Cada ocasión en que Marina Haag observa un arcoíris, lo percibe como una señal de bienestar para sus hijas. Por ello, los nombres “Delfi” y “Pilar” aparecen grabados entre pinturas multicolores, patines y corazones, junto al mensaje “No te rindas”, en los pequeños puentes del paseo del barrio Evita donde vivían.
Un homenaje persistente
Esta es una forma en la que los residentes han elegido transformar el duelo en algo positivo. Es un acto de resistencia, un recordatorio constante de lo vivido y de seguir adelante, a pesar del dolor.
Recuerdos del desastre
En Bahía Blanca, la vida continúa como puede. Todos, en menor o mayor grado, sufrieron pérdidas aquel 7 de marzo de 2025, cuando la ciudad fue devastada por las aguas en cuestión de minutos. El desastre cobró 18 vidas, dejó cientos de desaparecidos y desplazados, y destruyó innumerables hogares y comercios. La memoria colectiva aún revive el recuerdo del 16 de diciembre de 2023, cuando un feroz temporal causó 13 muertes.
Al cumplirse el primer aniversario de la inundación, un equipo de Clarín regresó al epicentro del sufrimiento. Allí se encontró con un dolor que, aunque silencioso, es profundamente agudo. Para los vecinos, basta con cruzar un puente para que las heridas vuelvan a abrirse.
Persistencia del miedo
La desbordante lluvia del 7 de marzo colapsó el Canal Maldonado, derribando puentes que comunicaban barrios. Para muchos, esta escena es el símbolo de un temor constante. Los residentes de Bahía Blanca no pasan un día sin revisar el pronóstico del tiempo, más vulnerables que nunca a los cambios meteorológicos.
Jesica Lucas cruza casi diariamente el puente de Av. La Plata y Catamarca, en el sur de Bahía. Según cuenta a Clarín, aunque es el que mejor se encuentra, lleva un año con un soporte dañado, que podría colapsar en cualquier momento.
El paso es peligroso; las personas de mayor edad, o con problemas de movilidad, utilizan una escalera de madera improvisada en el lateral. Vehículos no pueden atravesarlo; incluso los motociclistas se ven forzados a dar la vuelta una vez advertido el estado del puente.
El lento proceso de reconstrucción
El municipio de Bahía Blanca ya trabaja en reconstrucciones, especialmente en los puentes sobre la calle Don Bosco y Pampa Central. A fines de febrero, se firmó un convenio entre el Ministerio de Infraestructura y el municipio para iniciar la regeneración extensa y sostenible del Canal Maldonado, como parte del Plan de Reconstrucción Integral de la ciudad.
Federico Susbielles informó recientemente que este proyecto se desarrollará en seis fases extendidas a lo largo de 6 kilómetros, cuyo objetivo es ampliar el canal de 19 a 26 metros, logrando aumentar su capacidad a 900 metros cúbicos por segundo.
Se construirán 16 puentes nuevos e infraestructuras complementarias, incluyendo ciclovías y paseos, con una inversión provincial de $109.000.000. La segunda etapa ya ha sido adjudicada y hay un Plan Hidráulico conjunto con la Provincia.
“La comunidad desearía que todo avance más rápido y eficientemente. Sin embargo, esta obra es compleja y costosa, y hasta ahora, se financia solo con fondos provinciales y municipales”, explica Matías Torres, residente que asistió a los afectados por ambas tragedias en la ciudad.
“En febrero de 2025, enfrentamos un granizo devastador antes de la inundación. Nuestra estabilidad emocional está por el suelo, ya cualquier alerta, incluso trivial, nos genera ansiedad de lo que podría suceder”, continúa Matías.
La tranquilidad es escasa para quienes habitan cerca del canal o del arroyo Napostá, en las zonas periféricas. Hace un año debieron abandonar sus hogares para salvarse. El agua no solo arrasó con bienes materiales, sino con una parte del alma de barrios como Evita.
Sofía Méndez, vecina del área, comenta que los días posteriores a la inundación fueron los más angustiosos por la desesperación de rescatar lo que se pudiera.
“Todo se llenó de agua, excepto por estas dos cuadras donde estamos ahora. La comunidad estaba muy afectada, preocupada por el estado de sus pertenencias y las condiciones de sus hogares. Nadie comprendió de inmediato lo que realmente había sucedido…”, dice Sofía, recordando especialmente a Marina Haag, su amiga.
Un legado de resiliencia
Marina y Andrés Hecker, padres de Delfina (1) y Pilar (5), son queridos en el barrio Evita. Tras la tragedia, Marina encontró en Sofía, a través del Centro Cultural Flores, un pilar de apoyo y amistad.
Ambas se empeñaron en limpiar la entrada del barrio, transformándola en un espacio verde en memoria de tres mujeres: Pilar Hecker, Delfina Hecker y Andrea Sepúlveda, una vecina fallecida en 2021 debido a un accidente de tráfico.
Con la ayuda de los vecinos y la recolección de materiales, la zona ha mejorado. Ahora, los nombres de estas mujeres están perpetuados en los puentes del barrio.
“El arcoíris siempre reconforta a Marina, para ella es una confirmación de que sus hijas están presentes. Incluso amiguitas de Pili contribuyeron a la pintura”, comenta Sofía, detallando los proyectos de Marina para recordar a sus hijas, como colocar un cartel en la entrada de General Cerri, el lugar donde las niñas desaparecieron, con una foto de ellas junto a Rubén Salazar.
La camioneta que conducía Salazar permaneció al costado de la Ruta Nacional 3 por mucho tiempo, sumida en el barro y la humedad, y solo fue retirada recientemente, en febrero.
Infraestructura emergente y problemas persistentes
Sobre esta ruta 3, a la altura de la intersección con Av. Buenos Aires, la imagen es de camiones atravesando el puente modular que el Ejército Argentino montó en marzo de 2025 sobre el arroyo Maldonado para conectar provisionalmente ambas partes de la ciudad. Lo temporal se hizo permanente, y otro puente similar vincula Pampa Central con Villa Nocito.
La instalación de estos puentes generó controversia cuando se conoció que se cobraría una tarifa por su uso: $17.670.949 por cada uno, según declaraciones de Gustavo Guillermo Trankels, secretario de Obras Públicas de Bahía Blanca.
“El barrio quedó en malas condiciones. Los niños se asustan con cada tormenta; las tensiones aumentan. Nuestros hogares habían sufrido un temporal antes, con el viento, y luego la inundación agravó todo. Nos sentimos desamparados, especialmente con los subsidios que debían llegar y nunca lo hicieron, debido a nuestra condición de barrio popular”, explica Sofía.
El problema de los subsidios sigue presente, según señalan los residentes a Clarín. Algunos recibieron el apoyo de la Provincia ($800.000) y de la Nación ($2.000.000 para áreas de impacto medio y $3.000.000 para áreas de impacto alto), mientras que otros solo recibieron uno, o incluso ninguno.
Sergio Martínez, quien tiene un local en Ingeniero White, comenta que aquellos que solicitaron subsidios en su área los obtuvieron, pero los comerciantes fueron excluidos: “Se ofrecieron subsidios en Bahía solo para zonas particularmente afectadas, verificando a través de las facturas de luz. Quienes no tenían el suministro a su nombre no pudieron acceder a ellos”.
Con respecto a los subsidios, Matías Torres elaboró y publicó una lista con nombres de entre 2.000 a 2.500 personas que no habían recibido el de Nación. Apunta que el sistema online y el 0800 no fueron suficientes para asegurar que toda persona necesitada lograra su cobro.
Desde el Ministerio de Seguridad de Nación informaron que de 41.636 inscritos, 4.655 fueron rechazados por incumplimientos. El BID supervisó el proceso, señalando el uso de un presupuesto total de $82.604.000.000 y la acreditación a todos los beneficiarios aprobados.
Algunos negocios recibieron compensación de fondos municipales, y se establecieron alivios fiscales para tasas municipales, aunque no para todos. “El Estado nacional y provincial nos eximió de impuestos hasta enero, pero ahora debemos pagarlos con intereses. Esto complica bastante la situación”, añade Sergio.
Para Sergio y sus vecinos en White, tanto durante el temporal anterior como durante la actual crisis, el trabajo de la municipalidad ha sido deficiente. “Hubo una distribución desigual de la ayuda, algunas casas recibieron más apoyo que otras”, concluye.
PS
