Expectativa y Ajetreo en Ezeiza
En el marco de una tarde primaveral de viernes, las horas avanzan rápidamente en medio de filas de maletas, anuncios y pasajeros que vigilan las pantallas en busca de sus vuelos. En el hall de salidas internacionales de Ezeiza, abundan las camisetas de la Selección, mochilas con el emblema de la AFA y charlas sobre la posibilidad de presenciar a Lionel Messi alzando la copa nuevamente, pero la sensación predominante en el aire es la urgencia.
A solo dos días para el enfrentamiento final del Mundial entre Argentina y España en Nueva Jersey, el principal aeropuerto argentino está sumido en una atmósfera que combina entusiasmo con nerviosismo. Muchos aficionados acceden a charlar por breves instantes antes de retomar su camino, mientras que algunos prefieren mantener discreción.
Testimonios de Aventureros
“Terminé un examen y vine corriendo. Estuve nerviosa pero emocionada todo el día,” comparte Belén Araujo con Clarín, ajustando su mochila y arrastrando una maleta de mano. Tras concluir su relato, echa un vistazo al reloj y apura el paso hacia la zona de embarque.
En una fila se discute sobre la posible alineación de la Selección; un poco más adelante, un grupo de amigos se toma una foto con la camiseta albiceleste antes de pasar por control de migraciones. Aunque el Mundial es tema recurrente en Ezeiza, no todos quieren revelar su destino.
Claudia, médica de profesión, viste una camiseta argentina bajo su chaqueta. Comenta a Clarín que está haciendo una breve escapada a Nueva York con su hija, aunque prefiere no compartir su apellido. Sonríe, responde lacónicamente y sigue su marcha. Como ella, varios pasajeros optan por un perfil discreto mientras aguardan el embarque.
Una Historia de Superación y Sueños
Celeste Iannelli y su hermana Camila aguardan cerca de la zona de embarque. Las dos tienen sus maletas alineadas y esperan con tranquilidad. En contraste con otros, no tienen prisa por finalizar la conversación. Para ellas, la emoción de esta final significa mucho más.
Celeste relata: “Padecí leucemia a los 14 años y tuve una recaída a los 20. Mi hermana fue mi donante de médula y gracias a eso estoy viva.” Camila la escucha con una sonrisa mientras Celeste cuenta su historia.
El Mundial pasado marcó tiempos difíciles para ellas: “Durante el Mundial de Catar, estábamos separadas. Ella en casa con papá, y yo en el hospital con mamá. El hospital era mi segundo hogar”, dice con emoción. En esta ocasión, su historia es distinta. Lograron viajar gracias a un concurso de Mercado Libre.
“Muchas personas se movilizaron para que Camila pudiera cumplir su anhelo de ver a Messi en una final. Millones colaboraron para hacerlo realidad y ahora estamos aquí, listas para abordar el avión”, añade Celeste, quien todavía lucha por asimilar la experiencia.
“Después de todo lo que atravesamos, viajar juntas ya es un premio. Mucho tiempo atrás no sabíamos si podríamos vivir algo así. Hoy estamos saludables, unidas y listas para presenciar una final del Mundial”, concluye.
Sin embargo, su sueño aún no está completo. “Estoy vendiendo un libro que escribí, “El lunes que elegí vivir”, para que mis padres puedan costear sus pasajes. Ellos nos apoyaron durante toda la enfermedad y anhelamos que también puedan estar allí. Esperamos hasta el último momento para ver si lo logran”.
Concluyendo su relato, los altavoces anuncian la partida de otro vuelo internacional. Varias personas se apresuran a levantar sus equipajes y las filas vuelven a avanzar.
Jorge Fontana también aguarda su momento. Viaja a Estados Unidos para visitar a una sobrina y experimentar la final: “Hay mucha emoción. Incluso aquí en el aeropuerto se perciben las expectativas de los argentinos. Todos estamos rebosantes de esperanzas y eso es lo que realmente importa”.
Más atrás, Ricardo Franciosa avanza tranquilo entre viajeros apresurados. “Disfruto ver a los argentinos disfrutar por esta ocasión”, menciona antes de dirigirse al check-in.
A medida que se acercan las horas de diversos vuelos, el movimiento dentro del aeropuerto incrementa.
Faltan aún dos días para la final entre Argentina y España, pero en Ezeiza, la cuenta regresiva inició hace tiempo. Esto se evidencia en las camisetas repartidas entre las filas, como si fueran el uniforme requirido para los vuelos de esta tarde. Las conversaciones que se entrecruzan, incluso entre desconocidos, giran en torno al mismo sueño, y el paso apresurado de aquellos que no desean perder su vuelo refleja las ganas por guardar palabras para el domingo más esperado por la nación.
El entusiasmo y la ansiedad convierten al aeropuerto en el primer sitio de encuentro para miles de argentinos que emprenden el mismo viaje con la esperanza de ver a la Scaloneta triunfar en este Mundial 2026.
