Una experiencia inquietante en Mar del Plata
Celeste Manzur, una modelo originaria de Mendoza y también conocida por su trabajo como influencer, sufrió un episodio espeluznante durante sus vacaciones en Mar del Plata. En su primer día, mientras salía con amistades a disfrutar la noche porteña, se perpetró un robo en el sitio donde se hospedaba. La naturaleza del incidente le pareció tan extraña que Manzur cree podría haber sido planeado con complicidad interna.
Robo en circunstancias sospechosas
Manzur detalló en su cuenta de TikTok que después de un viaje de casi 14 horas con un grupo reducido de amigos hacia La Ciudad Feliz, descubrieron que las condiciones del alojamiento no eran como esperaban. La sorpresa fue doble cuando al regresar encontraron que les habían sustraído siete maletas llenas de ropa, aparatos tecnológicos como un iPad y cámaras fotográficas, además de una suma de dinero en efectivo. Aunque el inmueble no había sido alquilado en su totalidad, ya que la dueña del departamento vivía en la planta superior, lo que provocó un malestar inicial.
La secuela del robo y búsqueda de ayuda inmediata
Al llegar en la madrugada, Manzur notó la ventana abierta y al entrar pudo ver el desorden. Fue cuando confirmó que todos sus artículos personales habían desaparecido. La revisión de seguridad de un vecino mostró cómo los ladrones llegaron en un Fiat 147, realizando el crimen con extremo atrevimiento hasta bebiendo fernet mientras cometían el delito. Las pertenencias personales, como la italiana bebida y ropa interior de Manzur, formaban parte de lo saqueado, lo que la lleva a pensar que alguien conocía bien sus movimientos y hábitos.
La reacción de las autoridades locales y de la dueña del sitio fue insatisfactoria. La seguridad del lugar dejó bastante que desear: solo un sencillo portón de madera con una débil protección. Cuando el grupo intentó hacer la denuncia, incluso monitoreando en tiempo real la ubicación del iPad, no obtuvieron apoyo efectivo de la Policía. El relato de Manzur subrayó el sentimiento de impotencia ante una situación en la que esperaba al menos comprensión y asistencia rápida.
La modelo y sus amigos se vieron obligados a regresar a Mendoza, solo con lo que llevaban puesto, sin recibir ayuda de la dueña, la inmobiliaria, ni de las autoridades competentes, quedando en el aire cualquier esperanza de justicia o remediación del desafortunado incidente que convirtió unas vacaciones prometedoras en un verdadero infortunio.
