Han transcurrido poco más de dos semanas desde el trágico fallecimiento de Ian Cabrera, un joven de 13 años que fue asesinado a tiros en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, por un compañero de clase mayor que él. Sin embargo, lejos de disminuir, la tensión en algunas instituciones educativas ha aumentado. Los propios estudiantes han sido quienes han generado inquietantes señales de alarma en las escuelas.
Aparición de amenazas escritas y reacciones inmediatas
El miércoles por la mañana, una pintada en el baño de varones de la escuela técnica Ingeniero Luis Huergo, en Caballito, generó preocupación. El mensaje advertía: “Jueves 16 de abril, tiroteo (no es broma). No asistan”. En el Colegio Carlos Pellegrini, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires, surgieron mensajes similares, aunque erróneos en la fecha: “Viernes 16 los vamos a eliminar, tiroteo CECAP en serio”, se leía en textos grafiteados que no especificaron la ubicación exacta dentro de la escuela.
Intervención de autoridades y medidas preventivas
Para el jueves, se conocieron situaciones similares en dos colegios adicionales. El mismo miércoles, en la Escuela Cristiana Evangélica Argentina (ECEA) de Villa Real, los padres recibieron un correo electrónico informando sobre una inscripción que hacía referencia a un posible “tiroteo” programado para el jueves 16 de abril. Se dio conocimiento a las autoridades educativas y al 911, y el Juzgado Federal Nº 11 dispuso la presencia preventiva de fuerzas de seguridad en la institución.
Durante el inicio de la jornada de ese jueves, se implementaron medidas de seguridad privada en la entrada de la escuela y se llevó a cabo un espacio de reflexión en las aulas sobre el uso responsable de las redes sociales y el lenguaje. “Nuestra interpretación es que estas acciones pueden estar relacionadas con retos virales difundidos en redes sociales; sin embargo, es crucial entender que no deben ser ignoradas bajo ninguna circunstancia. Cualquier amenaza, sin importar su origen, se toma con la máxima seriedad y responsabilidad institucional”, manifestaron desde la escuela, instando igualmente a los padres a dialogar con sus hijos.
Impacto de los desafíos virales en el entorno escolar
El mismo jueves, la Escuela Cangallo en Balvanera también enfrentó una amenaza similar en el baño de varones del segundo piso. El equipo directivo informó a los padres sobre la activación del protocolo de actuación ante la sospecha de armas en el ámbito escolar. “No se permitirá que una tragedia sea utilizada para hacer bromas que alarmen a toda la comunidad, activando protocolos y requiriendo la intervención de las fuerzas de seguridad. Trabajaremos con el alumnado sobre este tema”, decía el comunicado.
Estos episodios también se han replicado en otras regiones del país, con incidentes reportados en escuelas de Villa Elisa, Avellaneda, Quilmes, Tucumán, Córdoba, Neuquén, Chubut y Mendoza.
En todos estos casos parece subyacer un supuesto reto viral. En los chats de WhatsApp de padres de Huergo se repetía la posible existencia de este desafío. ¿En qué consistiría? Escribir, fotografiar y publicar el mensaje.
Reacciones y medidas institucionales
Fuentes educativas indican que este desafío es una estrategia de los estudiantes para “vaciar las escuelas”. Lo consideran una versión moderna del “hay una bomba en el colegio”. Desde el Ministerio de Educación porteño han confirmado que se están realizando investigaciones sobre estos casos. En cada situación, se activó el Protocolo de Actuación para la protección ante situaciones de vulneración de derechos de jóvenes.
En cada incidente, se radicó la denuncia policial correspondiente, se involucró al Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires y al Ministerio Público Tutelar, y se intensificaron las medidas de seguridad y supervisión en las instituciones.
Fabio Tarasow, experto en temas educativos, ve esta cadena de eventos como “un evidente llamado de auxilio de los jóvenes. Son estudiantes que se sienten solos, sin guía ni voz, quizás en hogares con dificultades y en contextos complicados”.
Tarasow señala que “aunque las redes sociales están siempre presentes, esto es más un problema social que tecnológico. Las redes ofrecen un punto de encuentro, un interés común que puede ir desde simples pasatiempos hasta temas más oscuros como tiroteos y foros de true crime”.
El foco del desafío viral está en escribir, fotografiar y publicar, posiblemente requerido por los mencionados foros. Sin embargo, el trasfondo es social: los jóvenes enfrentan un futuro incierto sin recursos para enfrentarlo. Internet les ha ofrecido refugios donde encuentran alguna forma de satisfacción”.
