Un accidente con lavandina concentrada mientras se limpia el baño, una chispa de cal en una obra de construcción o un olvido con soda cáustica en una industria. Son incidentes que ocurren más frecuentemente de lo esperado y que, en cuestión de minutos, pueden lesionar gravemente los ojos. Un equipo de investigadores argentinos ha desarrollado una proteína experimental que, al ser probada en animales, logró mitigar gran parte de este daño y preservar la claridad del ojo, fundamental para la visión.
Las lesiones químicas en los ojos suceden cuando una sustancia sólida, líquida o gaseosa entra en contacto directo con el ojo. Constituyen cerca del 8% de las consultas en urgencias de oftalmología. La severidad de estas quemaduras depende del tipo de químico involucrado y de su cantidad.
Los productos más peligrosos son los alcalinos, como lavandina concentrada, soda cáustica, cal y cemento. Pueden ocurrir en entornos laborales, especialmente en la industria y la construcción, pero también en el hogar al usar productos de limpieza domésticos.
“Este tipo de lesiones, que son quemaduras en la córnea, pueden ser originadas por cal, soda cáustica y también por lavandina en altas concentraciones”, indica el oftalmólogo Malco Rossi. “Pueden darse en lugares industriales, en construcciones, debido a las quemaduras de cal que son bastante comunes. Y en algunos casos en el hogar, al usar lavandinas demasiado concentradas que accidentalmente entran en el ojo”.
Razones de la gravedad
La córnea es la capa transparente situada en la parte frontal del ojo, similar al cristal de un reloj. Para una visión adecuada, esta capa debe permanecer clara y sin obstrucciones. Las quemaduras químicas dañan esta transparencia y pueden progresar hacia el interior del ojo.
“Las quemaduras de este tipo tienen la característica de descomponer rápidamente el tejido de la córnea, penetrando hacia el ojo interno. Son extremadamente destructivas”, comenta Rossi.
Un problema grave es que, después de una quemadura, surgen pequeños vasos sanguíneos dentro de la córnea, donde normalmente no deberían existir. Estos vasos hacen que la córnea se vuelva opaca, perpetúan la inflamación y complican un potencial futuro trasplante de córnea al reducir su efectividad.
Rossi subraya que, ante tal accidente, lo primero que se debe hacer es enjuagar el ojo con abundante agua y recibir el tratamiento adecuado a tiempo.
El poder de una proteína innovadora
Esta nueva creación se compone de dos elementos combinados. Un componente, llamado SLPI, actúa reduciendo la inflamación. El segundo, conocido como cementoin, actúa como un ancla, manteniendo la proteína firmemente ubicada en el área afectada.
“Se trata de una proteína fusionada, compuesta por dos moléculas: una es el SLPI, que tiene notables propiedades antiinflamatorias, y la otra es el cementoin, que hace que la proteína se adhiera al sitio de inflamación. Esto es lo más innovador de esta combinación”, detalla Rossi.
Esta solución está diseñada para abordar un problema bien conocido en medicinas oculares. “Puede imaginarse que aplicar un colirio sobre la córnea es complicado debido a que se elimina rápidamente por las lágrimas y el parpadeo. Con esta nueva tecnología, hemos superado esta dificultad”, añade.
Resultados de la investigación
El experimento se llevó a cabo con ratas y conejos. Se compararon dos grupos de animales con quemaduras en la córnea: uno recibió el tratamiento proteico y el otro no.
Los hallazgos fueron contundentes. En el conjunto no tratado, los seis ojos evaluados mostraron vasos sanguíneos en la capa media de la córnea, y en tres de ellos, los vasos también alcanzaron capas más profundas. Por otro lado, en los ojos que recibieron la proteína, no se observó la presencia de vasos en estas capas.
Además, la porción de córnea invadida por vasos sanguíneos fue significativamente menor en los animales tratados. Su córnea era menos opaca y mantenía mejor su transparencia a lo largo de la semana. Los análisis indicaron también una disminución en las sustancias liberadas por el cuerpo durante la inflamación que promueven el crecimiento de estos vasos.
“Demostramos que esta proteína de fusión reduce significativamente la inflamación y el daño en el tejido de la córnea. Con el tiempo, se observa claramente cómo se conserva la transparencia”, explica Rossi. “En contraste, en el grupo al que no aplicamos la proteína, casi todas las córneas se volvieron opacas. En una persona, esto lleva a lo que llamamos ceguera corneal”.
Equipo de investigación
Esta investigación fue liderada por Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional, en colaboración con la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y CONICET. También participaron Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski y Gustavo Ortiz, del mismo instituto; Paulo Maffia, investigador del CONICET; y Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan, del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CONICET y Universidad de Buenos Aires).
Los resultados se han publicado en la revista científica internacional International Journal of Molecular Sciences. La relevancia del descubrimiento también motivó la elaboración de un artículo de revisión que se publicó en el Journal of Translational Medicine.
Hasta el momento, la proteína solo ha sido probada en animales. Antes de aplicarse en humanos, deberá pasar por diversas fases de estudios clínicos que verifiquen su seguridad y eficacia.
“Aún no se ha testeado en humanos. Es necesario pasar por todas las fases clínicas para demostrar la seguridad y eficacia del producto”, aclara Rossi. Este proceso depende de la inversión y financiamiento de entidades interesadas en su desarrollo.
Este avance es crucial para continuar con el desarrollo de la investigación. “Disponer del desarrollo preclínico es esencial para presentar la documentación ante un ensayo clínico. Es vital contar con esta investigación previa, que también prueba la seguridad y eficacia del producto”, concluye el experto.
PS
