No es tarea sencilla descansar en carpas expuestas a furiosos vientos que podrían derribar un vehículo, en medio de condiciones climáticas adversas. Sin embargo, para Rafael Goñi, de 69 años, esto sigue siendo lo mejor que le podría suceder, siempre en el contexto de una investigación arqueológica. Esta es su pasión, la cual ha definido su vida entera y que disfruta con intensidad.
Desde los seis años, Goñi se inclinó por la arqueología. Mientras la mayoría de los niños soñaban con profesiones como médico, bombero o futbolista, él ya se imaginaba entre excavaciones. Esta vocación la mantuvo hasta los dieciocho, cuando llegó el momento de decidir qué carrera seguir.
Un consejo que recibió de un arqueólogo en ese entonces lo impactó profundamente. Le dijo que aunque con la arqueología no se haría rico, tampoco moriría de hambre. “Y con eso me era suficiente”, comenta ahora Goñi, nacido en Buenos Aires e hincha por elección de Gimnasia, al diario Clarín.
Rafael Goñi ha captado la atención recientemente al haberse convertido en el primer arqueólogo que no es estadounidense en recibir el “Binford Family Award for Teaching Scientific Reasoning in Archaeology 2026”, otorgado por la Society for American Archaeology, un reconocimiento de gran prestigio a nivel global en la disciplina.
Con más de cuatro décadas como profesor en la UBA y otras universidades, Goñi ha llevado a cabo sus pesquisas casi exclusivamente en Santa Cruz. Ahí lidera un equipo del Instituto Nacional de Antropología, en colaboración con científicos del Conicet, investigando cambios sociales y climáticos del pasado.
Un Legado de Reconocimiento
El galardón le fue otorgado por la sociedad arqueológica gracias a la propuesta de estudiantes y colegas que trabajaron con él a lo largo de estos 40 años. “Algo habré hecho bien para que toda esa gente piense ‘esta es la persona, debemos reconocerlo'”, dice con una sonrisa.
Este honor es otro ejemplo de cómo las universidades públicas de Argentina no solo generan conocimiento valioso para la ciencia, sino que también forman especialistas capaces de lograr reconocimiento internacional.
Sin embargo, este reconocimiento llega en un momento complicado para Goñi, ya que el gobierno, mediante la Secretaría de Cultura, cortó hace dos años todos los recursos a los equipos de investigación que el lideraba y, sin explicación alguna, lo jubilaron.
Desvelando la Historia de la Patagonia
Rafael Goñi dedicó su trayectoria profesional a estudiar los cazadores-recolectores de la Patagonia, las únicas sociedades humanas que no generan energía, sino que la extraen directamente del entorno. Para estos grupos, el guanaco fue crucial, ya que vivieron de la caza durante milenios, hasta la llegada de los colonizadores europeos.
Sus trabajos se centran en los últimos 4.000 años, un tiempo caracterizado por drásticos cambios ambientales. Durante este periodo, la región experimentó una progresiva sequía que llevó a profundas transformaciones sociales.
Para estudiar ese pasado, Goñi colabora con paleoclimatólogos, geólogos y otros expertos. Los registros ambientales de la Patagonia que analizan son esenciales para crear modelos que proyecten el cambio climático a largo plazo y coordinar la relación con la actividad humana.
Estos estudios también permiten revisar concepciones sobre los pueblos originarios de la región. Los tehuelches, históricamente considerados extremadamente nómadas, presentan evidencias arqueológicas que sugieren un comportamiento casi sedentario, según Goñi y su equipo.
El análisis de restos recuperados permitió al equipo estudiar dietas, ADN y diversas enfermedades. Además, con la cooperación del Instituto Pasteur de Francia, investigan casos de tuberculosis previos a la conquista, algo raro en sociedades de cazadores-recolectores. Estos grupos, generalmente dispersos, presentan una resistencia natural a patógenos debido a su estructura social.
El Valor de Invertir en Ciencia
¿Cuál es el propósito de estas investigaciones y por qué deberían ser financiadas? Según Goñi, la razón es variada.
En primer lugar, porque el avance de la ciencia a menudo es impredecible: lo que hoy parece sin valor, mañana podría ser esencial para resolver un problema.
Por ejemplo, el estudio de patógenos antiguos, tanto en humanos como en animales como el guanaco, puede proporcionar conocimientos para entender enfermedades actuales y prevenir pandemias futuras.
Igualmente, examinar la historia de las sociedades humanas tiene un valor intrínseco, ya que cada una merece ser comprendida.
Además, hay una dimensión patrimonial significativa: sitios como la Cueva de las Manos atraen unos 20.000 visitantes anualmente y son cruciales para economías locales como la de Perito Moreno.
Los equipos arqueológicos cooperan también con comunidades locales para promover un turismo respetuoso y sostenible.
¿Qué consecuencias acarrea el abandono de la ciencia? Goñi advierte que hay riesgos significativos. Los sitios arqueológicos son recursos no renovables, y una vez perdidos, como una pintura rupestre, se pierden para siempre.
La arqueología también estimula avances en otras áreas científicas, como la química y la medicina, y proporciona registros históricos cruciales para entender el cambio climático. Sin ellos, sería más difícil prever nuestro futuro.
La falta de financiamiento no es el único problema; en los últimos años se han impuesto restricciones que rozan la censura.
Goñi comenta que en el Instituto Nacional de Antropología hay temas, especialmente sobre pueblos originarios y cambio climático, que no pueden abordarse, siendo estas órdenes que se transmiten desde la dirección.
Retos en las Expediciones
Realizar campañas en la Patagonia es todo un desafío. “Hay que ser ingenioso”, explica Goñi. “Montar una tienda bajo ráfagas de viento de más de 100 km/h, que pueden hacer volcar camionetas, es todo un reto”.
A menudo trabajan en estancias, donde se les proporciona un refugio temporal para cocinar o resguardarse. Sin embargo, en las mesetas de Santa Cruz, no hay otro remedio que acampar y adaptarse a la dureza del entorno. Hay jóvenes de 20 años y también los más mayores que a veces se preguntan: ‘¿Qué hago aquí?’.
– ¿Cuánto tiempo duran estas campañas?
– Depende de los recursos disponibles. Antes duraban un mes o incluso más; posteriormente se redujo a dos o tres semanas. Ahora, debido a la falta de fondos, llevamos dos años sin poder hacerlas. Aunque la experiencia es romántica, no todos aguantan el ritmo, y es comprensible.
Elegir con Valor
Cuando se le pregunta qué aconsejaría a jóvenes con dudas sobre estudiar arqueología, Rafael Goñi ofrece una reflexión más amplia sobre las elecciones de vida. Actualmente, nadie tiene asegurado el éxito ni la certidumbre.
Goñi recuerda que durante años enseñó en tiempos difíciles, cuando incluso arquitectos terminaron manejando taxis o emigrando. No obstante, muchos seguían estudiando porque sabían que si todo fallaba, al menos habrían seguido su pasión.
Por ello, considera esencial elegir lo que uno verdaderamente desea, dentro de las posibilidades y contextos personales. Él mismo lo hizo en 1973, al inscribirse en Derecho y Filosofía y Letras en la UBA. Tras visitar la Facultad de Derecho, entendió que no era su lugar y decidió seguir con Arqueología.
Aun así, advierte que solo la vocación no es suficiente. Es necesario trabajar arduamente, capacitarse continuamente y nunca dejar de aprender. “Si trabajas con dedicación y eres honesto con tu propósito, es difícil que te vaya mal”, asegura. Aunque las condiciones económicas sean volátiles, como ocurre en Argentina, insiste en que carreras como la arqueología pueden ser satisfactorias si se ejercen con compromiso.
Goñi recibirá el reconocimiento de la Society for American Archaeology el próximo 1° de mayo, durante un congreso de esta organización en San Francisco (EE.UU.). Estos eventos reúnen a los principales expertos internacionales y son escenarios de entrega de premios.
El premio de Goñi está ligado a la enseñanza del razonamiento científico en arqueología. Lleva el nombre de Lewis Binford, un arqueólogo que revolucionó la arqueología mundial en los años 60 y 70, transformándola en una disciplina explícitamente científica y ampliando su campo hacia las ciencias naturales.
Ahí estará Goñi para recibir su medalla, el premio monetario de mil dólares, y con la esperanza de que esta etapa de recortes en la ciencia argentina pase, y que, al igual que muchos de los procesos que estudia, quede registrada como parte de la historia.
