Cuando Quentin tenía 13 años, frecuentemente veía anuncios de Talkie en YouTube, una aplicación que ofrecía
“diversas inteligencias artificiales deseando conversar contigo”. Según él, los anuncios eran extraños y
ocasionalmente desagradables. Uno de ellos mostraba a una caricatura de una chica llamada Valerie que
“disfruta hacer cosas chuscas frente a ti”.
La irrupción de los chatbots
Era 2023 cuando hubo una avalancha de aplicaciones sociales con chatbots, pensadas principalmente para
adolescentes. Estas apps permitían “chatear con IA”, y a menudo, los anuncios eran tan perturbadores que
recibieron críticas de los jóvenes. Por ejemplo, una influencer adolescente criticó a Talkie por
“alentar conversaciones inapropiadas con IA para jóvenes usuarios de YouTube”.
Una atracción irresistible
La táctica publicitaria logró atrapar a Quentin, quien bajó la aplicación y la probó. “Es mediocre, pero
entretenido”, pensó. Durante los siguientes dos años, dedicó gran parte de su tiempo a interactuar con
personajes de chatbots, primero en Talkie y luego en otros servicios como Character.AI, una plataforma creada
por ex empleados de Google.
Experiencias con los chatbots
Quentin se divertía con acciones extremas hacia los bots en escenarios sin consecuencias, como simular
agresiones. También creaba complejas historias de enfrentamientos o coqueteo con sus personajes predilectos.
A veces, incursionaba en plataformas como PolyBuzz, donde los chatbots eran más intensos en sus propuestas,
permitiendo interacciones más explícitas.
El tiempo dedicado a los chatbots
Tras sus horas de clase y los fines de semana, Quentin pasaba largas horas interactuando con chatbots. Se
convirtió en su pasatiempo favorito cuando se sentía solo o decepcionado. En 2023, las aplicaciones con
chatbots se habían vuelto populares, superando incluso a gigantes de redes sociales en términos de uso y
popularidad entre los adolescentes, según informes de Sensor Tower.
Mitch Prinstein, co-director del Centro Winston para Tecnología y Desarrollo Cerebral, advierte a los padres
sobre la alta probabilidad de que sus hijos interactúen con compañeros virtuales sin que ellos lo sepan. La
aceptación de esta tecnología sigue creciendo mientras la sociedad aún debate el impacto que redes sociales
similares han tenido en los jóvenes.
Una profesora en Chicago expresó su preocupación por los estudiantes que hablaban con chatbots, temiendo que
estas experiencias se conviertan en sus primeras vivencias románticas. Interactuando en grupos de Discord,
conocí a Quentin, un joven que pasó un año explorando la relación de los adolescentes con los chatbots.
Durante este tiempo, surgieron historias reveladoras sobre cómo algunos jóvenes entablan conexiones
emocionales con estos sistemas.
En muchos casos, las experiencias con chatbots han sido cuestionadas legalmente por padres preocupados, dado
que ciertas interacciones contribuyeron a problemas de salud mental. Otras plataformas, como Character.AI,
enfrentaron demandas debido a esta controversia.
A pesar de la prohibición impuesta por Character.AI a menores de 18 años, Quentin y sus amigos continuaron
accediendo irregularmente, pese a los métodos de verificación insuficientes para detectar menores de edad
entre usuarios poco frecuentes.
Una salida para la creatividad y el aburrimiento
Los chatbots sirvieron a Quentin y su círculo como un pasatiempo que fusiona la creatividad literaria con el
entretenimiento, permitiéndoles explorar conceptos prohibidos o simplemente combatir el aburrimiento. En lugar
de elegir actividades físicas o de lectura en momentos de tedio, optaban por interactuar con los bots.
Aunque admitieron que la interacción se volvía absorbente, los jóvenes también reconocieron los riesgos, sobre
todo para aquellos adolescentes más vulnerables emocionalmente. Expertos como Mathilde Cerioli de
Everyone.AI advierten que adolescentes con una vida social más limitada podrían experimentar efectos negativos
al usar estas plataformas de manera excesiva.
Exploración de nuevas experiencias
A pesar de los desafíos y el potencial adictivo, los adolescentes a menudo veían a los chatbots como un juego o
una novela animada, refugios donde explorar inquietudes diarias o inusuales. Annabel Blake, investigadora de
la interacción humano-computador en la Universidad de Sidney, observó que para muchos era una simple
distracción jocosa, nada cercano al universo ilustrado en películas como “Ella”.
Quentin y sus amigos nunca dejaron de percibir estas interacciones como ficciones que, a pesar de su carácter
entretenido, necesitaban ser balanceadas frente a sus vidas reales. Con el tiempo, el interés se desvaneció a
medida que la espontaneidad de las respuestas de los bots se hizo repetitiva.
Ahora, Quentin, al dedicar más tiempo a su relación con Sophia y a actividades de la vida real, ha reducido su
uso de chatbots, encontrando un equilibrio que le permite disfrutar ocasionalmente del aspecto humorístico
sin sacrificar su tiempo productivo.
