Testimonio de la víctima de un rito de iniciación en el equipo de hockey: “Me sentí humillada y diminuta

“¿Eres virgen?”, indagó una deportista de 31 años, la más experimentada del grupo de hockey, a la joven que recientemente había debutado en la categoría superior. Esta aparentemente insólita pregunta, realizada después de un entrenamiento, cobró sentido cuando se reveló que durante el bautismo de bienvenida del equipo, se llevaron a cabo humillantes prácticas con implicaciones sexuales.

Se estableció un acuerdo de silencio. Nadie debía hablar sobre lo acontecido en el vestuario aquel 21 de abril de 2023, durante el llamado “bautismo de primera”. Sin embargo, una de las participantes valientemente narró los abusos sufridos, lo que provocó la intervención de la justicia. En esta semana, seis jugadoras de hockey del club Alemán de Mendoza fueron acusadas por abuso sexual simple hacia una menor de 16 años.

El fiscal Mauro Perassi añadió cargos por haber sido el acto cometido por varias personas. En total, hay diez acusadas (el martes se revelarán las cuatro acusaciones restantes). Todas continúan jugando hockey en el club donde sucedieron los presuntos abusos, excepto la denunciante.

“Estuve más de una hora con los ojos vendados, como si estuviera en una tortura; mis ojos hinchados de llorar, me sentí humillada, diminuta”, relata entre lágrimas la adolescente que, a sus 16 años, fue víctima de sus compañeras de equipo, quienes oscilaban entre los 18 y 31 años de edad.

Recibe al diario Clarín en la entrada de su hogar, ubicado en un renombrado conjunto residencial en Mendoza. A sus 19 años, de figura delicada y mirada resplandeciente, se le percibe calmada y madura.

La joven ahora tiene 19. Los eventos que denuncia ocurrieron cuando tenía 16. Foto Ramiro Gómez

Los sucesos le causaron pesadillas nocturnas. Se vio forzada a cambiar de equipo porque no podía seguir entrenando con los denunciados. A los seis meses, abandonó la actividad deportiva que había practicado desde los ocho años.

Comenta que perdió su sentido de pertenencia, y que sus amistades se alejaron porque rompió el pacto de silencio. Durante los momentos más preciados de su adolescencia, tuvo que enfrentarse al proceso de cámara Gesell, a incesantes interrogatorios judiciales y a críticas del entorno del hockey.

“No extraño el hockey como deporte porque continúo practicando gimnasia. Pero sí añoro el espacio que me proporcionaba ese deporte excepcional, donde podía ser mi mejor versión, como jugadora, capitana y compañera”, confiesa.

A lo largo de su conversación con este diario, la joven (ahora estudiante de segundo año en una universidad privada) llora, su voz se quiebra, pero nunca se derrumba completamente. “Solo deseo que este dolor no le suceda a nadie más en el ámbito del deporte”, expresa.

Se protegerá la identidad de ella y de las diez jugadoras acusadas de abuso sexual simple agravado, quienes fueron sus compañeras de equipo, a pedido de la familia.

La denunciante inició su carrera a los ocho años en el club Alemán, ubicado en Guaymallén. Fue la capitana de su equipo en categorías inferiores y participó en el seleccionado provincial de hockey. “El club fue mi refugio, donde transcurrió gran parte de mi niñez y adolescencia. Allí estaban mis amigos, los entrenamientos, los torneos, todo lo que me apasionaba”, afirma.

Pero tras la denuncia, todo cambió. “Nos confirmaron en el club que ya habían tenido experiencias similares e incluso más complicadas, pero que eran habituales en el deporte. El problema, según los directivos, fue que mi hija lo tomó mal”, relata la madre, quien la apoya y consuela.

El mismo día en que la joven les confesó a sus padres lo ocurrido, la madre expresó su inquietud en el grupo de WhatsApp de padres de la categoría de primera. “Como nadie más reaccionaba, decidimos contactar al presidente del club, Guillermo Ricciardi. Inicialmente nos evitó y luego solicitó que formalizáramos la queja por escrito”, rememoró la madre.

El apoyo familiar. La madre de la joven la respalda en su demanda. Foto Ramiro Gómez

El documento que describe lo sucedido en el vestuario, elaborado por la propia víctima, fue presentado por el abogado del club ante la Justicia penal.

“Nunca nos informaron en el club que remitirían la denuncia, nos enteramos cuando la Fiscalía llamó a mi esposo para que ratificara la denuncia”, contó la madre.

Detalles de la acusación

La carta de la joven a las autoridades del club aparece al inicio del expediente: “La capitana nos buscó indicando que todo estaba preparado para nosotras en el baño de la cancha de hockey. Después formaron una fila en la puerta del baño, entrando una a una. Al estar todas dentro, L. (nombre resguardado) ordenó que nos quedáramos en ropa interior. Una de ellas sugirió que podíamos conservar las calzas. L. continuó diciendo que teníamos 30 segundos para cubrirnos los pezones con papeles proporcionados. Al menos cuatro personas daban instrucciones. Una de mis compañeras (seis éramos las iniciadas) solicitó que no grabaran, pero de todas formas lo hicieron.”

El relato continúa indicando que tres de las participantes (identificadas en el expediente por nombre y apellido) “nos cubrieron los ojos con toallas femeninas. A una de las novatas que le teme a los peces, le hicieron oler atún pese a sus súplicas. Vendadas, nos hicieron avanzar una a una hasta la otra sección del baño, en cuclillas, con un hueso de perro en la boca. M. decía: “Ponte en cuatro y muerde este hueso, eres un perro”, detalla la víctima en su carta.

“Además, hacían comentarios sexuales sobre la posición en que nos encontrábamos (aludían al entrenador y por qué nos seleccionó). Se escuchaban las humillaciones y risas del resto del equipo principal. M. aplicó ají en nuestros labios y lengua repetidamente. Me causó una reacción alérgica y ardía mucho. Pese a mis repetidas súplicas, me siguieron aplicando más. Me provocó tanta irritación que lloré”, aparece en la causa judicial.

“Nos untaban con mezclas repugnantes. Sentía mucho malestar, pero estaba tan intimidada y humillada, con miedo a que reaccionaran mal si expresaba mis deseos de irme, que no pude decir nada”, confesó la víctima.

La descripción continúa: “‘A la cuenta de 3, griten gol, con toda su energía’. Nos forzaron a abrir la boca al gritar y nos introdujeron una salchicha. A. (una de las novatas) cayó al suelo y otra se cubrió la boca. No lograron introducirles la salchicha a la primera, así que las obligaron a abrir la boca nuevamente. Durante esta situación seguían untándonos con las mezclas, tocando nuestros brazos, panzas y piernas. M. me colocó una morcilla entre la calza y la ropa interior. Moví la morcilla para evitar el contacto con mis genitales. M. me advirtió que no la moviera, pero lo hice igual”.

En una misiva al club, la joven relata los detalles de lo vivido. Foto Ramiro Gómez

El maltrato continuó: “Algunas del equipo principal empezaron a decolorar nuestro cabello. M. fue quien decoloró el mío. Aplicó el químico sobre mi cuero cabelludo, y aunque le dije que me ardía, nadie actuó. Esto causó quemaduras en mi cuero cabelludo”.

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El final tuvo lugar en la ducha: “Nos mantenían vendadas, nos paraban en las duchas, una por una. M. me solicitó que probara algo abriendo la boca. Rechacé hacerlo y escuché a S. diciendo que solo tocara con la lengua. Me dieron un líquido que supongo era yogurt con ajo o yogurt en mal estado. Después nos indicaron que podíamos quitarnos las vendas. Al abrir los ojos, M. me vertió esa mezcla sobre el torso y arrojó un preservativo sobre mí, explicando que de allí provenía lo que había probado”.

“Al concluir, estaba casi sin ropa, pues el cintex se despegó de mi piel. Aunque advertí esto, continuaron grabando. Nos dijeron que debíamos dirigirnos, como estábamos, al otro baño para bañarnos. Me negué, ya que había mucha gente y no quería ser vista semi desnuda. Nos encontramos sin nada para asearnos”, lamentó la joven.

El patrón de silencio

Al día siguiente del bautismo, el 22 de abril de 2023, el grupo se reunió. El expediente de las imputaciones detalla el intento de cubrir lo ocurrido: “Las mayores indicaron que quienes sufrieron el abuso debían mantener silencio, argumentando que esta bienvenida era parte de las dinámicas del equipo y resaltando la importancia de mantener los códigos del grupo”.

Las veteranas revisaban los videos y se mofaban. La denunciante narra: “Una compañera pidió ver los videos para asegurarse si su desnudez era visible y pidió que los borraran, pero fue ignorada”.

En la página 34 del expediente figura la carta que las acusadas remitieron a la directiva del club ante el riesgo de sanciones. Se trata de jugadoras de entre 21 y 34 años, muchas profesionales, incluyendo psicólogas, kinesiólogas y profesoras de educación física.

En su defensa manifestaron: “Estimada Comisión Directiva del Club Alemán de Mendoza, las jugadoras que participamos en la recepción del 21 de abril respondemos a su solicitud. Estas bienvenidas son un ritual histórico a nivel mundial en el deporte, no exclusivo del hockey ni del Club Alemán de Mendoza”.

Prosiguen: “Nosotras experimentamos bienvenidas semejantes tanto en el Club como en el Seleccionado Mendocino de Hockey. Esta práctica es histórica y nunca ha sido prohibida”.

“Desde pequeñas soñamos con llegar a jugar en primera división. La bienvenida del equipo busca celebrar el debut en primera división de aquellos que siempre aspiraron a llegar”, dijeron.

Las diez jugadoras firmantes del documento confirmaron haber planeado el evento (incluso formaron un grupo de WhatsApp para ello): “Basamos la recepción en las experiencias que tuvimos, procurando evitar lo que nos incomodó. Esta costumbre es conocida por deportistas, entrenadores y directivos de diversos clubes a nivel mundial; los directivos fueron informados previamente”, argumentaron.

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Aceptan que las prácticas denunciadas ocurrieron, incluso admiten que deben eliminarse, pero niegan el modo en que fueron realizadas: “Negamos categóricamente las prácticas vejatorias y sexualizadas detalladas en la nota presentada. No hubo contacto con la genitalidad de la denunciante, ni con nuestros cuerpos ni con otros objetos”.

Subrayaron como defensa que la joven no fue obligada a participar. “Se aclaró que su participación era opcional. No se formularon comentarios inapropiados ni se realizaron contactos físicos con ella, menos aún con sus genitales. Tampoco nos burlamos”.

Concluyeron argumentando que las actividades no tenían, para ellas, connotación sexual y que fue una percepción errónea por parte de la joven. “Diariamente nos duchamos y cambiamos juntas”, declararon.

La fiscal Mercedes Moya, previamente sancionada por desestimar un caso de abuso de un niño sordomudo en el instituto católico Próvolo, archivó la denuncia del hockey al no encontrar indicios de delito.

A petición de los abogados de la joven, un juez de garantías retomó el caso, ordenando una nueva investigación.

“En el 2023, tuve que dejar el club por la denuncia. Me uní a otro equipo, pero la presión y el estrés me llevaron a abandonar el deporte”, relata la joven.

Seis personas pasaron por experiencias similares, pero ninguna se atrevió a denunciar. “No criticamos a esas familias, pero respaldamos el coraje de nuestra hija para que este relato impulse a otros a hablar”, afirman sus padres.

Este caso incitó a la Legislatura mendocina a debatir una propuesta de Giuliana Diaz, presidente de la liga femenina de fútbol, para añadir una cláusula en la Ley Provincial de Deportes que prohíba ritos de iniciación, eliminando y sancionando estas prácticas en todos los deportes de la provincia.

AS

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