El Día a Día de Ceci en el Comedor Paranacito
En medio de los sonidos de la lluvia y cajas de alimentos siendo apiladas, Ceci remueve con un cucharón de madera el contenido de dos grandes ollas. Desde muy temprano ha empezado su jornada en el comedero “Paranacito”, donde el delantal verde ya se ha convertido en una parte inseparable de su rutina diaria.
El Impacto de las Inundaciones
El número de personas para las que cocina se ha incrementado en la última semana, pasando de atender entre 200 y 240 personas a tener que incrementar las raciones para los habitantes de la zona baja del barrio Río Paraná. La elevación del cauce del río ha hecho que este barrio, como muchos otros en la periferia de Corrientes, se vea seriamente afectado.
Un Compromiso que Viene de Familia
Cecilia, con solo 31 años, ha dedicado gran parte de su vida a la cocina comunitaria. Creció inspirada por sus padres, José Luis y Miryam, quienes cocinaban a leña para aquellos en necesidad en un tiempo donde el agua potable era un recurso escaso.
La Respuesta Ante la Emergencia
El martes pasado, junto a empleados municipales, Ceci se desplazó a las áreas más afectadas para evaluar la situación de las familias. Se determinó la necesidad de aumentar las provisiones para otras 100 personas, incluidos muchos niños.
“Con las inundaciones comenzamos la asistencia el domingo anterior. Ya llevamos casi una semana. Visitamos la zona de la tosquera, donde las personas que residían más arriba se trasladaron hacia áreas más bajas para establecer sus hogares”, explicó Cecilia Bernié en una conversación con Clarín.
“Muchas veces veo a familias mudarse, dejando sus casas atrás, en busca de refugio con familiares antes de ser alcanzados por el agua. El otro día, vi a niños cruzando pasarelas improvisadas, apoyándose en palos para no caer”, relata.
Su jornada comienza a las seis de la mañana, organizando las tareas del día y llevando a su hijo al colegio. A partir de las siete y media, comienza a preparar las comidas, listas para ser repartidas al mediodía, antes de volver a buscar a su hijo y retornar para apoyar a los niños en sus tareas escolares.
Ante los acontecimientos recientes, no hay tiempo libre: el comedor permanece operativo de lunes a lunes, con toda la familia de Ceci colaborando. Aunque sus hermanos, su madre y ella lideran las labores culinarias, todo el núcleo familiar está involucrado.
Para Ceci, cocinar y brindar ayuda es una tarea llena de recompensas emocionales. “A veces, aunque recibamos quejas, me enfoco en aquellos que expresan su agradecimiento; eso es lo que verdaderamente me motiva.”
José Luis, su padre, destaca que cada vez más seguido enfrentan adversidades como esta; un fenómeno que se ve cada cinco o seis años. “Estamos en un barrio de bajos recursos, donde la gente vive del trabajo ocasional o del apoyo del Municipio. El comedor ha sido esencial, en especial cuando carecíamos de agua potable.”
Desde que Ceci era niña, vio a sus padres, ambos de origen formoseño, construir una comunidad y una familia en Corrientes desde 1988, y trabajar incansablemente con herramientas simples como la leña.
En medio de las tareas, Cecilia no se detiene, organiza los productos que van llegando y reparte las viandas. Ella reconoce que vive más en el comedor que en su propia casa, y aunque los días libres se han extinguido, el impulso de seguir adelante no mengua.
A las situaciones como esta se les suma un panorama aún más complicado, con el río Paraná superando los niveles de evacuación establecidos y cubriendo zonas antes seguras. La capital correntina enfrenta crecientes desafíos, y la familia Bernié continúa firme, dividiendo su tiempo entre trabajar con las ollas y las cajas, comprometidos a marcar la diferencia un día más.
