Demanda sorprendente crece para una vacuna que parecía olvidada: descubre el motivo

En las semanas recientes, un inmunizante que parecía haber caído en el olvido ha resurgido de manera notable: la vacuna contra el Covid. Un número creciente de personas está optando por aplicársela, pero lo que llama la atención es que este fenómeno se está produciendo principalmente en clínicas privadas, no en las instalaciones públicas.

Clarín pudo confirmar a través de la cadena Vacunar, que la solicitud de esta vacuna ha aumentado de tan solo 200 dosis mensuales a 1.200, lo que implica un incremento de un 500 por ciento. Este crecimiento se debe principalmente a dos factores: el inicio de la campaña contra la gripe y, de manera más curiosa, la información sobre qué tipo de vacuna se ofrece.

Incremento en el sector privado

Aunque la aplicación total de vacunas sigue siendo reducida, esta cifra trae consigo un significado que va más allá de la cantidad, indicando una nueva predisposición en un campo hasta ahora poco explorado. “Informamos a las personas sobre las características de la vacuna y su composición, y eso los persuade de recibirla”, indicaron las fuentes de Vacunar.

En los centros privados, la vacuna contra el Covid disponible es la Arvac, mientras que la opción pública sigue siendo la de Pfizer. La diferencia radica en su tecnología: la estadounidense emplea el innovador ARN mensajero, asociado a posibles efectos adversos leves y ocasionalmente severos. En cambio, la vacuna argentina es de proteína recombinante, una tecnología tradicionalmente más bien tolerada.

Desinterés en los centros públicos

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Generalmente, quienes acuden a vacunarse contra la gripe en el entorno privado también optan por recibir la vacuna del Covid, especialmente después de escuchar al personal sanitario explicar los beneficios de una dosis anual, sobre todo si forman parte de un grupo de riesgo. Esta disposición trasciende el temor al virus en base al número de casos actuales.

El interés renovado en clínicas privadas contrasta con la situación permanente en los vacunatorios públicos. El interés por la vacuna de ARNm ha decaído, generando impactos tanto sanitarios como económicos. La tasa de desecho es elevada, pues cada vial ofrece seis dosis y al abrirse hay que administrar todo su contenido, aunque la demanda no siempre existe.

Durante el período de abril de 2024 a abril de 2026, se recibió un total de 3,5 millones de vacunas en el sistema público de las que solo 1,2 millón han sido aplicadas, significando que apenas el 34% de las dosis adquiridas han sido utilizadas.

La trayectoria de la vacuna de Pfizer es notable: de ser altamente deseada en los tiempos más críticos de la pandemia a su presente, en el que su nombre apenas se recuerda. A finales de 2020, muchos en Argentina esperaban con ansias su llegada, pero las circunstancias desaprovecharon estas expectativas.

Actualmente, el gobierno de Javier Milei se enfrenta a la tarea de encontrar un destino adecuado para un contrato con Pfizer que aún tiene un saldo cercano a los 10 millones de dosis. Una opción en discusión sería intercambiar esos immunizantes por otros medicamentos con igual valor, para que se aprovechen mejor socialmente.

Desde el sector de Salud, se considera que dar ese paso sería lo más conveniente. En este contexto, la “experiencia” que llevan a cabo ahora los centros privados cobra importancia. “Al explicar que hay una opción de vacuna que apenas conlleva efectos secundarios, se reduce el rechazo a vacunarse”, comenta una fuente implicada en la promoción.

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Aparece un problema adicional crítico: el segmento de los bebés y los niños. La gravedad del Covid con hospitalización afecta tanto en la infancia temprana, por falta de anticuerpos, como en la senectud. Esto se debe en gran medida a la insuficiente vacunación y a que los médicos parecen no estar promoviendo el uso de la vacuna de Pfizer en menores.

Esto crea un vacío sanitario complicado de llenar, dado que la vacuna Arvac cuenta con autorización de la ANMAT solo para mayores de 18 años. A pesar de ello, hay planes en desarrollo para realizar estudios clínicos que podrían extender el uso de la vacuna argentina a la población infantil, desde los 6 meses de edad.

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