponda”, afirmó Mariela.
Córdoba. Especial.
AA
