Una Jornada de Protesta en el 8M
Este año, la manifestación del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se llevó a cabo un lunes. La intención era impactar mediante un paro, algo que sería menos efectivo si se realizara en domingo. Anabella Freire planteó su duda al respecto cerca del Congreso: “No sé si cambiar el día fue la mejor decisión, ¿quién se siente capaz de parar en nuestra situación actual?”. Anteriormente, Anabella manejaba un negocio de ropa en Flores, pero al perder su empleo, pudo asistir a la manifestación.
Protestas que Llenan el Corazón de la Ciudad
Aunque no fue masiva, la marcha abarrotó la avenida de Mayo hasta llegar a la Casa Rosada. En esta ocasión, el foco de la protesta no fue el Congreso, a pesar de que las columnas partieron de allí, sino más bien el gobierno central. La histórica conmemoración de las luchas feministas se cargó de demandas contemporáneas, destacándose la crítica al ajuste económico y al desmantelamiento de políticas de género.
Los eslóganes improvisados reflejaron el sentir del pueblo: “Nosotras éramos la casta”, “Prefiero ser rebelde a ser esclava”, “Tienes suerte de que busquemos igualdad y no venganza”, “No quiero flores, busco derechos”, “No estoy enojada, estoy hastiada”, “Abuela, hoy grito lo que a ti te hicieron silenciar”, “Aspiro a ver a mis estudiantes graduarse, no enterrarse”.
En una esquina estratégica, fotos de mujeres asesinadas acompañaban siluetas vacías. Sobre el césped, una gran manta exhibía innumerables nombres bordados. Allí, familiares de las víctimas, miembros de la organización civil Atravesados por el Femicidio, alzaban un enorme cartel. La cifra de mujeres asesinadas supera ya las 250.
“Estoy aquí porque el retroceso en las políticas de género es absoluto. Este gobierno ignora la violencia hacia las mujeres. Hoy día, no hay asistencia de ningún tipo, los derechos fueron perdidos”, comentó Dayra, una “hija del femicidio”. Su madre, Sabrina González, fue apuñalada mortalmente por su pareja, José Antonio Castellanos, a los 36 años.
Mara Avila agregó: “Vengo porque valoro estar con otros familiares de víctimas. Lamentablemente, cada día somos más. Y vivimos en una precariedad total con un gobierno que niega la violencia de género”. Mara realizó el documental “Femicidio. Un caso múltiples luchas”, relatando la tragedia de su madre, María Elena Gómez, asesinada por su pareja en 2005.
“Llego con el propósito de mantener viva la memoria de mi hermana y ofrecer apoyo a otras familias. La violencia no se resume al femicidio; se debe entender su repercusión universal”, dice la hermana de María Isabel Speratti Aquino, asesinada a tiros por su expareja hace dos años, mientras llevaba a sus hijos al colegio en Cañuelas.
Sacha, hijo de María Isabel y del agresor, expresó: “No deseo que esto le ocurra a nadie más. Me uno para pedir justicia y acompañar a quienes han vivenciado similares tragedias”.
Los reclamos incluyeron aspectos económicos: desde profesoras hasta trabajadoras domésticas, científicas y cineastas, hicieron eco de la desigualdad laboral. Las mujeres son las más afectadas por el desempleo y los bajos salarios, y son las que asumen el cuidado del hogar sin remuneración.
En la marcha, se encontraban las abolicionistas con su lema eterno: “Nuestros cuerpos no son mercancía”, y las Madres de las Víctimas de Trata, portando fotos de sus seres queridos desaparecidos. Estudiantes de varios colegios también asistieron, al igual que integrantes de la CTA, CGT, MST, y Las Rojas.
La movilización tuvo su acto final en Plaza de Mayo, al caer el sol, con la presentación de un extenso comunicado que llamaba a “unir fuerzas para derrotar las reformas esclavizantes de Milei, el FMI y sus aliados”.
El documento también denunciaba “el ajuste económico que ahonda la desigualdad social y de género”, rechazaba la reforma laboral que “desprecia el trabajo y debilita derechos sindicales”, y defendía el sistema de pensiones y jubilaciones, oponiéndose a recortes en salud, educación y programas sociales.
