Recientemente, se ha observado un notable incremento en el uso de aplicaciones financieras y billeteras digitales, capturando la atención de muchos entusiastas de la inversión. Sin embargo, este fenómeno viene acompañado por las preocupantes historias de aquellos que, a solo un clic de distancia, han caído en deudas incontrolables. Estos individuos arrastran sus obligaciones financieras al igual que otros que no llegan a cubrir sus gastos mensuales, retrasándose en diversos pagos, desde compras esenciales hasta los gastos cotidianos más simples. Surge la cuestión de si algunos de estos individuos endeudados también son inversores, o viceversa. La respuesta es afirmativa, y esta situación es más común de lo que se podría pensar.
Clarín decidió profundizar en este tema con Mariana Luzzi, quien, junto a María Soledad Sánchez, ha presentado una detallada encuesta sobre esta tendencia emergente y rápidamente difundida. Su obra lleva por título: “II Encuesta de digitalización financiera. Pagar, invertir y endeudarse en la era de las apps. La economía de las familias en el AMBA”.
Aunque el sondeo no incluyó un cuestionamiento específico sobre aquellos que acumulan deudas y simultáneamente intentan invertir en línea, Luzzi ofreció algunos datos exploratorios. La encuesta revela que un tercio de las personas con deudas en los últimos tres años han utilizado las aplicaciones financieras para invertir o hacer crecer su dinero, a pesar de sus compromisos pendientes.
La socióloga, doctora y docente en la institución que impulsó el estudio, explicó que aproximadamente el 30% de las personas con deudas utilizan aplicaciones financieras para inversiones menores. Mientras tanto, el 27% ha recurrido a cuentas que generan ingresos como una estrategia de inversión, un reflejo de que la mayoría de usuarios de estas apps buscan rendimiento financiero.
Este tipo de cuentas, conocidas comúnmente como cuentas remuneradas, son fondos de inversión de bajo riesgo. Al mantener su capital, los usuarios reciben pequeñas ganancias diarias, cuyo valor puede variar o permanecer constante.
Las aplicaciones y plataformas de billeteras digitales ofrecen características atractivas, promocionando la idea de que el dinero debería estar siempre activo y generando beneficios. Publicidades como “haz que tus fondos trabajen por ti” o “incrementa tus ahorros diariamente” destacan entre las promesas que mantienen su atractivo, sin dejar de ser sinceras.
Ante la incapacidad de los bancos tradicionales de ofrecer estos beneficios en cuentas de ahorro comunes, sólo algunas entidades han comenzado a competir con las billeteras digitales incorporando rendimiento en sus servicios. La publicidad y el respaldo de influenciadores del sector refuerzan esta tendencia, invitando incluso a los menos experimentados a incursionar en fondos comunes de inversión, acciones y otros productos financieros.
Perspectiva sobre los nuevos participantes del mercado
El informe resalta que la mayoría de los nuevos inversores digitales están explorando este campo por primera vez. Una gran cantidad son mujeres, representando el 61% de este grupo, mientras que los hombres componen el 55%. Se observa, no obstante, que muchas de las inversoras tienen niveles educativos más bajos, un sector especialmente vulnerable en épocas de crisis económica.
La encuesta mostró que un número significativo de personas sin culminar la educación primaria o secundaria comenzó a invertir por primera vez. Esto lleva a cuestionarse si un bajo nivel educativo es sinónimo de escasos ingresos, a lo que Luzzi respondió que la educación es un indicador próximo del nivel socioeconómico y la asociación es válida. Entender esta relación es crucial para formular políticas que mitiguen los impactos inadvertidos de estas nuevas tendencias económicas.
Por otro lado, pensar que los pequeños inversores puedan cubrir sus deudas mediante herramientas financieras de alto riesgo es improbable. La ilusión de estar mejor mediante inversiones pequeñas no necesariamente amortigua la inflación que afecta a la economía del país.
La cuestión queda abierta sobre si la falta de conocimiento financiero, junto con las expectativas exacerbadas sobre las ventajas de invertir, está llevando a algunas personas a creer erróneamente que estas inversiones serán la solución a sus problemas económicos, como si se tratara de una especie de lotería actualizada.
Contraste entre deudas e inversiones
La encuesta realizada por el EIDAES-UNSAM, que tuvo lugar a principios de diciembre de 2025, incluyó a 900 adultos del AMBA. Un alto porcentaje, el 74%, declaró estar utilizando aplicaciones financieras, una cifra comparable al uso de tarjetas de débito. Aunque la mayoría asegura que su objetivo es ahorrar o protegerse de la inflación, no todos utilizan esos fondos para invertir: el 40% afirma hacerlo, un incremento respecto al año pasado.
El estudio concluye que la inestabilidad económica incentiva a las personas a recurrir a inversiones digitales, un dato que se relaciona con el hecho de que el 70% de los encuestados se ha retrasado en pagos en los últimos tres años.
En términos del perfil de los endeudados que optaron por pedir ayuda financiera en formales e informales, se observan diferencias de género: los hombres tienden a solicitar préstamos bancarios mientras que las mujeres utilizan más las plataformas digitales, un acceso que es más sencillo pero, en ocasiones, costoso.
Las desigualdades que enfrentan las mujeres en el uso de servicios financieros digitales se deben a que son quienes más frecuentemente no tienen cuentas bancarias tradicionales y recurren a préstamos de billeteras electrónicas, reflejando una inclusión financiera simultáneamente ventajosa, pero a menudo riesgosa.
Un análisis profundo de aplicaciones y billeteras
El resultado de la encuesta sugiere que los límites entre deudores e inversores no son claros. Aquellos que invierten buscando escapar de la inflación a menudo son los mismos que acumulan deudas. Aunque no se tienen datos precisos sobre montos, este fenómeno denota una mezcla de roles en la economía personal.
La dificultad de recoger datos concretos en este ámbito se debe en parte a la tendencia de las personas a reportar sus finanzas de manera poco precisa. Sin embargo, lo que se destaca es que las deudas están siendo un motor esencial para el día a día económico, mientras que el avance del discurso pro-inversión resalta cierta presión sobre el individuo para que su éxito económico se vincule únicamente a sus decisiones personales.
Esta narrativa insta a la gente a creer que el bienestar futuro es una cuestión de decisiones individuales más que el resultado de estructuras económicas más amplias, una percepción que no es nueva pero que cobra fuerza en el contexto actual.
