Historias de maternidad a los 50: relatos sorprendentes de embarazos inesperados

Durante más de una década, Mariana puso todo su esfuerzo en un deseo que parecía cada vez más inalcanzable. Esta doctora de La Plata, que lleva seis años de relación con Ángel, probó todo tipo de tratamientos de fertilidad, tanto de alta como de baja complejidad. Finalmente, a los 51 años, logró quedar embarazada. “Fue un proceso extenso, lleno de ilusiones pero también de dudas, frustraciones y dolor”, comparte con Clarín. Ahora, su hija Pili tiene dos años.

Un Camino de Entrega Emocional y Física

“Cada tratamiento requiere un gran sacrificio tanto físico como emocional”, explica Mariana. Aprendió a convivir con la ansiedad y con resultados que a menudo no eran los esperados, sabiendo que su sueño podía aplazarse nuevamente. “Para quienes no han pasado por algo similar, es difícil entender lo que significa poner cuerpo y alma detrás de un anhelo tan profundo”, añade.

El tratamiento exitoso lo realizó en Halitus, en Buenos Aires. A causa de su edad, el embarazo se consideró de riesgo, requiriendo un monitoreo constante.

Perspectivas Positivas Pese a los Riesgos

Pese al temor asociado a la etiqueta de “embarazo de riesgo”, Mariana rememora este periodo con gran alegría: “Disfruté intensamente de mi embarazo”.

Pili llegó al mundo a las 39 semanas, justo al término, y con su nacimiento comenzó una nueva etapa en la vida de Mariana. “Convertirme en madre es lo más increíble que me ha sucedido”. La maternidad llegó tras años de tratamientos agotadores y una historia personal que nunca hubiera anticipado así.

Mariana, con 38 semanas de embarazo, se convirtió en madre por primera vez a los 51 años de edad.

“Convertirse en madre a los 51 no era lo que había planeado”, menciona. Para ella, fue la culminación de un deseo persistente y una búsqueda que se extendió por más de una década. “Fue el fruto de un deseo que jamás abandoné y una travesía larguísima para alcanzarlo”, relata. Ahora vive la maternidad con “una profunda gratitud”.

La Importancia del Apoyo y el Respeto

Su experiencia le ha llevado a reflexionar sobre las historias que existen tras cada embarazo planeado.

A menudo, quienes juzgan la edad de las mujeres embarazadas no saben “todo lo que una mujer tiene que atravesar para llegar a este punto”. Por ello, más allá de celebrar su propia experiencia, Mariana defiende “la empatía, el apoyo y el respeto” hacia aquellas en situaciones similares.

“Al mirar a mi hija, siento que toda la espera valió la pena”, declara Mariana. Aclara que el proceso no fue sencillo, sino “todo lo contrario”. Pero después de 14 años de procedimientos, dudas y decepciones, pudo finalmente tener en brazos a la hija que siempre había deseado.

Su narrativa es también la de una maternidad que llegó tras los 50, que para ella, redefine la percepción actual de ser una madre mayor.

Relatos de Madres Mayores

La historia de Gabriela Elusanse tiene elementos similares, aunque su recorrido fue diferente. Siempre había deseado ser madre y, por varios años, aplazó ese proyecto mientras completaba sus estudios universitarios y trabajaba.

“Ser mamá siempre fue mi sueño”, dice. No lamenta las decisiones de su juventud, pero admite que, de haber tenido más información a los treinta, habría considerado la opción de congelar sus óvulos.

Su idea de ser madre fue siempre en solitario. Al cumplir 50 años, comenzó a explorar opciones en clínicas de fertilidad. En una de ellas, fue rechazada debido a su edad. Lo que más le impactó no fue la negativa, sino una frase del médico que aún le resulta dolorosa: “Usted debería estar tejiendo para sus nietos, señora”. Gabriela lo miró con tristeza, pero siguió buscando otras alternativas.

Como asistente social, investigó por su cuenta hasta hallar una respuesta diferente. La doctora Eugenia Baum confió en su capacidad de ser madre y la animó a intentarlo. “Me permitió intentarlo con el embrión que tanto deseé”, comenta Gabriela. El procedimiento ocurrió en agosto de 2024, y tenía 54 años, gracias a una ovodonación.

Tras la noticia del embarazo, Gabriela fue sometida a un gran número de controles. Sabía que debido a su edad, recibiría atenciones adicionales de distintos especialistas, no sólo obstetras.

“Durante el embarazo, la presión arterial puede elevarse”, detalla. Además, en su caso, lidiaba con la menopausia. Con tratamiento hormonal, lograron preparar el endometrio: “Lograron que alcanzara 8 milímetros, como el de una mujer más joven”.

Desafíos y Expectativas Durante el Embarazo

Desde el principio del proceso, lo vivió con confianza, a pesar de ser consciente de los riesgos.

“Fue un largo camino, con mucha paciencia y confianza”, expresa. Cuando confirmó su embarazo, esperó hasta el tercer mes para anunciarlo. “Muchos no me creían, porque se consideraba un embarazo de riesgo”, rememora.

También recibió respuestas variadas. Algunas personas, pocas, la apoyaron y celebraron la noticia. Otros se mostraron sorprendidos o dudosos de su decisión.

Para Gabriela, esta diversidad de reacciones indica que todavía prevalece una visión social que ve como excepcional que una mujer busque y logre la maternidad después de los 50. “Es apenas ahora que se empieza a hablar de esta opción”, sostiene.

El embarazo fue un tiempo de extremo cuidado. En los últimos meses, tuvo que permanecer en reposo absoluto, desde diciembre hasta abril, prácticamente sin salir más que para sus citas médicas. También modificó radicalmente su dieta: “Nada de sal ni azúcar, y bebía tres litros de agua diarios”.

Cerca del final, debió tomar un antihipertensivo, pero a pesar de esas complicaciones, llegó a la cesárea en el Sanatorio Otamendi con éxito. Milagros nació el 7 de abril de 2025, pocas semanas antes de que Gabriela cumpliera 55. La recién nacida pesó 2,450 gramos y fue un nacimiento prematuro tardío.

La Maternidad y su Valor Personal

Gabriela describe el haberse convertido en madre como una experiencia llena de emoción y retos diarios. “Ser mamá fue un proceso hermoso”, afirma. Prefiere recordar su embarazo no solo por el riesgo médico, sino con cariño: “Para mí, fue precioso y hermoso”. Además, menciona que llegar al tratamiento con buena salud y peso fueron aspectos clave.

Su experiencia también la hace reflexionar sobre la información que las mujeres reciben a lo largo de su vida. Su historia se debe a una ovodonación, una posibilidad que le permitió realizar un proyecto que había comenzado mucho tiempo atrás. “Siempre quise ser madre, aunque no fuera con mi propio óvulo”, repite, como un mantra que atraviesa toda su vivencia.

Gabriela subraya la importancia de evaluar cada caso de manera individual. “Es crucial encontrar un centro de fertilidad que pueda realizar el proceso adecuadamente, y conseguir un obstetra especializado en alto riesgo”, explica. “Me vieron muchos especialistas y asombró lo bien que se desarrollaba ese embrión”, comparte.

Mariana y Gabriela arribaron a la maternidad después de los 50, aunque por senderos distintos, en el mismo centro de fertilidad. Una superó 14 años de tratamientos antes de quedar embarazada a los 51; la otra concretó un proyecto monoparental a los 54, que había postergado mientras trabajaba y estudiaba.

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Ninguna presenta su historia como una receta a seguir por otras mujeres ni como una experiencia sencilla. Hablan de los sentimientos de incertidumbre, los cuidados médicos, el desgaste emocional, y sobre todo, un término que se repite constantemente: el deseo.

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