Un Encuentro con Objetivo Común
“Dale, vamos con todo, a darlo todo”, exclama uno. “Vamos Giuliano, ¡así se hace!”, grita otro. “Vamos Enzo, ¡no pares!”, se oye detrás. El ambiente está cargado de emoción en el Centro de Veteranos de Guerra de Quilmes. Desde media tarde de este miércoles, un grupo de veinte veteranos de las Malvinas se reunió para compartir un asado y luego ver el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra.
La Pasión se Vive Junto a la Pantalla
En el salón del centro se destaca una pantalla de 65 pulgadas. Todavía se ven los restos de la carne asada y el ambiente está tan tenso como el partido mismo. Algunos no dejan de lanzar comentarios mientras otros observan en silencio. “La memoria se honra en el campo”, repiten en eco con lo que compartieron en redes.
Recuerdos y Comparaciones
El partido muestra un dominio parcial del equipo inglés y un tiro libre peligroso. “Tranquilos, no pasa nada. Vamos Dibu. Tenemos a Dios de nuestro lado. Este partido es para que Messi marque la diferencia”, expresa Jorge Irigoitía, vicepresidente del Centro de Malvinas. Miguel Cerruti, presidente del Centro, añade: “Por el lado derecho estamos complicados, les cuesta a Molina y a Simeone. Los jóvenes están nerviosos, es comprensible dada la importancia del partido”.
La memoria de Malvinas no solo está en las paredes, sino también en los atuendos de los excombatientes, con camisetas en azul y celeste destacando la Gran Malvina y la Soledad. “Este sitio es nuestro hogar, donde nos encontramos combatientes que antes no nos conocíamos pero ahora somos como hermanos”, comenta Cerruti mientras se aleja un poco del juego.
Un Descanso para Refrescarse
Durante el descanso, algunos aprovechan para relajarse, y otros se preparan un café. Luis Schmidt, ex veterano de la aeronáutica, comparte: “Más que un juego, hay un deseo de revancha. Este partido tiene un significado especial y hay que darlo todo”.
En una mesa, otros veteranos comentan sobre la postura de Scaloni de separar lo deportivo de lo sociopolítico: “El fútbol y Malvinas están tan ligados como el nombre de Maradona. Aquí nadie habla mal de Diego”, bromean al unísono. “Aunque el técnico busque reducir la presión sobre los jugadores, es inevitable para ellos llevar esta carga”.
La Tensión del Partido Continua
“Vuelvan, que ya es el segundo tiempo”, se oye. La tensión crece nuevamente, y los veteranos observan de pie la gran pantalla. Algunos narran, otros opinan, y varios se agarran la cabeza tras el gol de Anthony Gordon. Luego de la sorpresa inicial, comienzan las críticas hacia la defensa, pidiendo a Montiel en lugar de Molina.
El ánimo decae, pero los veteranos no dejan de intentar animarse entre ellos. “Noooo”, se escucha cuando Pickford detiene un cabezazo crucial. El espíritu combativo se renueva con cánticos mientras el equipo argentino presiona fuertemente el arco contrario.
Y al borde del final, el gol de Enzo Fernández desata un rugido general. Los abrazos se suceden sin importar los desconocidos, con una emoción tan genuina como natural. “Espérense, que aún no termina”, advierte el más supersticioso.
Celebraciones e Identidad
Con nueve minutos adicionados, el ambiente se torna casi volcánico. “Qué suerte tienen los ingleses”, comenta uno tras la nueva oportunidad desperdiciada. “Este equipo nos representa”, dicen todos, celebrando el gol decisivo de Lautaro Martínez.
El cántico de “Vamo vamo Selección” resuena fuerte al tiempo que besan los símbolos de las Malvinas en sus camisetas cerca del corazón. Finalmente, el árbitro decreta el fin y el centro se convierte en un estallido de euforia.
Los veteranos, emocionados, se abrazan entre ellos y con este cronista, que también se siente parte del abrazo. “Estos chicos nos ofrendaron una gran batalla, sentimos orgullo por ellos”, afirman.
Al salir, los veteranos son recibidos por vecinos de Quilmes: una muestra de cariño y respeto nunca antes vista. “La gente nos comprende y hay un fuerte lazo con nosotros”, comenta Daniel López.
De repente, el número de personas se multiplica en la esquina, y todos, veteranos y vecinos, saltan juntos en celebración. “Estos jóvenes nos representan en el campo, tal como lo hicimos nosotros frente al cañón”, dice despidéndose Héctor Nazaralet.
