La Importancia de los Buenos Deseos en Pascua
Es una tradición hermosa expresar deseos de alegría durante las festividades pascuales. Esta celebración tiene un vínculo profundo con nuestra felicidad. En Semana Santa honramos las acciones divinas que tocan el núcleo de nuestra existencia.
Un Anhelo Natural de Felicidad
Nuestros corazones albergan un deseo innato de felicidad: estamos destinados a ser felices. Dios nos otorgó la vida para que la vivamos plenamente y nos mostró un camino: amor, perdón y altruismo hacia los otros, especialmente hacia quienes sufren. No obstante, nuestra libertad quebrantada nos lleva a buscar dicha en una autoafirmación egoísta. Esto contradice la ley inscrita en nuestro ser y nos empobrece. Llamados a formar una gran familia, hemos convertido la historia en un campo de luchas por intereses individuales o grupales. Este desorden genera una amplia red de sufrimiento y angustia que enfrentamos diariamente.
El Acto de Amor Supremo
Dios, fiel a su bondad, no abandonó a sus hijos e ingresó en nuestra historia. Encarnado en Jesús, vivió treinta y tres años compartiendo la vida con nosotros. Experimentó la vida familiar, la amistad, el trabajo y el cansancio. Fue un amigo para los necesitados y marginados, por lo que nada humano le es ajeno.
Vino con un propósito: mostrarnos la capacidad infinita del amor humano. Pero su mensaje fue rechazado brutalmente, y Él, fiel a su propósito, “nos amó hasta el extremo” (Jn 13,1). La maldad humana se volvió contra Él. Su mensaje de amor radical tenía el poder de transformar todo, generando un odio letal. En un terrible acto de ceguera que aún persiste, decidimos que el hombre más noble merecía morir como un criminal despreciable. Y Él lo soportó con amor. En su momento más doloroso, habló con compasión: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Su amor fue tan grande que en sus últimas palabras se preocupó por nosotros, entregándonos a su madre: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27).
Lo más extraordinario es que su amor triunfó sobre la muerte. La historia no finalizó en la cruz. La muerte creyó ganar, proclamando la victoria del mal. ¡Cuán desesperante sería nuestra existencia si todo hubiera terminado ese viernes santo! Pero su supuesto triunfo fue efímero: al tercer día, Jesús resucitó. ¡Derrotó a la muerte! El mal no dictó la última palabra. Desde aquel primer domingo de Pascua sabemos que, aunque enfrentemos enfermedades, discordias o violencia, hay un amor superior a todo sufrimiento.
La resurrección de Cristo nos habilita a ser felices. Su Espíritu, presente en nuestros corazones, nos muestra que somos amados por un amor más poderoso que cualquier dolor. Creer en ese amor es nuestra fuerza diaria. Esa es la dicha que traen estas celebraciones; está en la esencia de cada alegría en la vida. Por eso, sinceramente: ¡Felices Pascuas!
Padre Enrique Ciro Bianchi – Teólogo
