El nostálgico recuerdo de nuestros padres y abuelos disfrutando de un vermut en la mesa se ha transformado. Actualmente, esta tradicional bebida, potenciada por los inmigrantes, se ha revitalizado y ahora aspira a mantenerse vigente por mucho tiempo.
Un Nuevo Resurgir
El vermut se encuentra en un momento de gran popularidad, un fenómeno que comenzó hace menos de diez años con la aparición de las primeras marcas artesanales que desafían la hegemonía de las marcas industriales clásicas.
Nuevos Protagonistas en el Escenario
Martín Auzmendi, quien junto a cuatro amigos fundó en 2018 La Fuerza, comenta: “Ha llegado a un público que jamás lo había probado. Lo más notable es la diversificación del mercado: hay más y mejores opciones disponibles, y ha recuperado su relevancia, convirtiéndose progresivamente en una bebida que refleja la cultura del país”. La Fuerza ahora posee cinco etiquetas y fue catalogada como la séptima marca de vermut más influyente por la prestigiosa Drinks International.
Un año antes, Julián Varea introdujo su Lunfa rosso, que actualmente presenta tres etiquetas en esa gama y dos más bajo la marca Ajenjo. Coincide en que la categoría experimentó “un resurgir significativo” y subraya que fue el único segmento que creció el año pasado: “Es el reflejo más fiel de la percepción del aperitivo y cómo está siendo recibido por un público tradicionalmente asociado con ‘lo que solía beber mi abuelo’, pero ahora abarcando todas las generaciones”.
Innovación y Tradición de la Mano
Las firmas consolidadas se han adaptado a esta nueva ola. Cinzano, por ejemplo, ha incorporado el Segundo a su repertorio, mientras que el grupo Cepas, el cual posee la popular marca Martini, comenzó a fabricar Leyenda Perro Negro. “Notamos un interés creciente por los vermuts premium, y una mayor cantidad de consumidores buscando propuestas de calidad y con identidad propia”, comenta Solana Baccile, gerente de Aperitivos de Cepas.
Las bodegas también han ingresado a esta tendencia, lo cual resulta lógico dado que, esencialmente, el vermut es vino. Según el Código Alimentario Argentino, debe consistir en al menos un 75% de vino. Se le añaden elementos amargos y aromáticos y se utiliza caramelo como colorante.
Varias bodegas como Catena Zapata (Vincenzo), Durigutti (Guardianes del Cerro), Luigi Bosca (Juana), Piedra Negra (Leoncé), Séptima (Desconfiado) y Familia Millán (La Unión Federal), entre otras, han desarrollado sus propios vermuts.
Varea estima la existencia de aproximadamente 120 marcas dedicadas al vermut. Enumerar todas las opciones disponibles en Argentina sería una tarea titánica, especialmente con la constante aparición de nuevos emprendimientos.
Federico Iasparra, bartender y creador de Vermuciraptor, uno de los nuevos vermuts, explica: “Existen estilos que se ajustan a la herencia italiana y española, otros que centran su atención en el vino base, algunos destacan por sus ingredientes botánicos, y otros más buscan perfiles modernos o experimentales”.
El vermut se puede clasificar también según el tipo de vino empleado como base: blanco (de vino blanco), rosso (de vino blanco oscuro) y rojo (que puede tener base de vino tinto o una mezcla de vinos).
“El rosso es especialmente apreciado por el paladar argentino debido a su sabor dulce y acogedor. El bianco ofrece un perfil diferente con sus notas florales y cítricas, invitando a explorar más”, sugiere Tomás Kelly, quien es uno de los creadores de Vecino, seleccionado este año como uno de los mejores vermuts del mundo en los World Drinks Awards de Londres.
Finalmente, ¿cuál es la mejor manera de disfrutarlo? El clásico con soda y una rodaja de limón o naranja siempre es una excelente opción, aunque también brilla en cocktails conocidos como el Negroni (vermut rosso, Campari y gin), el Dry Martini (vermut seco, gin y aceituna) o el Ferroviario (vermut rosso, fernet y soda). Así, el vermut perdura, abrazando su pasado y presente.
