Un Coleccionista Fuera de lo Común
José Argentino Perruccio, un hombre de 73 años, es un personaje que no pasa desapercibido. Ataviado con una boina de estilo militar y un suéter verde, recibe a Clarín con una expresión severa, pero demostrando cortesía y amabilidad. Exnegociante experto en muebles y colchones, se ha hecho conocido por adquirir la vajilla de Yiya Murano, una figura que suscitó controversia en Argentina.
El Pasado Oscuro de la Vajilla
María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, más recordada como Yiya Murano, tiene el triste reconocimiento de ser la primera asesina en serie de Argentina. Durante los meses de febrero y marzo de 1979, utilizó tazas de té para administrar cianuro a dos amigas y una prima, a quienes debía dinero. Estos asesinatos le valieron una condena de 10 años de prisión (su historia se encuentra dramatizada en “Yiya”, una miniserie de cinco episodios en Flow).
El Asombroso Recorrido del Juego de Té
Perruccio relató cómo conoció sobre la venta de la vajilla: “Mientras veía ‘Intrusos’, Martín Murano dijo que el juego de tazas estaba a la venta tras ser devuelto por una familia a la que se le había regalado”. Decidido, viajó desde su residencia en Comodoro Rivadavia a Buenos Aires para realizar la compra, acordando encontrarse en el Hotel Presidente y luego formalizar el trato en una escribanía.
Desde entonces, la vajilla ha tenido un largo viaje. Inicialmente obsequiada por Martín Murano a una amiga aficionada a las antigüedades, la familia de esta la devolvió tras su fallecimiento.
Impulsado por su interés, José Argentino planificó adquirir las tazas. “Estaba preparado para pagar siempre que el precio fuera justo. Enseguida llegamos a un acuerdo con Martín: 4.000 dólares. Al instante, me desplacé a Buenos Aires para cerrar el trato. La vajilla, de los años ’50 y con la marca Excelsior, me llamó la atención al instante”.
Después de la compra, Perruccio se dirigió a registrar las marcas “Yiya” y “Envenenadora de Monserrat”, que planea utilizar en un futuro libro autobiográfico. “Martín me pidió que destinara los 4.000 dólares a refugios para animales en Chubut, y acordamos que el 10% de cualquier ganancia que obtuviera con la marca ‘Yiya’ también se destinaría a estos refugios”, comenta Perruccio.
Cuando se le pregunta dónde guarda las tazas, Perruccio revela que están en una maleta, guardadas cuidadosamente. “No las hemos usado, y no creo que lo hagamos”, confiesa, señalando la aprensión de su esposa hacia el juego. “Ella no estaba muy interesada en que las tuviéramos a la vista, así que están guardadas como la reliquia que son”.
Sobre su atracción hacia objetos polémicos, Perruccio señala que, más que un gusto morboso, ve oportunidades en aquello que la historia ha marcado negativamente. “Son apuestas a futuro que me rinden, como el Mercedes”, reflexiona, conectando su presente interés en el peculiar juego de té con proyectos futuros ligados al emprendimiento, como un laboratorio medicinal basado en plantas autóctonas.
Perruccio afirma que estas tazas, al igual que su adquisición de autos icónicos en el pasado, como el Mercedes de Susana Giménez, son apuestas estratégicas. Su visión es impactar con un laboratorio que desarrolle remedios naturales a partir de especies vegetales locales, mejorando la calidad de vida de muchas personas.
Terminando su relato, Perruccio confiesa sonriente que las tazas están protegidas en una cámara frigorífica parte de un local que compró. “No están a la vista, pero un día, cuando inaugure el laboratorio, las utilizaré para brindar con un buen té”.
