Este viernes, la situación de un bioquímico de 71 años conmocionó al público al ser arrestado por retener a su familia. En el barrio La Cascada de Esquel, donde Miguel Edgardo Battista vivía con su esposa e hijos, se encuentra la propiedad en cuestión.
Detalles del vecindario
La comunidad comenta que raramente veía a la familia salir, con la mujer frecuentemente observando el exterior desde una ventana mientras se escuchaban gritos por la noche. “Sus comportamientos nos llamaban la atención”, menciona una vecina.
Un árbol navideño en octubre
A través de una ventana se visualiza un árbol de Navidad en pleno octubre. Cortinas bloqueadas y papeles cubriendo las aberturas acompañan una imagen de acumulación en el exterior, con maleza, cajas y basura completando la estampa de una casa que parece anclada en el tiempo. La situación en el patio trasero es aún peor, con más cajas y desechos.
La fachada, revestida de madera y piedra, corresponde a una de las mayores viviendas de la zona. Las ventanas están parcialmente cubiertas pero dejan entrever un adorno navideño que, según los moradores, lleva mucho tiempo allí.
Relatos fragmentados en el vecindario describen que el único que salía era el hombre, mientras que los chicos y la mujer siempre permanecían adentro. Gritos incoherentes emitidos por la mujer también llamaban la atención.
Según una vecina de larga data, él siempre ha sido quien realizaba las compras y salía a atender visitas como el técnico de Internet o el supermercado. Sin embargo, sus hijos apenas eran vistos. “Pese a saludarlos, no respondían”, apunta, atribuyendo el comportamiento a un posible retraso.
Con el tiempo, la presencia de los niños en el patio menguó. La vecina a menudo pensaba que la casa estaba vacía. La mujer del bioquímico siempre estaba con un turbante y parece ser que los gritos que se oían no pedían ayuda sino que parecían sin sentido.
Actualmente, la esposa del bioquímico está hospitalizada y se encuentra en mal estado, según fuentes cercanas. Los hijos también presentan afectaciones psicológicas notables. Se prevé que, si es posible, sean sometidos a una Cámara Gesell para apoyar el proceso judicial.
Los residentes del vecindario prefieren el anonimato debido al temor persistente que el caso les ha dejado. Una vecina recuerda ver pequeños movimientos a través de las ventanas; a veces, el hombre y una de las hijas subiendo escaleras.
El pasado jueves, la intervención policial ofreció la oportunidad de visualizar a los miembros de la familia por primera vez en mucho tiempo, cuando salieron de la casa. Un joven, en apariencia descuidado, fue el primero en aparecer, seguido por la esposa de Battista con un pañuelo en la cabeza, y una de las hijas sosteniendo un perro.
La propiedad también tenía tres perros, que se veían bien cuidados, al igual que la postura del hombre, descrita como orgullosa y erguida. Lo que se vivía en esa casa iba más allá de las costumbres, dice una vecina, añadiendo que las sospechas nacieron de la falta de actividad y los no habituales gritos nocturnos.
El encierro prolongado de los menores y la ausencia habitual de interacciones sociales causaron inquietudes que llegaron a los grupos de WhatsApp del barrio, donde se comentó sobre la necesidad de formalizar una denuncia. Los residentes coincidieron en que había situaciones inexplicables que llevaban mucho tiempo soslayándose.
Finalmente, la denuncia derivó en la investigación y la consecuente intervención policial. La Justicia ahora debe esclarecer lo que ocurría dentro de esas paredes, determinar las condiciones de vida de la mujer y sus tres hijos y qué fue lo que realmente sucedía tras esas puertas.
