A sus 88 años, Carlos Martínez sigue atendiendo su galería en Villa Urquiza desde hace más de cuatro décadas. Ha notado una tendencia creciente entre sus clientes: “Las personas optan por reparar sus prendas”. Prefieren desempolvar ropa que acumula de 15 a 20 años en sus guardarropas y modernizarla, resistiendo así el fenómeno del fast fashion impulsado por gigantes como Shein y Temu.
El taller de Carlos está repleto de solicitudes. “Estoy lleno de trabajo para reparar ropa”, explica el jubilado, dispuesto a continuar su labor mientras pueda. Los encargos varían desde ajustar ruedos y ensanchar pantalones que quedaron chicos hasta modificaciones estéticas. “Recibimos pedidos de todo tipo, incluso de sábanas”, agrega. La razón que él identifica es clara: “Quieren comprar ropa nueva, pero los precios son muy altos”.
Héctor Mercado, de 80 años, lleva más de la mitad de su vida dedicado a la sastrería en Recoleta. Llegó a la ciudad desde Malargüe en los años 60 y se estableció detrás del mostrador. A las puertas de Peña al 2908, se pueden ver carteles que anuncian “Zurcidos, reformas para damas y caballeros”.
Retos y estrategias en el sector textil
Sobre la situación actual en el sector, Héctor se muestra cauto: “La actividad ha decaído un poco porque la gente ya no tiene el mismo poder adquisitivo de antes”, comenta. Sin embargo, sigue manteniendo una clientela que él considera de mayor poder económico, quienes continúan usando prendas de alta calidad como trajes.
Para Héctor, las reformas en la ropa no siempre se deben a razones económicas. A veces, se trata de conservar prendas de gran valor sentimental. “Me da felicidad ayudar a la gente a sentirse bien vestida”, declara.
En la misma cuadra, Yrina (55) dirige su negocio desde los años 2000. Aunque estudió sastrería, dedica la mayoría de su tiempo a reparaciones, atrayendo a una clientela compuesta principalmente por extranjeros y estudiantes.
Innovación y cambio en la sastrería
Con respecto a la calidad de las prendas modernas, Yrina es crítica: “Ni la máquina puede coser este tipo de tela; jamás compraría esa calidad, parece plástico”. Contrasta las prendas actuales con las de hace “20, 30 o 40 años”, que asegura eran de mejor calidad. Muchas personas acuden a ella para modificar ropa antigua, y esta decisión a menudo es más económica que nostálgica.
Luciana (45) transformó su pasión por la costura en un negocio profesional con “Arreglá tu ropa”. La empresa, con sedes en Devoto y otras áreas, ofrece tanto arreglos generales como producción a medida. “La demanda sigue estable”, afirma Luciana. En noviembre inauguraron una nueva sucursal en Martínez, celebrando una década en el negocio.
Su éxito lo atribuyen a la profesionalización: “Somos profesionales y nos hemos ganado la confianza de nuestros clientes a lo largo del tiempo”. Aunque el tipo de servicio ha cambiado debido a las condiciones económicas. Ahora se enfocan mucho en vestidos de fiesta a medida y en la modificación de vestidos comprados online.
Según Luciana, es cada vez más común que las clientas adquieran prendas en el extranjero y luego las adapten. “Compran ropa más grande y nosotros la ajustamos al gusto de cada una. Añadimos elementos o los retiramos según sea necesario”, explica. Así, a menudo reciben encargos de vestidos para modificar talle y ajustes estructurales.
“Arreglá tu ropa” emplea a 45 personas, con un 65% de mujeres y un 35% de hombres en su equipo.
En Belgrano R opera ATR Arreglamos tu ropa, cuyo local principal está en San Martín. Claudio, uno de los dueños, dejó su empleo durante la pandemia para desarrollar este negocio familiar junto a Claudia, quien comenzó hace más de 25 años con reparaciones generales en su casa.
Preservación y adaptación en la moda
La mayoría de los clientes de ATR llegan a través de redes sociales, un elemento crucial que ha influido significativamente. “Las redes sociales nos ayudaron a entender desde dónde venía la gente antes de decidir abrir una sucursal”, menciona Claudio.
Al abrir el local, también implementaron un sistema de trazabilidad para seguir el recorrido de cada prenda desde su ingreso hasta que es retirada. En la actualidad, el negocio cuenta con 10 trabajadores.
Pablo, al frente de Tamango Arreglos en Retiro desde el año 2000, constata una disminución en la clientela. “Hoy en día llegan menos personas que antes”, asegura, aunque sus clientes suelen ser muy leales a través de generaciones.
Aunque algunas zonas muestran una menor actividad, en otras se registran más visitas, especialmente en barrios donde predominan los zapatos sobre las zapatillas.
En la industria conviven diversas realidades: mientras algunos buscan extender la vida de ropa de calidad, otros se ven motivados por las necesidades económicas. Los talleres manejan reparaciones, mantenimientos y también personalizaciones.
En todos los casos, la consigna es la misma: antes de deshacerse de algo, consideran repararlo.
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