Recientemente, once sociedades científicas en Estados Unidos han presentado las nuevas pautas para gestionar el colesterol. Un aspecto destacado del documento es que a menudo los médicos no comienzan el tratamiento a tiempo, medicando a los pacientes cuando la aterosclerosis ya ha causado daños considerables en el organismo.
Las estatinas son la herramienta terapéutica más comúnmente empleada cuando los niveles de colesterol superan los límites recomendados. Los cardiólogos toman en cuenta diversos factores relacionados para determinar la estrategia óptima para tratar esta enfermedad.
Sin embargo, en tiempos recientes, han circulado en redes sociales narrativas que advierten sobre los efectos secundarios de estos fármacos, enfocándose principalmente en los dolores musculares. Estos efectos han sido documentados por años, pero su presencia en el debate público ha resurgido, creando incertidumbre.
El mecanismo de acción de las estatinas
El propósito de las estatinas es inhibir ciertas enzimas hepáticas responsables de producir colesterol, lo que contribuye a prevenir la acumulación de grasa en los vasos sanguíneos y, en consecuencia, la obstrucción de los mismos. También reducen la inflamación resultante del bloqueo arterial, disminuyendo así el riesgo de enfermedad cardíaca.
En una entrevista con el cardiólogo Fernando Botto, especialista del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), se abordó el tema de las estatinas. Botto subraya la importancia de que las comunicaciones de salud estén siempre basadas en evidencia científica.
Botto utiliza un razonamiento lógico y a menudo olvidado al hablar de efectos secundarios de medicinas: la comparación entre riesgo y beneficio. Resumiendo las conclusiones: “El 90% de las mialgias no son causadas por las estatinas”.
Realidad versus percepción
Botto afirma: “Cada medicamento en la medicina alopática tiene efectos secundarios. La aspirina puede causar hemorragias cerebrales y aún así se administra a niños. Las estatinas tienen efectos no deseados, como cualquier otro medicamento”.
Botto ejemplifica: “Ser operado del apéndice presenta un mínimo riesgo de fatalidad, mientras que no hacerlo conlleva a la peritonitis. En medicina, siempre se trata de equilibrar riesgo y beneficio. Las estatinas pueden causar mialgias, como se mostró en el estudio HOPE-3, en el que participé. En este estudio, la administración de 10 mg de rosuvastatina mostró 6 casos de mialgias por cada cien, en comparación con 5 por cada cien en el grupo placebo”.
Botto concluye: “Aunque hay una leve diferencia porcentual en los informes, afirmamos que la rosuvastatina ocasionó mialgias frente al placebo. Sin embargo, reduce el riesgo de infarto, muerte cardiovascular o ACV en un 30%. De cada 100 eventos críticos que iban a suceder, ahora 70 ocurren”.
Consideraciones a largo plazo
Para clarificar, Botto agrega: “Tomando un grupo de 10 mil personas de alto riesgo cardiovascular, observándolas durante cinco años, se logra una reducción significativa de eventos mayores, a un costo mínimo de mialgias”.
Concluye Botto: “Existen otros daños musculares graves asociados a las estatinas, capaces de provocar insuficiencia renal. La probabilidad es de 1 caso por cada 2 mil pacientes tratados. Pero considerando un beneficio de 1 cada 32 en enfermedades vasculares, y si el paciente informa pronto y el médico actúa, el daño es reversible en la mayoría de los casos”.
