Una ola de alegría y entusiasmo invade la capital argentina mientras resuena un canto enérgico: “¡Y ya lo ves, y ya lo ves, el que no salta es un inglés!”. Desde la tarde del miércoles y durante varios días, la victoria de la selección argentina sobre Inglaterra por 2-1 en las semifinales del Mundial se convierte en el tema recurrente de conversación y celebración.
Un Ánimo Colectivo
A las seis de la tarde, las voces se unifican en un solo grito y las expresiones de felicidad son omnipresentes. Algunas personas derraman lágrimas de emoción, mientras otras explotan de júbilo compartido.
El icónico Obelisco de Buenos Aires, rodeado de medidas de seguridad y la presencia policial, se convierte nuevamente en el epicentro de una celebración inolvidable. Diversos puntos de la ciudad, como las calles de Palermo y su evento Fan Fest, y en otras ciudades del país como Bariloche, Mar del Plata y Córdoba, también se suman a la fiesta.
Las personas envueltas en el colorido albiceleste emergen desde los comercios cerca de la avenida Corrientes. Se entrelazan en abrazos interminables y, llenos de energía, no cesan de saltar.
“Fue algo indescriptible. La experiencia es intensa. Experimenté los dos goles agachada, sin ver. Fue increíble justo frente al Obelisco. La última vez terminé celebrando en las rejas. Mi jornada termina a las 8, pero iré al Obelisco sin falta”, relata Milagros entre lágrimas al diario Clarín. Ella luce con orgullo la camiseta y los colores patrios pintados en su rostro, al igual que sus compañeras del negocio de prendas sobre la emblemática avenida.
Familias y Fanáticos Unidos
A corta distancia, tres amigas toman selfies entre risas. El encuentro las sorprendió en Kentucky, con una televisión que sufría de retraso.
“Los nervios eran extremos. Los clamorosos gritos en la calle nos dieron la noticia de los goles. Nuestra alegría es inmensa. Desconocemos hasta cuándo estaremos aquí”, comenta una de ellas.
Con el paso del tiempo, los sonidos de bombos, vítores, silbidos y cánticos se intensifican. Se suman petardos y fuegos artificiales.
Hay familias que con hijos pequeños, en cochecitos o de la mano, también comparten esta pasión.
“Viajamos desde Río Negro debido a una consulta médica de nuestro hijo. Llegamos ayer. Decidimos ver el partido aquí para no hacerlo desde el hotel”, relata Noel. Ella y su esposo terminaron viendo el partido en la computadora de un vecino en Tostado.
Malena Loujedo, en compañía de Noel y su familia, se sumó a la multitud que siguió el juego desde la pequeña pantalla.
Esa noche rinde un final de Marketing en la UADE. Vivió el segundo tiempo con notable ansiedad debido a la desventaja inicial de Argentina.
“Hoy me toca rendir. Buscaba con ansias bares cercanos, pero todos estaban llenos. Decidí verlo aquí en Tostado, por fortuna en compañía de otros. Fue una experiencia única, diferente a con mi familia. Nos unimos en un abrazo liberador. Ahora afronto mi examen con buena energía”, revela a Clarín.
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Llegando a las siete, la avenida 9 de Julio se inunda de hinchas que desde los semáforos alientan al ritmo de sus cánticos. Algunos incluso escalan las rejas que rodean el monumento histórico en la Plaza de la República y logran trepar hasta las torres de luces LED.
Tiziano Badal, junto a su familia, observa desde una cuadra la figura iluminada del Obelisco rodeado por fuegos artificiales.
Jugador del Club Atlético Brown de Adrogué, su familia viajó desde La Pampa por el inicio de las vacaciones. El destino los situó para disfrutar del partido en la capital.
“Es una experiencia nueva para nosotros. Venimos de un entorno pequeño”, confiesa Ariel, el padre de Tiziano, a Clarín.
Tiziano comenta cómo, por momentos, había perdido la esperanza. Quedaban escasos minutos para el final y Argentina seguía un gol detrás.
“De repente, los vítores se escucharon desde la calle. Nos miramos y ahí llegó el gol. Sentí que ganaríamos en lo 90. Los ingleses se echaron atrás y nosotros pusimos todo en ataque. Confío en el próximo partido, elijo creer”, expresa emocionado Tiziano.
Mientras la música, el alcohol y las banderas dominan la escena, los comerciantes venden accesorios y camisetas en las calles. También hay puestos de comida rápida, como hamburguesas que alcanzan los 8.000 pesos.
Con la noche sobre la ciudad, la multitud sigue creciendo y avanzando por la avenida Corrientes hacia el corazón de Buenos Aires, esperanzada con repetir este acontecimiento el domingo, tras la final frente a España.
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Un Dispositivo de Seguridad sin Precedentes
Desde las 14 horas, un dispositivo de seguridad con 800 agentes de la Policía de la Ciudad, la División Despliegue de Intervenciones Rápidas (DIR), la Policía Motorizada, brigadas de la Superintendencia de Investigaciones y personal de las comisarías vecinales 1B y 1D se puso en marcha para gestionar esta situación prevista.
Un vallado fue erigido en la avenida Corrientes, desde la calle Libertad a Cerrito, entre Pellegrini y Suipacha, y en Roque Sáenz Peña, delimitado por Cerrito y Libertad.
Además, se han colocado paneles fenólicos alrededor del Obelisco como una medida de precaución, y se implementó un monitoreo en tiempo real desde el Centro de Monitoreo Urbano (CMU) acompañado por drones.