Florencia aguarda con entusiasmo los lunes y miércoles, los días reservados para entrenar junto a sus amigas. Los sábados también son significativos, siendo el día de partido, y además del entusiasmo, han introducido encuentros amistosos los viernes. “Sí, claro que sí, adoro jugar. Comencé en 2024 y desde entonces no he dejado de hacerlo”, expresa Florencia, quien cuenta con un título en administración de empresas y un posgrado en finanzas. A sus 35 años, comparte la pasión con compañeras de entre 23 y 43 años, algunas son madres, otras estudian, y casi todas tienen algún empleo.
El nacimiento de un espacio
El conjunto conocido como Copa FC, compite en el Polideportivo de Cramer, bajo el torneo de Tiempo Extra y representa a Copa Norte. “En septiembre de 2022 inauguramos el fútbol femenino como un espacio de recreación para chicas que nunca habían jugado y buscaban compartir y conocer nuevas personas, enfocándonos en el aspecto social más que en la competitividad”, menciona Lucas Villar, quien dirige técnicamente, entrena futsal y lidera Copa Norte Fútbol.
Un fenómeno en expansión
En la actualidad, unas 70 mujeres participan semanalmente en el deporte. “Es estupendo ver tantas mujeres en el fútbol, es una actividad sin barreras de género y debería ser disfrutada por todos”, afirma Lucas. Algunas participantes solo desean diversión, mientras que otras buscan competir.
Existen torneos amateurs, algunas chicas juegan por placer, y los clubes y colegios están comenzando a ofrecerlo a sus alumnas. El fútbol femenino ha dejado de ser algo esporádico para instaurarse como un fenómeno social y deportivo. Tras décadas de relatos aislados y actos de resistencia, se convierte en una realidad evidente con números y audiencia en crecimiento, así como un prometedor futuro en el mercado.
La trayectoria histórica cuenta con hitos significativos. Aunque en 1971 la selección argentina participó de un Mundial no oficial, no fue sino hasta 1991 que la AFA organizó el primer torneo femenino oficial. Durante más de 30 años, el campeonato fue amateur, hasta que en 2019, como resultado de las demandas públicas de jugadoras como Macarena Sánchez, se anunció la profesionalización parcial de la Primera División. Desde entonces, se requiere que cada equipo de Primera cuente con contratos profesionales y estructuras específicas.
En simultáneo al avance del movimiento feminista entre 2015 y 2019, se fundaron más escuelas de fútbol femenino para niñas y se popularizaron los torneos barriales y la presencia en clubes tradicionales.
Popularidad y aceptación
El crecimiento del fútbol femenino ahora se beneficia de estadísticas concretas sobre su consumo. Según un estudio realizado por WINN Sports y VOICES!, aproximadamente 3 de cada 10 argentinos practican fútbol al menos una vez al mes. Aunque sigue siendo predominante entre los hombres, 1 de cada 4 mujeres ha jugado en el último año. De aquellas que consumen fútbol femenino, más del 50% también participa en el juego.
El estudio revela que el fenómeno cuenta con una amplia audiencia: 3 de cada 10 argentinos consumen contenido de fútbol femenino al menos mensualmente, y un 14% lo hace semanalmente. Entre los habituales jugadores de fútbol, el interés se eleva al 57%.
El 65% de la población percibe que el fútbol femenino no recibe la visibilidad que merece, y entre quienes lo siguen, ese porcentaje sube al 77%. Además, el 60% considera que podría atraer a personas ajenas al fútbol en general, ampliando su público. En cuanto a las marcas, el 55% mejora su valoración cuando una empresa respalda la disciplina, llegando al 79% entre los seguidores frecuentes, lo que convierte al fútbol femenino en una plataforma de alto valor reputacional.
Con la combinación de profesionalización, expansión a nivel nacional, aceptación social y baja saturación comercial, el fútbol femenino en Argentina ya no es una simple promesa, sino una realidad actual. Su avance representa no solo un movimiento en el deporte, sino una transformación cultural que redefine quiénes son parte del juego.
Testimonios de jugadoras
“Es crucial para mí que el fútbol femenino se expanda y se desarrollen espacios, pues es una actividad saludable. El crecimiento global es notable y en Argentina es una pasión sin género, por lo que es esencial promover espacios que muestren el talento disponible, permitiendo que ese talento triunfe internacionalmente”, sostiene Estefanía Banini, la número 10 de la selección argentina en declaraciones al medio Clarín.
Inició su carrera a los 7 años en Mendoza, su lugar de nacimiento. Actualmente, a sus 35 años, juega como mediocampista en el Levante Badalona, dentro de la Primera División Femenina de España. Sin embargo, tiene aspiraciones en Argentina: “El fútbol es parte del ADN argentino, y ahora lo vivimos sin discriminar, aunque aún hay mejoras por hacer. Cada vez hay más niñas practicando, más apoyo de los padres y más espacios disponibles. Esto me llena de alegría”.
“He decidido crear un proyecto para impartir charlas y comunicarme con las chicas, compartiendo mi experiencia, creando academias y campus para entrenamientos”, comenta Estefanía. “La iniciativa busca ofrecer un lugar donde las futbolistas encuentren todas las herramientas necesarias de la mano de profesionales. Mi objetivo es acompañar a cualquier niña o mujer que aspire a alcanzar su máximo potencial, apoyando sus sueños”.
“Tengo una gran pasión por este deporte y considero que aún necesitamos espacios con entrenadoras experimentadas. Es vital que esto se desarrolle en Argentina, dado el talento que, bien guiado, puede llegar lejos. Mi objetivo es que Argentina se convierta en una potencia”, añade Banini.
Concluye: “El papel de las mujeres en Argentina se está volviendo más relevante, y luchamos por igualdad de condiciones en muchos campos laborales. Este es otro espacio que las mujeres estamos ganando. Ya no se percibe mal que una mujer practique este deporte, y eso me da mucha felicidad porque como sociedad, estamos evolucionando”.
Una nueva generación
“Desde pequeña, siempre me apasionaron los deportes, especialmente el fútbol y cualquier actividad con balón”, relata Kerem Amarillo, de 9 años. Comenzó en un club barrial en Rosario, jugando al fútbol 5 sobre césped sintético, pues había escasez de clubes con fútbol femenino cuando ella inició a los 5 años.
A los 8 años, Kerem se integró más intensamente en ADIUR (Agrupación Deportiva Infantil Unión Rosario), un equipo de la liga rosarina, ingresando en la categoría sub-10, junto a chicas mayores. Comenzó a entrenar diariamente, su pasión creció a la par que participaba en torneos de fútbol los domingos por la mañana.
Tuvo la oportunidad de asistir a una clínica a fin de año organizada por el Barcelona, que aceptó con entusiasmo. Fue un curso intensivo de una semana al que concurrieron 150 niños. En esta actividad, fue seleccionada para otra clínica a realizarse en España del 21 al 28 de marzo, con chicos de todo el mundo. Kerem aún no puede creer que jugará donde alguna vez lo hizo Messi, en La Masía, en el Camp Nou. Actualmente también está inscrita en el Social Lux de Rosario. Encontraron dos profesoras dentro de su equipo, y ese descubrimiento, dice, avivó aún más su amor por el fútbol.
