Descubrió a los 30 que fue concebido por gestación subrogada; ahora lucha para evitar que otros lo vivan y rompió lazos con sus padres

Una inquietud inexplicable desde la niñez

Desde que tenía seis años, Olivia se despertaba cada día con una sensación extraña que no podía comprender. Una voz interna le susurraba que la mujer a la que llamaba “mamá” en realidad no lo era, lo que le provocaba una gran culpa. Este secreto lo guardó durante años, pensando que algo estaba mal con ella.

El inicio de una búsqueda crucial

Al llegar a la adolescencia, esa voz persistente no se apagó. Olivia sentía que no sabía quién era realmente y, para deshacerse de esos pensamientos, recurrió a caminos peligrosos: experimentó con drogas, consumió alcohol e incluso intentó acabar con su vida en varias ocasiones.

Fue a los 17 años que Olivia decidió investigar. Con su acta de nacimiento en mano, comenzó a buscar en línea palabras como “Louisville, Kentucky” y “agencias de adopción”.

Lo que apareció en su búsqueda fueron clínicas de fertilidad. Ese descubrimiento la llevó a afrontar la noche más larga de su vida. Sin embargo, al amanecer, logró encajar la última pieza del rompecabezas: “Descubrí que fui concebida por subrogación, pero no se lo dije a mis padres por temor a sus reacciones”.

Es Olivia Maurel quien lo relata a Clarín. Escritora, conferencista y representante de la Declaración de Casablanca, Olivia, ahora con 34 años, dedica su vida a luchar contra la práctica del vientre subrogado, calificándola de “una forma de explotación de mujeres y niños”.

Al preguntarle por qué se opone fervientemente a esta práctica, Olivia responde: “He vivido muchas dificultades debido a la subrogación. Cuando confirmé mediante una prueba de ADN que fui concebida así, comencé a notar en las redes sociales a celebridades y parejas felices promocionando esta práctica. Me molestaba que los niños nacidos por subrogación no tuvieran voz para contar su historia”.

La madre de su esposo le obsequió una prueba genética al verla angustiada por sus verdaderos orígenes. Aquel día, junto a su pareja e hijo, Olivia descubrió los resultados. Su ADN coincidía con un registro que la llevó a conocer a una prima, posteriormente a sus medios hermanos y finalmente, a su madre biológica, la persona que la gestó y proporcionó el óvulo.

Su madre biológica fue quien primero le contactó a través de un mensaje en Facebook, revelándole cómo fue el día en que nació y compartiendo su anhelo de siempre querer reencontrarse. Cada cumpleaños de Olivia, su madre biológica lo recordaba deseando un día especial para su hija.

Olivia aclara que buscaba su identidad, la parte que le faltaba, más que sustituir a su familia adoptiva. En sus palabras: “El hombre que me crió es también mi padre biológico y crecí como hija única. Al conocer a mi madre biológica, descubrí que tenía hermanos biológicos. Reencontrarme con mi hermano en Nueva York fue un sueño hecho realidad a finales de 2024”.

El impacto de la verdad transformó su vida. Olivia asegura que su intención jamás fue borrar el amor de sus padres adoptivos. Sin embargo, el temor de perderlos se concretó al revelarse toda la verdad.

Su madre adoptiva, al tener 50 años cuando nació Olivia, siempre comprendió el dolor que experimentó. “Mis padres me dieron la opción de seguir con la relación, pero debía guardar silencio sobre el tema. Decidí hablar abiertamente sobre la subrogación, lo que llevó a romper la comunicación porque piensan que estoy en su contra”, afirma Olivia.

Su lucha no es contra las parejas que desean tener hijos de esta manera, sino “contra el lobby y las decisiones gubernamentales que lo permiten”.

La maternidad también supuso una revelación. Padece de endometriosis severa y aunque es madre de tres, en algún momento consideró imposible la maternidad. “Nunca pensé en métodos artificiales. Entiendo el deseo, pero eso no genera un derecho. No hay un derecho internacional a ser padre. En cambio, los niños sí tienen derechos y deben priorizarse sobre el deseo adulto de tener hijos”, comparte Olivia con Clarín.

En mayo de 2023, Olivia publicó un video en TikTok narrando su historia, que rápidamente se viralizó. A raíz de esto, la contactó la Declaración de Casablanca, una organización internacional que busca abolir la subrogación a nivel global.

Fue invitada al Parlamento Checo y se dio cuenta de que su vocación era compartir su historia, por lo que escribió el libro “Where are you, mommy?” (¿Dónde estás, mamá?) para narrar su experiencia.

En agosto, ofreció cuatro conferencias en Buenos Aires para relatar su historia y reflexionar sobre la situación actual. Pasó por el Auditorio del Hospital Universitario Austral, la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y el Congreso Nacional.

Argentina carece de una regulación específica sobre la subrogación, lo que crea un vacío legal. Se refiere a ella como “gestación solidaria” entre conocidos, aunque las gestantes que son contratadas solo para llevar el embarazo no pueden tener acuerdos económicos registrados, ya que es ilegal.

“Argentina es intrigante porque la ausencia de regulación no implica la carencia de mercado”, comenta Maurel. Y menciona cómo en 2024 fiscales argentinos investigaron una red internacional que cobraba a clientes extranjeros alrededor de 50,000 dólares, mientras que las mujeres reclutadas recibían 10,000 dólares.

La investigación involucró clínicas, intermediarios legales y otros actores. Se detectaron patrones de explotación vinculados a la gestación, lo que llevó a las autoridades a examinar estos casos bajo el marco de trata de personas.

Durante su visita a Buenos Aires, Olivia enfatizó la importancia de debatir sobre las implicaciones de una legislación poco clara cuando ya existe demanda.

“Esto debería acabar con la ilusión de que se trata de un acuerdo completamente privado entre adultos conscientes. Hay intermediarios, dinero, desigualdades de poder y un bebé al final del proceso. Europa enfrenta el mismo dilema, aunque de manera distinta”, analiza.

En Europa, algunos países prohíben la subrogación, otros toleran acuerdos en el extranjero, y algunos exploran modelos regulados o altruistas.

“Cuando las naciones vecinas adoptan enfoques radicalmente diferentes, las personas cruzan las fronteras. La lección es clara: no se puede trasladar el problema ético al otro lado de una frontera. Necesitamos una respuesta internacional”, sostiene.

Olivia nota una diferencia entre quienes anhelan ser padres y la industria que monetiza ese deseo, junto a los gobiernos que proporcionan el marco legal. “Pero comprender tu sufrimiento no implica que otra persona deba solucionarlo por ti. Existe un ecosistema económico alrededor de la subrogación, y debemos cuestionarnos quién está moldeando el debate público”, expone.

Poco a poco, afirma Olivia, la pregunta cambia. Uno se cuestiona: “¿Deberían mujeres y niños estar disponibles mediante contratos como estos?” en vez de simplemente pensar en cómo regular el mercado. Y eso es una victoria para la industria.

“Rechazo firmemente la distinción entre subrogación ‘comercial’ y ‘altruista’, como si el dinero fuera el único problema ético. Aún así, creamos deliberadamente a un niño para ser separado al nacer de la mujer que lo gestó”, añade.

También reconoce que el sistema de adopción es largo en muchos países, pero es así para proteger a los menores. En contraposición, la subrogación no involucra un proceso para asegurar el bienestar del niño o evaluar a quienes desean convertirse en padres por este medio. Por lo tanto, tener un cheque suficiente equivale a comprar un niño y sortear el proceso de adopción.

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Olivia asegura que Argentina tiene la oportunidad de definir su postura frente al vacío legal en subrogación. Su respuesta al avance internacional de esta práctica es seguir difundiendo su mensaje globalmente.

“No puedo cambiar mi origen, pero lucho para que otros niños no enfrenten lo mismo. Eso es lo que me impulsa”, concluye Olivia.

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