Me puse en contacto con Salvador, de quien ya había leído algunos libros, para invitarlo a participar en “Mundos Íntimos”. Respondió con amabilidad y dijo que, en principio, aceptaba, pero quería pensar sobre el tema. Pasaron dos semanas sin novedades, por lo que decidí preguntarle si había tenido ocasión de meditarlo. En un correo, me comentó -más o menos- que sí, pero no del todo. Finalmente, me reveló que padecía hemofilia -algo que yo desconocía- y que no estaba seguro de tener el valor de compartirlo. Eventualmente, terminó por escribir sobre ello, abordando en su nota el pudor y la exposición que dicha narración implicaba.
Las Etiquetas y Su Impacto en las Personas
No sé si se lo mencioné, pero me identifiqué con sus inquietudes y reflexioné sobre la tendencia humana, nada inofensiva, de encasillar. Es como si consideráramos la parte como si fuera el todo. Recuerdo, hace años, un programa de televisión donde unos jóvenes con discapacidades físicas se atrevían a decir que disfrutaban del sexo y no querían renunciar a esa intimidad. Sin embargo, a pesar de poder tener relaciones, llevaban el estigma de cojos o deformes, lo cual impedía que otros los percibieran como seres sexuales. Siempre eran vistos como discapacitados. Esto mismo ocurre con los sordos que se atreven a bailar o los ciegos que anhelan viajar.
Historias de Lucha y Percepción
Conozco a una mujer, y no es la única, que nunca le contó a nadie sobre su cáncer. Cuando comenzó a perder el cabello, adquirió una peluca similar al suyo y comentó que solo había cambiado un poco de estilo. Después de sus tratamientos de quimioterapia, iba al trabajo y solo pedía permiso si se sentía extremadamente mal. Quería evitar que la etiquetaran como enferma y que la observaran con lástima. Según su opinión, todo cambiaba tras un tratamiento exitoso.
Curiosamente, esta misma lógica puede aplicarse a la profunda división política que nos enfrenta como adversarios. ¿Acaso no estamos, también en este caso, definiendo a alguien solo por una parte de su vida? ¿No será que esa persona tiene otras facetas más amigables y que podríamos descubrir que, en realidad, no somos tan opuestos? Me pregunto.
