Desde los multivitamínicos hasta el colágeno hidrolizado, y desde las cápsulas de omega 3 hasta las tabletas de magnesio, el auge de los suplementos alimenticios ha trascendido las rutinas de los entusiastas del fitness. Hoy se encuentran en tiendas de productos naturales, farmacias, supermercados, incluso se comercializan en redes sociales y a través de aplicaciones de entrega a domicilio.
Se les atribuyen propiedades como fortalecer el sistema inmune, otorgar energía, mejorar el descanso o la memoria, e incluso beneficiar la piel. Pero, ¿realmente cumplen su propósito?
La controversia sobre su efectividad
Un reportaje del New York Times de hace un mes pone de relieve una cuestión fundamental: numerosos suplementos se consumen sin contar con evidencia científica que respalde su eficacia. Muchas veces, el consumo ocurre sin una necesidad genuina. Expertos subrayan que, para individuos sanos, una dieta equilibrada suele bastar para cubrir las necesidades nutricionales.
El fenómeno en Argentina
En Argentina, el consumo de estos productos ha crecido significativamente. Se ha notado un aumento en la compra de multivitamínicos que se obtienen en farmacias sin prescripción. Lo mismo sucede con el colágeno tipo II, diseñado para las articulaciones, cuya demanda sigue en alza.
Jimena Worcel, quien dirige el área médica de CAPEMVeL, comenta a Clarín sobre la importancia de distinguir entre suplementos dietéticos y medicamentos “de venta libre”. Estos últimos, dice, “contienen principios activos, se ha comprobado su acción terapéutica y se utilizan para afecciones menores” tales como analgésicos, descongestionantes o antifúngicos.
¿Medicina o alimento?
Por otro lado, “los suplementos están en la categoría de alimentos. No tratan ni curan enfermedades”, aclara. Están diseñados para complementar la nutrición en personas sanas pero con carencias o necesidades nutricionales específicas. Worcel advierte que el formato farmacéutico de estos productos (cápsulas, comprimidos) a menudo lleva a consumirlos como si fuesen medicamentos.
Productos como el colágeno, para la salud articular, y el magnesio, aclamado por sus posibles efectos positivos en el estrés y el sueño, son actualmente muy populares. Desde 2018 hasta 2024, las ventas de colágeno tipo II en Argentina aumentaron un 1.000%, mientras que las de magnesio subieron un 59%. No se dispone de datos para 2025 aún.
Preguntas críticas sobre el consumo de suplementos
Fabio Nachman, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro, aclara a sus 430 mil seguidores en Instagram: “No desperdicies dinero en suplementos supuestamente mágicos. Colágeno, vitaminas D, C, Omega 3. La clave está en una alimentación consciente. Más hechos, menos mitos.” También señala la falta de regulación estricta en este sector.
“El mercado está plagado de productos sin base científica, supervisión ni monitoreo. Muchos influencers promocionan suplementos como si fueran golosinas, lo cual puede representar un riesgo”, comenta a Clarín.
“No todos deben consumir suplementos. No hay soluciones milagrosas. Las dietas estandarizadas carecen de sentido. Generalmente, sin una patología concreta, una dieta equilibrada y completa basta”, recalca.
La ANMAT en Argentina es responsable de supervisar este mercado. En los últimos dos años, ha prohibido al menos 45 suplementos que se vendían sin autorización online.
Varios garantizaban controlar el azúcar en sangre o reducir la grasa, sin contar con validación. Productos como “Diabetisan”, “Moringa” o “Quemador de grasa triple acción” de Naturalmedix se retiraron por carecer de registros sanitarios.
La tendencia también busca “mejorar” el cuerpo.
Una búsqueda en redes sociales devuelve innumerables publicaciones de personas mostrando organizadores con vitamina D, B12, zinc, hierro, melatonina y complejos antioxidantes. Se encuentran videos sobre cómo consumir colágeno con vitamina C, o si es mejor en ayunas.
En este entorno, la publicidad de suplementos es legal, al igual que la de medicamentos de venta libre, siempre que cumpla con lo estipulado por el Código Alimentario Argentino. Debe especificarse en el envase si es un suplemento alimenticio o un medicamento, aunque no siempre los consumidores lo identifican.
Los profesionales de la salud insisten: “No basta con seguir el consejo de una publicación viral. Ante cualquier duda, se debe consultar”. Hay que ser conscientes de los riesgos. Por ejemplo, el abuso de vitamina A puede afectar el hígado. Un exceso de hierro puede ser tóxico, y demasiado calcio puede perjudicar los riñones.
Un grupo de expertos en los Estados Unidos, llamado Task Force, revisó los suplementos más populares y encontró que en adultos sanos sin condiciones específicas que provoquen déficit vitamínico, no se observa ningún beneficio en su uso, explica Ramiro Heredia, especialista en medicina interna del Hospital de Clínicas.
¿Cuándo son realmente necesarios los suplementos?
Existen situaciones donde los suplementos pueden ser beneficiosos. Personas con comprobadas carencias, embarazadas, ancianos con menor absorción, veganos estrictos o pacientes con enfermedades crónicas pueden necesitarlos. Sin embargo, es esencial un seguimiento médico profesional.
“Las vitaminas en frascos vendidas en farmacias son, en última instancia, fármacos que pueden tener efectos adversos si se utilizan sin indicación adecuada”, añade el médico internista. Un ejemplo es el exceso de calcio por sobredosis de vitamina D, o daño hepático por exceso de hierro por sobredosis de vitamina A.
Actualmente, está de moda añadir. Añadir cápsulas, proteínas en polvo, gotas. Pero la ciencia aboga por cuestionarse antes que actuar de manera automática. ¿Es necesario? ¿Quién lo recomendó? ¿Cuál es el efecto real? ¿Podría ser perjudicial?
Mientras el marketing ofrece soluciones milagrosas en frascos, los especialistas consultados por Clarín sugieren evaluar el contenido del plato antes de acudir al estante de suplementos. Como dice Nachman, “la salud no está en una cápsula, sino en una rutina saludable”.
