Conforme avanzan los campos de la ciencia, la medicina y el cuidado de la salud, el acto de sumar un año más a nuestra vida parece ser una simple formalidad. Lo verdaderamente relevante es descubrir la edad real para tomar decisiones adecuadas. La diferencia entre la edad cronológica y la edad biológica resulta cada vez más evidente. Un artículo reciente de la New England Journal of Medicine (NEJM) aborda la necesidad de reevaluar el enfoque actual en los sistemas sanitarios.
Este artículo es obra de Martín Lee, quien actúa como subdirector en el Hospital Privado Regional de Bariloche y también es cardiólogo en el Hospital Italiano de Buenos Aires. El documento, titulado “La ilusión de la edad: limitaciones de la edad cronológica en medicina”, resalta un aspecto paradójico: la determinación de la edad cronológica se ha vuelto anticuada. Tradicionalmente, se ha utilizado por su fácil acceso, similar a verificar la identidad del paciente.
Según Lee, “Con frecuencia, la edad cronológica reemplaza una evaluación detallada de los factores de riesgo asociados al envejecimiento. Es posible que individuos de la misma edad cronológica presenten diferencias significativas en cuanto a funciones cognitivas, salud cardiovascular, metabolismo y capacidad física”. Añade que los médicos que se basan principalmente en la edad cronológica para tomar decisiones, pueden ignorar factores biológicos cruciales que podrían influir en los resultados a largo plazo.
Para ilustrarlo, podríamos usar la analogía de un automóvil; algunos autos, pese a tener la misma antigüedad, pueden estar en mejor estado que otros debido a diferentes condiciones de uso, al igual que las personas pueden envejecer de maneras dispares a pesar de ser coetáneas.
El Papel Preponderante de la Edad Cronológica
Según Lee, “en diversos aspectos de la medicina, la edad cronológica asume un papel desmesurado. Suele determinar la participación en ensayos clínicos y muchas guías de diagnóstico y tratamiento están basadas en umbrales de edad. Esto se debe a la facilidad de determinar la edad del paciente y su integración con los algoritmos clínicos”.
Solamente evaluando la edad biológica podemos diferenciar entre adultos mayores que aún conservan fortaleza y aquellos más vulnerables. En la medicina, dar mayor importancia a la edad biológica que a la cronológica implicaría modificar ciertos estándares en favor de criterios personalizados y detallados, algo que indudablemente requeriría más financiamiento.
Factores que Aceleran o Frenan el Envejecimiento
No obstante, modificar el enfoque hacia la evaluación biológica del envejecimiento podría, a largo plazo, significar un manejo más eficiente de los recursos con beneficios económicos asociados. Sin embargo, en periodos de crisis, considerar el largo plazo puede parecer menos relevante.
Martín Lee no entra en detalles sobre esas implicaciones, centrándose más bien en los aspectos científicos y epistemológicos que fundamentan estas ideas: gemelos idénticos pueden envejecer biológicamente a ritmos distintos. Tanto el estilo de vida, como el entorno y la exposición a enfermedades influyen en las tasas de envejecimiento, permitiendo modificar estos patrones a través de intervenciones.
Hacia una Evaluación Integral
La clave es encontrar un indicador más sofisticado que los simples años vividos. Según Lee, “es imperativo un enfoque más integral para evaluar la reserva fisiológica”, proponiendo un sistema que combine información molecular, inmunológica, metabólica y de órganos. Sin dejar de lado detalles importantes: “los puntajes compuestos deben calcularse mediante métodos transparentes y estar acompañados por directrices claras para su uso clínico”.
Últimos Avances
Ya se están llevando a cabo ciertas iniciativas en este sentido. Recientemente, científicos de la Universidad de Konstanz, Alemania, han presentado un método que mide la edad biológica a partir de diez biomarcadores sanguíneos por sexo, encontrando que algunas personas tienen una biología mucho más joven que su edad cronológica.
En un estudio llevado a cabo en febrero por la Universidad de Stanford, publicado en Nature, se empleó un conjunto de 5,676 individuos para idear un análisis de sangre que evalúe la edad biológica de órganos y tejidos específicos, evidenciando que no todo el organismo envejece al mismo ritmo.
Ejemplos emblemáticos son el de María Branyas, quien vivió hasta los 117 años con una edad biológica 23 años menor. Su microbioma, particularmente la abundancia de la bacteria Bifidobacterium, fue clave, ya que se considera útil para reducir respuestas inflamatorias.
Retomando a Lee y sus conclusiones en el artículo de NEJM, un puntaje biológico integral podría mejorar significativamente la toma de decisiones médicas, permitiendo distinguir entre adultos mayores que podrían beneficiarse de ciertos tratamientos y aquellos para los que sería mejor proceder con cautela.
