Un Impactante Suceso en San Cristóbal
En una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, un estudiante de secundaria causó la muerte de un compañero. Este evento desató una oleada de consternación y una búsqueda inmediata de respuestas a cuestiones para muchos inentendibles.
Cuestiones en el Ámbito Escolar
¿Estamos ante un caso de acoso escolar? Aún no se puede afirmar, pero en redes sociales circulan fotos donde se muestra al adolescente siendo objeto de agresiones y burlas por parte de otros estudiantes mientras está en su pupitre. Se rumorea que enfrentaba desafíos en su entorno familiar; las autoridades lo han confirmado, aunque se requiere más investigación.
Señales de Alarma en los Jóvenes
Es claro que, cuando un joven está sufriendo, siempre existen indicios. Muchas veces, estos no se transforman en palabras o pasan desapercibidos por falta de escucha. Los estudiantes se encuentran en un terreno donde prefieren guardar silencio para no destacar, temen perder su grupo o simplemente desconfían de que al hablar, algo pueda cambiar.
En mi experiencia profesional y reflejado en mi obra, “Lo que los chicos callan”, se repite un concepto: los jóvenes tienen mucho por decir, pero carecen de un entorno seguro para hacerlo.
Observando el Entorno Escolar
En el entorno educativo, estas señales son perceptibles si prestamos atención: alteraciones en el comportamiento, retraimiento, irritabilidad o dificultades en las relaciones sociales. También se observan en las interacciones grupales: risas despectivas, códigos cerrados, y la normalización de burlas que se replican en el mundo digital. El acoso continúa más allá de la escuela, con la exposición permanente en las redes sociales, sin un camino claro para escapar.
Este reflejo de la realidad se ve crudamente en la serie Minds Young: vínculos distorsionados por la percepción ajena, fragilidad emocional y la incapacidad de los adultos de intervenir a tiempo. Es un cuadro común y sobredimensionado.
Reflexiones sobre la Prevención
Ante tales circunstancias, la cuestión no es únicamente lo que vivió ese joven. Es fundamental examinar lo que podemos ver y lo que nos perdemos, tanto en las escuelas como en el hogar. La intervención solo después del daño no es suficiente. La prevención debería ser parte de la rutina de adultos que observan, escuchan y no toman a la ligera.
Esto también nos lleva a analizar críticamente nuestras acciones: cuál es el papel de nuestras prácticas en la atmósfera escolar. ¿Qué permitimos al no actuar ante una burla?, ¿qué enseñamos al exponer o no escuchar? Los jóvenes no requieren adultos sin fallas, sino adultos presentes.
Este suceso nos enfrenta a una situación dolorosa, pero también a la posibilidad de cambiar: debemos dejar de tratar estos eventos como momentos aislados y comenzar a entenderlos como parte de una compleja red de relaciones que demanda atención y dedicación continua. Porque antes de que la violencia se manifieste, hay algo que nunca se expresó.
Si ignoramos esos silencios, inevitablemente, encontrarán su propia forma de ser escuchados.
La Lic. María Zysman es psicopedagoga y directora de Libres de Bullying
PS
