Recientemente, se han diseminado amenazas de tiroteo en diversas escuelas a lo largo del país, desde la Capital hasta Tucumán, Córdoba, Mendoza y la provincia de Buenos Aires. Frases en redes sociales, mensajes en baños y grafitis que causan pánico de inmediato.
La respuesta instantánea suele ser similar: policía en las puertas, suspensión de clases, comunicados oficiales. Todo ello es necesario, pero no suficiente.
Porque el inicio de este problema no se encuentra en un muro, sino en una pantalla.
Estamos ante un fenómeno bien conocido por los profesionales de la enseñanza digital: cadenas de falsas amenazas, hoaxes, que se propagan rápidamente en plataformas como TikTok, Instagram y WhatsApp. Alguien lo publica, otros lo reproducen y se vuelve viral. Los jóvenes las comparten, a menudo sin comprender la gravedad de sus acciones. Sin percatarse de que divulgar un mensaje de este tipo puede ser un acto delictivo.
No es un simple juego. No es un desafío inocente. Es una intimidación pública.
Y la institución educativa tiene una voz en este asunto, no desde los protocolos de seguridad, sino desde las aulas.
Abordaje pedagógico de la situación
¿Cómo se aborda esto desde una perspectiva educativa?
Primero: evitar tanto minimizar como exagerar. Es crucial dar nombre a lo sucedido de manera clara. Trabajar en el salón las diferencias entre una broma, un rumor, y una amenaza real. Explicar el concepto de un hoax y su capacidad de viralización. Cuestionar: ¿Cuál es la intención detrás de esto? ¿Qué efecto busca generar? ¿Qué ocurre si decido compartirlo?
Responsabilidad en el uso de redes sociales
Segundo: tratar la responsabilidad en el uso de redes no con sermones, sino con conversaciones auténticas. Los jóvenes tienen mucho que añadir sobre este tema, más de lo que solemos considerar.
Tercero: comprender que la alfabetización digital crítica dejó de ser un añadido en el currículum. Se ha convertido en una prioridad. No debe ser vista como una asignatura independiente, sino como un eje transversal en la vida escolar.
El papel de la familia
Las familias también juegan un papel importante. Las autoridades educativas sugieren que estas entablen diálogo con sus hijos. Pero dicho intercambio no debería limitarse a preguntar “¿enviaste algo?”, sino más bien “¿comprendes por qué esto es perjudicial?”
El temor suscitado por estas amenazas es auténtico, aunque estas sean infundadas. Es igualmente esencial enseñar que lo viral tiene repercusiones tangibles para las personas reales: en la docente que llegó asustada a su clase, en el estudiante que prefirió no asistir y en la familia que pasó una noche sin poder dormir.
La escuela, aunque no puede solucionar lo que las redes amplifican, sí puede ser el espacio donde aprendemos a interpretar, comprender y actuar con responsabilidad. Necesitamos educarnos y educar en ciudadanía digital. Hoy más que nunca, es una necesidad imperiosa.
* El autor es especialista en Educación y Magíster en Política y Administración de la Educación
RB
