Un llamado urgente para preservar el faro más alto del país, un coloso de hierro que cumple 120 años

Monte Hermoso es el lugar que amo, bordeado por el océano y vigilado por un imponente faro… Así solía entonar Natalia di Martino durante su infancia en la escuela. “A mí no me importa, tengo un faro”, era su respuesta orgullosa cuando discutía con otros niños de la cercana ciudad.

Luciano, su primo mayor por un año, fue quien desafiantemente le preguntó por qué el famoso faro de su pueblo se llamaba “Faro Recalada a Bahía Blanca”, si supuestamente era de Monte Hermoso. Esta pregunta la llevó a un viaje de comprensión que inició a los siete años.

Orígenes y relevancia histórica del faro

La explicación yacía en las circunstancias de aquellos tiempos: la expansión del modelo agroexportador, la extensión del ferrocarril y el incremento en el tráfico marítimo debido a la llegada de nuevos barcos. La inmigración llamó a preparar mejor los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca.

Mientras Monte Hermoso albergaba apenas 9.000 habitantes y se podría considerar casi un recodo olvidado, Bahía Blanca englobaba un puerto militar y comercial de gran envergadura.

El descontento inicial de Natalia ante tal descubrimiento la llevó a solicitar una aclaración a su padre, Vicente di Martino, quien le explicó pacientemente la importancia regional del faro, destacando su valor para Argentina entera. “El faro pertenece no sólo a Monte, sino a toda la región y al país”, le aseguró él.

El reconocimiento de Vicente no era infundado. El Faro Recalada a Bahía Blanca fue designado Monumento Histórico Nacional y es parte integrante de los Faros Centenarios de Argentina, según la Ley Nº 26.650. También fue el primero en el país en obtener el Emblema Azul conforme al Tratado de La Haya de 1954, que protege bienes culturales ante conflictos armados.

Bajo el cuidado del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) de Argentina, su tarea es desarrollar y conservar estos faros, junto a balizas y otros dispositivos cruciales para navegar.

Al norte, Sauce Grande resplandece. En la base del faro, se ubican el museo y las residencias de los torreros. Foto: Pablo Nacimiento.

Desafíos y esfuerzos comunitarios

Hasta 2010, era posible visitar el faro y llegar a su cima, lo cual era su atractivo principal. Sin embargo, las visitas se prohibieron en años recientes debido a preocupaciones de seguridad.

Frente a esta situación, la comunidad local ha emprendido una campaña para rescatar este coloso de acero. Un llamado a la acción se llevó a cabo a través de una publicación de Facebook en la cuenta ‘Huellas’, captando la atención tanto de los lugareños como de turistas previos.

Este creciente interés motivó a Natalia a crear un grupo en Facebook para recoger firmas en defensa del faro. “Sin mucho conocimiento sobre cómo hacerlo, busqué en línea y lo inicié”, relató. Palabras como “urge revitalización”, “por favor, hagan algo” y “se desplomará” abundan en esta plataforma.

Adicionalmente, un habitante utilizó la oportunidad de esta plataforma para solicitar al intendente: “Necesitamos gestionar esto ante nuestro gobernador. Si la nación no responde… buscaremos vías legales”, aseguró.

En comunicación con Clarín, el intendente Hernán Arranz detalló el inicio de un expediente entre 2019 y 2020 junto a la Armada. Su gestión del 2023 coincidió con la actualización del Ministerio de Defensa, y habló con Hernán Montero, del Servicio de Hidrografía Naval. “Me instruyeron a proceder”, afirma.

Señal que restringe el acceso al faro.

El 20 de agosto de 2024, el municipio asumió los costos para que el SHN evaluara el estado del faro, con miras a incluir el proyecto en el Presupuesto 2025. Los expertos concluyeron que, aunque el faro no corría peligro inminente, era necesario restaurar algunas partes. Clarín no logró obtener el documento del estudio.

La conexión emocional con el Faro

Por otro lado, Marcelo Alvarez Capdevilla, de Pehuén Có, comenzó en 2001 un intento de salvaguardar la Farola Monte Hermoso, el primer faro terrestre argentino del Atlántico, que sucumbió al viento en 2002.

“Traté de salvar un faro antes sin éxito. Temo que el mismo destino aguarde al Recalada”, comenta lamentando. En 2024 compartió su angustia en una carta a La Nación implorando: “No dejen que caiga entre las dunas”. Esta carta coincidió con una visita de Hidrografía al lugar.

“Aunque están protegidos por la ley, quienes deben cumplirla no lo hacen”, señala Marcelo sobre los faros centenarios.

La cúpula del faro. Foto: Monte Hermoso Digital.

El pasado 1 de enero, en honor a sus 120 años, Natalia organizó un “abrazo solidario”, reclamando atención al deteriorado faro. También Daiana Farrer, nadadora local, ha convocado a un segundo abrazo el pasado 9 de enero, y planean una tercera acción para seguir atrayendo la mirada pública hacia su reivindicación.

Según los habitantes, la última restauración del faro más alto de Argentina —segundo luego del de Coquimbo en Sudamérica— fue en 2005, al cumplir cien años.

El legado del nombre y construcción del faro

El origen del nombre del faro en Monte Hermoso está ligado a los primeros intentos de establecer señales en la ría de Bahía Blanca en 1881. La década previa dejó al descubierto las vulnerabilidades militares del país luego de la guerra de la Triple Alianza.

Con antecedentes como la Ley de armamentos navales de 1872, se destacaba la creciente importancia marítima. En 1877, otra ley asignó a la Armada el estudio de costas y, en 1881, bajo Roca, se formó la Comisión de Faros y Balizas.

Se necesitaba un faro alto, estable y visible desde grandes distancias, ante la movilidad de las barras y un mar con bancos de arena en crecimiento.

Finalmente, en 1899, el presidente José Uriburu eligió a Luis Luiggi para diseñar una red de faros modernos, comisionando las estructuras a la empresa francesa que colaboró en la Torre Eiffel.

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Erigido en 1904 sobre un médano sólido, con bases sólidas y postes hincados, el Faro Recalada a Bahía Blanca entró en servicio el 1 de enero de 1906, conservando un nombre histórico.

Con sus 67 metros, el faro se impone como un vigía para los marineros mientras emite señales a los habitantes en tierra. ¿Habría imaginado Natalia que, años después de aquellas discusiones juveniles, sería ella quien luchara por su preservación?

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