Cinco fármacos que generan remordimiento: el impacto del tabú frente a la ciencia y el bienestar

Es igualmente innegable y, a veces, relativo. Expresiones como “la salud es lo primero” o “lo que importa es estar sano” pueden diluirse en un inodoro y desaparecer en el desagüe cuando los medicamentos respaldados por la ciencia se enfrentan a prejuicios o estigmas.

Existen ejemplos en los que ciertas enfermedades son un rompecabezas mucho más complejo que un simple dolor de cabeza tratado con aspirinas. No porque no haya remedios, sino porque a veces las soluciones simples se complican y un cúmulo de incertidumbres desafía el cuidado de la salud.

El peso del estigma

Dependiendo de la perspectiva, ya sea del paciente o de su entorno, la culpa y la vergüenza actúan como barreras que impiden el óptimo vínculo entre una enfermedad y su tratamiento en un contexto moderno aún cargado de prejuicios.

A menudo, las personas que deberían beneficiarse del tratamiento farmacológico sienten una voz interna que critica según el trastorno específico. En casos de depresión o ansiedad, piensan: “Debería superar esto solo” o “debería controlar mis emociones sin ayuda”. En el campo de la psiquiatría, el sesgo es más evidente, pero el origen del escrúpulo se extiende a otras áreas.

Para la disfunción eréctil, la culpa sugiere: “Debería funcionar sin apoyo”. En temas de sobrepeso, a pesar de innumerables dietas o ejercicios, surge un juicio: “Debería bajar de peso sin ayuda”. Con el insomnio: “Debería poder descansar naturalmente”. Y con el colesterol elevado, incluso si es genético, el pensamiento crítico aparece: “Debería haberlo prevenido”.

La demora en los tratamientos puede ser perjudicial para la recuperación. Foto: Shutterstock

Las afecciones empeoran con el tiempo, no solo afectando la calidad de vida, sino aumentando el riesgo de enfermedades serias. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué riesgos implica evitar medicamentos fundamentales?

El conflicto entre creencia y ciencia

Para entender esto, se consultó al psicoanalista y psiquiatra Pedro Horvat: “La respuesta se centra en los prejuicios y reproches sociales. Los psicofármacos están estigmatizados como para ‘locos’; los fármacos para adelgazar cargan el estigma de que la obesidad no es una enfermedad, sino una debilidad de carácter. Como si perder peso fuera tan simple como cerrar la boca. Aunque la obesidad es una afección multisistémica, falta comprensión, y las personas que recurren a la medicación a menudo son vistas como carentes de voluntad”.

Una encuesta realizada por la consultora Quiddity a 800 mujeres en alrededor de la menopausia reflejó esta situación. Aunque más del 70% está preocupada por el aumento de peso, el 33% cree que utilizar inyecciones para adelgazar es “trampa” y el 25% no lo hace por “culpa o vergüenza”.

Horvat también relaciona esto con el uso de fármacos para la disfunción eréctil: “Es percibido como una amenaza a la masculinidad. Existe dificultad para aceptar que la sexualidad está plenamente influenciada por factores psicológicos y emocionales”.

Además, acota que en hombres mayores, junto a cambios hormonales y problemas vasculares, el mandato social de ser “potente” provoca que usar estos fármacos resulte vergonzoso. “No es fácil evaluar cuánto puede agravarse un problema”, dice Horvat. Foto: Shutterstock

Respecto a las consecuencias de postergar la medicación, Horvat explica que “evaluar el agravamiento de no tomar ansiolíticos o antidepresivos no es simple. Lo que se prolonga es el sufrimiento del individuo, lo cual está más allá de su control, impactando en su vida de forma negativa. Medir este deterioro puede ser subjetivo”.

El especialista también señala que algunos prefieren retrasar la medicación, queriendo manejarlo con sus recursos: “A menos que haya señales de una urgencia inminente, muchas veces se debe respetar este enfoque racional del paciente”.

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En cambio, para la psicosis, cuando una persona alucina o delira, retrasar el tratamiento complica la recuperación. Lo mismo para el insomnio grave: no es simplemente por cansancio que el sueño llegará, ya que la falta de descanso puede transformarse en una emergencia.

Horvat menciona que “existen mitos sobre los psicofármacos, como la idea de que conducen a la dependencia. Nos corresponde como médicos informar correctamente sobre estos temas. Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios, pero esa información debería proporcionarse adecuadamente para tranquilizar a los pacientes”.

Enfermedades complejas requieren algo más que una aspirina para tratar un simple dolor de cabeza.

Negarse a ciertas medicaciones con la esperanza de manejar manualmente la salud puede tener riesgos serios, especialmente en condiciones cardíacas y el uso de estatinas.

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El cardiólogo Fernando Botto distingue: “En una infección aguda, como un absceso dental, es crítico seguir la medicación rigurosamente. Para condiciones crónicas como colesterol alto o diabetes, aunque no sean urgentes, retrasar el tratamiento incrementa el riesgo”.

Botto, consultor del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, explica: “Si tu presión es alta y te prescriben medicación, o si tu colesterol es elevado, la recomendación es por una razón: el riesgo cardiovascular incrementa con el tiempo”.

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Un cambio crítico ocurre con la menopausia, ya que los cambios hormonales requieren un manejo distinto debido al aumento del riesgo cardiometabólico. Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, señala: “Es paradójico que muchas acepten estos cambios y, al mismo tiempo, se sientan responsables de no controlarlos”. Ella concluye que esta expectativa de autosuficiencia crea frustración y dificulta buscar ayuda.

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