Intentaron asesinarla: el caso de otra estudiante del colegio en San Cristóbal

El pánico había mantenido sus voces en silencio, ahora el impacto emocional las inmoviliza. Las mujeres de la familia Nardulli están completamente aterrorizadas, evitan hablar o, si llegan a hacerlo, lo hacen con mucha cautela, soltando apenas unas pocas palabras. Es perfectamente comprensible después de lo sufrido recientemente. Estas mujeres son abuela, madre e hija. Las tres residen en San Cristóbal, Santa Fe. La joven Delfina, de 16 años, asistía al colegio Mariano Moreno, igual que Ian Cabrera de 13 años y el atacante G.C.

El Testimonio de Pamela

Según Pamela, la abuela, Delfina expresó estar profundamente afectada por los acontecimientos del lunes por la mañana: “Conocí a G.C., estudiábamos juntos, no tengo una mala opinión de él, al contrario, siempre fue un chico aplicado, jamás mostró comportamientos agresivos ni acosó a otros, incluso era bastante pasivo. Tampoco sufría bullying, el video en el que se observa que lo molestan era porque se había quedado dormido y le hicieron algunas bromas, nada más”.

Un Año de Amedrentamientos y un Ataque Brutal

El calvario de Delfina comenzó en el primer día de 2026, tras vivir un año completo de amenazas, acoso verbal y físico y varios tipos de agresión “por su belleza” y por decidir distanciarse de la chica problemática del salón con la que antes era más cercana. “Se alejó de la compañera conflictiva porque era dominante, insistente en dar órdenes constantemente. Al romper el vínculo, la chica se enfureció y prometió vengarse”, relata Pamela.

Quizás también te interese:  Sobreviviente de abuso escolar rompe el silencio tras 15 años de mantenerlo en secreto

El jueves primero de enero, alrededor de las nueve de la noche, Delfina salió de su hogar, ubicado frente a la plaza del pueblo, para comprar leche y galletas. Desconocía que un grupo esperaba su salida con intenciones hostiles.

Delfina fue atendida en el Hospital Cullen de Santa Fe tras ser interceptada por cinco personas en la calle que la rodearon y atacaron con cuchillos. A pesar de sus llamados de auxilio al dueño del quiosco, él solo atinó a decir “no quiero problemas” y cerró la ventana por donde atendía.

Una Agresión Comandada con Brutalidad

Bajo las órdenes de una joven llamada ficticiamente Sara, quien lideraba al grupo, le ordenaron inmovilizarla sujetándola por los brazos mientras ella le jalaba del cabello y le cortaba la cara con un perfilador similar a una pequeña navaja.

Quizás también te interese:  Denuncian nuevamente a una madre en Esquel por apropiarse del dinero de una fiesta de graduación

“Lucharon por acabar con su vida al intentar degollarla, pero la firmeza de Delfi para protegerse fue extraordinaria. Sin embargo, dañaron su rostro de manera irreparable retoma su abuela, quien explica que no fue un incidente aislado, sino la culminación de un largo periodo de acoso y amenazas. Fue como un preámbulo a una tragedia anunciada”.

A Delfina le desfiguraron el rostro y en el Hospital Cullen de Santa Fe se le practicaron las primeras curaciones: “Recibió una cirugía estética, pero tuvo la mala suerte de desarrollar queloides, cicatrices prominentes que no pueden ser tratadas al menos durante un año. Imagina lo que significa esto para una joven…”.

Consecuencias Imprevistas y Decisiones Difíciles

Pese a lo acontecido, el acoso prosiguió, con lanzamientos de piedras hacia su hogar y amenazas de muerte a través de las redes sociales. Luciana, la madre de Delfina, optó por formalizar una denuncia por intento de asesinato. Ninguno de los cinco atacantes fue arrestado, a excepción de Alexis R., que ya tenía antecedentes y se encontraba preso por otro delito. “Sara”, la atacadora, incluso cuenta con un historial de violencia hacia su propia madre, sigue su vida sin consecuencias.

Afligida, atormentada por lo que podría pasar y deprimida por las cicatrices en su rostro, Delfina insistió en mudarse de San Cristóbal, cambiar de casa y buscar un nuevo colegio. Después de extensas discusiones familiares, en febrero abandonaron su residencia en el norte de Santa Fe y se establecieron “más cerca del talón de la bota”, como dice su abuela haciendo referencia al mapa provincial.

“Fuimos obligados a disolver la familia, a cambiar de hogar, buscar una nueva escuela, buscar otro empleo, comenzar de nuevo en un sitio poco familiar… en vez de encarcelar a los culpables, ¿en qué clase de mundo vivimos? Las autoridades prefirieron no admitirlo… El caso de Delfina representó el principio de la historia y el de este joven (Ian) el posible final”, asegura Pamela.

Un Lento Proceso de Recuperación

La recuperación de su nieta “lleva mucho tiempo”, comenta la mujer, estimando que el proceso completo demandará meses: “Imagínate que no ha podido participar en ninguna sesión de terapia, ¿Puedes creerlo? Comenzará ahora con un terapeuta privado, necesita urgentemente apoyo psicológico. Poco a poco el miedo disminuye, ella se siente más segura en las calles de su nueva localidad, sabiendo que ya no está en peligro. Cubre sus cicatrices con su cabello, sigue siendo una muchacha preciosa, pero al tocarse las heridas se llena de tristeza. Esta noticia reciente reavivó un poco los temores, ha sido un golpe duro”.

La abuela Pamela recuerda que al ingresar al nuevo colegio, Delfina recibió una cálida bienvenida y durante el primer día de clases, hace menos de un mes, compartió su historia con sus nuevos compañeros y maestros. “Eso le trajo alivio, pudo hablar, contar su experiencia, entiende que el miedo y el silencio solo generan más inseguridad e inquietud”, concluye.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad