La historia de Ernesto Che Guevara, una de las figuras políticas más reconocidas del siglo XX, es bien conocida, aunque hay un episodio particular que involucra a mi familia: su última visita a Argentina el 18 de agosto de 1961.
Un relato familiar exclusivo
Fue mi abuelo, Jorge Carrettoni, quien me narró esta historia durante una de las cenas familiares en su quinta en Tortuguitas, un lugar donde encontraba paz los fines de semana, lejos del bullicio urbano.
Recuerdos compartidos de un abuelo
Mi abuelo, Jorge, solía compartir conmigo sus experiencias en el ámbito político y su participación en la Unión Cívica Radical, así como sus anécdotas sobre Racing, su equipo de fútbol favorito.
Jorge también me hablaba de aquel viaje para ver la final en Montevideo contra el Celtic y el famoso gol de Chango Cárdenas. Siempre que podía, lo acompañaba.
El schnauzer de Jorge, “Gullit”, llamado así por el famoso jugador neerlandés, aguardaba cada viernes puntualmente junto al portón. Las reuniones familiares los domingos y los encuentros con amigos del club los sábados son pilares de mis memorias de infancia.
La conexión con Che Guevara
La anécdota más sorprendente de mi abuelo fue sobre su colaboración con Che Guevara. Como colaborador cercano de Arturo Frondizi entre 1958 y 1962, era conocido por su firmeza, apodado “El Perro”.
Él me reveló, aunque solo una vez, su participación en el regreso de Guevara a Argentina.
Fue él quien, tras terminar su período como diputado por la UCRI, buscó al icónico líder para organizar su viaje confidencial al país y mantener un encuentro con el presidente Frondizi.
La misión secreta
El objetivo era abrir el diálogo entre Frondizi y Guevara, mientras se intentaba distanciar al presidente de Rogelio Frigerio, cuya cercanía preocupaba a algunos radicales intransigentes.
El primer cara a cara entre Jorge y el Che fue el 7 de agosto de 1961 en Punta del Este, durante una conferencia de ministros de economía. Este evento se transformó en un enfrentamiento simbólico entre Kennedy y Castro.
La reunión buscaba resolver la crisis cubana y prevenir futuros levantamientos socialistas en América Latina mediante la Alianza para el Progreso.
Mi abuelo planeó una visita relámpago a Buenos Aires con el Che, aterrizando en Don Torcuato y trasladándose enseguida a Olivos para una reunión privada.
Ni estadounidenses ni soviéticos, con sus numerosos espías en la región, debían enterarse.
El 12 de agosto por la mañana, en el baño de la Quinta de Olivos, mi abuelo discutía con Frondizi, quien temía ser espiado por la inteligencia militar. Para enmascarar sus palabras, el presidente accionaba constantemente la cadena del inodoro.
Por la tarde, Carrettoni había convencido a Frondizi y regresó a Punta del Este. Allí, a las once de la noche, se reunió con Guevara en el hotel Playa.
Con audacia, el Che preguntó quién ostentaba el poder en Argentina y mi abuelo respondió que era Frigerio.
La conversación se alargó hasta el amanecer, y aunque breve, mi abuelo recordó esa relación con mucho respeto.
El 14 de agosto, Carrettoni obtuvo la luz verde de Frondizi para traer a Guevara. Todo debía hacerse en el más absoluto secreto, empezando por el trámite de la visa.
A las 6:15 del 18 de agosto de 1961, el Che pisó suelo uruguayo en Carrasco y se encontró con mi abuelo, quien portaba las visas. El Che insistió que si Carrettoni no acompañaba el vuelo, él tampoco volaba.
Impactado, mi abuelo accedió, previendo que Guevara podría temer por su seguridad.
El pequeño avión despegó a las 10:30 rumbo a Argentina. Jorge vigilaba atentamente las señales de seguridad mientras el Che dormía plácidamente.
Finalmente, alcanzaron el destino en menos de una hora. A las 11:15, avistaron la costa y poco después aterrizaron.
Mi abuelo descendió primero, escoltado por dos oficiales encargados de trasladar a Guevara con seguridad a Olivos. Se despidió del Che con una sonrisa, mientras los vehículos se alejaban.
Esa fue la última vez que mi abuelo vio al Che, quien nunca más volvió a Argentina.
Jorge Carrettoni, que comenzó su camino político muy joven, falleció en 2017, dejando tras de sí el legado de esa misión clandestina.
Meses después del encuentro, un golpe de Estado derrocó a Frondizi, favorecido por el acercamiento con Cuba y su reunión con el Che.
Unos años más tarde, el Che fue capturado y ejecutado en Bolivia, convirtiéndose en un símbolo icónico de izquierda.
Para mí, siempre será recordado como el hombre que le dijo a mi abuelo: “Si usted no viaja, yo no viajo”.
