Preocupaciones de UNICEF por la representación de los niños en la TV de Argentina

“Juventudes criminalizadas”, “Adolescentes violentos: el delito no es un juego”, “Batalla entre estudiantes en Merlo: choque entre colegios a puro golpe”, “Un grave desafío, repartir balas: un niño con arma y chicos armados”. Estas frases, presentadas a modo de titulares, forman parte de un informe de UNICEF junto al Observatorio de Televisión de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. El estudio no solo plantea la baja representación de niños y adolescentes en las noticias televisivas de Argentina, sino también resalta el cómo son representados.

Del total de 10,963 noticias revisadas, solo el 9.34% trataba temas relacionados con la infancia y la adolescencia. Es decir, apenas una de cada diez noticias menciona a los menores de edad en su contenido. Sin embargo, lo más preocupante es cómo se retratan estos temas. Los reportes policiales y de inseguridad encabezan la lista (38.77%), seguidos por diversas manifestaciones de violencia (20.55%). Así, cuando los niños y adolescentes logran ser el foco en las noticias, suelen estar relacionados con el crimen, escenarios peligrosos o disputas.

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El uso persistente de términos estigmatizadores en la cobertura noticiosa impacta directamente la percepción social de niños y adolescentes. Estas expresiones perpetúan prejuicios, refuerzan miradas discriminatorias y afectan el acceso pleno a sus derechos. Erradicar este lenguaje implica una responsabilidad ética para el periodismo, más aún al reportar sobre menores de edad”, destaca el estudio.

El análisis muestra que casi el 60% de las noticias sobre niños y adolescentes se centra en reportes de delitos, inseguridad o violencia. En contraste, temas como la salud, educación, cultura o derechos humanos permanecen en un segundo plano, casi invisibles. Elementos que también definen la vida de los jóvenes aparecen de manera marginal o están completamente ausentes.

Además, la narrativa en torno a estos sucesos es cada vez más teatral. “Se reafirma la tendencia de presentar noticias de manera espectacularizada, sin una adecuada contextualización”, subraya Gabriela Fabbro, directora del Observatorio de la TV de la Austral.

La evolución de los medios contribuye a este fenómeno: “El aumento gradual de los medios digitales y redes sociales como principales fuentes informativas, sumado al uso de imágenes de cámaras de seguridad, transforma la manera de reconstruir los eventos”, apunta Fabbro.

“El abuso de imágenes repetitivas de cámaras de seguridad aumenta la teatralización del relato”, explica Fabbro. Este tipo de cobertura no ofrece herramientas para entender las múltiples dimensiones sociales, culturales e institucionales involucradas en estos contextos.

“Frecuentemente, los niños son mostrados más como víctimas o perpetradores que como sujetos de derechos. La repetición de calificativos no es imparcial: alimenta los estereotipos sociales y refuerza percepciones punitivas, vinculando a los menores con criminalidad y peligrosidad”, asegura la especialista.

Una advertencia emitida por Natalia Calisti, especialista en comunicación de UNICEF, señala los efectos sociales de estas coberturas: “Cuando los medios presentan a los jóvenes casi exclusivamente como víctimas o causantes de la violencia, se contribuye a que la sociedad los perciba como un problema en lugar de reconocerlos como individuos con derechos”.

Y añade: “Esta percepción simplifica la complejidad asociada a la infancia y adolescencia, ocultando sus voces y limitando su reconocimiento como participantes activos en la sociedad”.

“Al vincular sistemáticamente la juventud con la violencia, los medios terminan estigmatizando a esos jóvenes. Estas representaciones simplifican cuestiones más complejas, como la desigualdad o la falta de oportunidades, perdiendo de vista las causas estructurales”, reitera Calisti.

“El lenguaje es poderoso: emplear términos como ‘jóvenes delincuentes’ reduce a los menores a una simple etiqueta, definiéndolos únicamente por un incidente. Dichas expresiones perpetúan estigmas, a menudo relacionados con la pobreza y alimentan la discriminación”, señala.

Otra característica persistente es la falta de protagonismo de las voces de niños y adolescentes. “Existe un claro desfase entre el deseo de participación de los adolescentes y su visibilidad en las noticias. A menudo, los adultos hablan en su lugar, en vez de crear espacios para que se expresen -expone Calisti-. Hay una perspectiva centrada en los adultos que predominan donde son estos quienes deciden qué es relevante y cómo se narra, relegando a los jóvenes a un papel pasivo”.

El espectáculo sin contexto

A la carencia de voces se suma la falencia de un contexto adecuado. “La urgencia de la información y su rápida difusión, minimiza la verificación y contexto de los hechos”, menciona Fabbro. La necesidad de estar “en el lugar de los hechos” y la primicia acaban imponiéndose sobre la calidad de lo informado.

El informe también evidencia cómo ciertos casos impactantes monopolizan la atención mediática por horas o incluso días. “Los niños y adolescentes acaparan la atención en ‘casos impactantes’ que dominan las pantallas, con desarrollos prácticamente continuos durante el día”, describe Fabbro.

“La diversidad de fuentes y contar con una perspectiva contextual son fundamentales para fomentar representaciones más equitativas e inclusivas”, sostiene Fabbro. Y concluye: “El tratamiento mediático que vulnera derechos y empobrece la comprensión social de estas realidades no contribuye al buen periodismo”.

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Recomendaciones del informe: Es esencial fortalecer un periodismo con un enfoque en derechos, diversidad de fuentes y una perspectiva de contexto para fomentar representaciones más justas e inclusivas de niños, niñas y adolescentes en los medios de comunicación.

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