Evan Bernstein, líder destacado de la Liga de los Derechos Humanos contra el antisemitismo, visitó Buenos Aires en su nuevo rol como director ejecutivo de B’nai B’rith International. Esta organización judía, conocida por su defensa en temas comunitarios y de derechos humanos, es la más grande y con mayor antigüedad, con presencia en medio centenar de naciones, incluida Argentina.
Bernstein, al asumir su nuevo cargo, comentó a Clarín su propósito de conectar con las filiales y voluntarios locales para definir las próximas acciones a seguir. Destacó que la delegación en Toronto es la más prominente, pero es Argentina la que se presenta como la de mayor tamaño en América Latina. “El trabajo aquí me asombró, especialmente gracias al liderazgo del renombrado neurólogo Ricardo Reisin”, expresó.
El Papel de B’nai B’rith en la Comunidad
La organización tiene como meta ser la voz representativa de la comunidad, uniendo a individuos sin importar sus creencias, ya que no es una entidad estrictamente religiosa. Bernstein, oriundo de Connecticut y educado en Harvard, resalta la importancia de una red que funciona eficientemente en más de 50 naciones desde su sede en Washington.
En su nuevo rol, Bernstein planea ser un agente de cambio. Su predecesor, Daniel Mariaschin, se centraba en el ámbito internacional, mientras que su enfoque estará en el trabajo directo de los voluntarios en todo el mundo. “Queremos fomentar la colaboración y apoyo en las sedes de B’nai B’rith globalmente”, afirmó en su estadía en Buenos Aires.
Contexto Global del Antisemitismo
Bernstein dialogó sobre el antisemitismo, señalando que en Argentina la situación es particular ya que las agresiones han disminuido en comparación a otros países. “El actual gobierno argentino, liderado por Javier Milei, apoya firmemente a la comunidad judía, lo cual facilita significativamente nuestra vida aquí”, comentó.
Sigue su agenda con viajes hacia ciudades como Bruselas y París, donde la comunidad judía enfrenta mayores desafíos debido a la inmigración de musulmanes radicales que influyen en el panorama europeo, a diferencia de Argentina, donde hay más libertad de expresión. Bernstein considera que Buenos Aires, comparativamente, es una de las ciudades más seguras del mundo.
Al detenerse un instante, Bernstein explicó que no hay otra religión en el mundo que deba esforzarse tanto por su seguridad como la judía. A pesar de representar solo el 0.2% de la población mundial, el antisemitismo es una constante en países desarrollados como España o Inglaterra.
En Estados Unidos, el antisemitismo ha regresado a niveles semejantes a los años 30, exacerbado por las redes sociales que propagan ideologías extremas de derecha e izquierda. “Ambos extremos, radicalmente opuestos, se encuentran unidos en su aversión hacia los judíos”, explicó.
Desde los años 60, la percepción del antisemitismo ha cambiado, pero Bernstein insiste en que las redes sociales intensifican este odio, ya que permiten que las opiniones extremistas se difundan con facilidad, polarizando aún más a la sociedad.
Los movimientos sociales sorprenden al apoyar causas que, en lugares como Gaza, no sobrevivirían. Este fenómeno, según Bernstein, es resultado de un esfuerzo deliberado del antisemitismo mundial para simplificar y comunicar un mensaje claro, poniendo en desventaja a la comunidad judía que abordó este problema con estrategias menos eficaces.
Bernstein recuerda el significante cambio luego del 7 de octubre, viendo un paralelo con el entorno previo al Holocausto, con el agravante de las redes sociales que diversifican las manifestaciones de antisemitismo.
Buscando reflexionar, Bernstein indica que sus hijos enfrentan ambientes más hostiles que él vivió. Narró el acoso escolar que llevó a cambiar de escuela a su hijo, reflejando la realidad agria que enfrenta la nueva generación.
Tras eventos recientes, aunque muchos reafirmaron su identidad judía, otros optan por esconderla fuera de Israel, donde según Bernstein, no hay suficiente unidad entre los defensores de la causa judía. A pesar de las tensiones internas sobre política y religión en Israel, hay un orgullo intrínseco en su ciudadanía.
AS
