Ariel García Furfaro, de 49 años, vinculado a más de 90 fallecimientos debido al suministro de fentanilo adulterado, vive su encarcelamiento en el penal federal de Marcos Paz con ciertas “mejoras de alojamiento”. Aunque no es considerado un “preso VIP”, ha obtenido ciertas comodidades que han aliviado su estancia desde hace casi un año.
Influencias y acomodos en prisión
Recientemente, dos antiguos directivos de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Sanitaria (ANMAT), Nélida Bisio y Gabriela Mantecón Fumado, fueron arrestados y luego liberados tras el pago de una fianza de $150 millones de pesos. La justicia investiga una posible protección a los laboratorios HBL Pharma y Ramallo. García Furfaro, quien dirige estas empresas, es el principal investigado en el escándalo de fentanilo contaminado que sigue el juez federal Ernesto Kreplak en La Plata. Durante su detención en Marcos Paz, ha accedido a celdas individuales y privilegios como una televisión de última generación para ver el Mundial, mientras sigue de cerca sus negocios externos.
Rutina diaria y conexiones familiares
Su jornada se asemeja a la de los otros 1,885 prisioneros del centro: dedica de dos a tres horas diarias al ejercicio físico, lee libros de política y autoayuda, y socializa con otros internos. Incluso organiza parrilladas con carne de su propia provisión. Un tema que preocupa especialmente a García Furfaro es la salud de su hermano menor, Diego, también detenido por orden del juez Kreplak. Diego, que tiene un rol menos visible en los negocios familiares, padece de problemas renales y diabetes, y necesita frecuentemente atención médica externa.
El estatus de poder y sus contactos políticos le han facilitado a García Furfaro condiciones favorables desde su ingreso al pabellón de “nuevos internos” en Marcos Paz. Desde entonces, ha establecido redes y negociado condiciones que están fuera del alcance de la mayoría de los reclusos. Su hermano Damián, libre, lo visita regularmente junto al contador de sus empresas, Diego Castrillón, para discutir los negocios como la fábrica de cables Epuyén SRL en La Reja, y una frutería en Flores que antes se llamó “Colina”.
Algunos familiares de otros internos han visto ingresar una camioneta Amarok cargada de vegetales, posiblemente suministros de García Furfaro. En reuniones de negocios, repasan también la situación de otros proyectos familiares, como una empresa de seguros y un laboratorio de productos biológicos en Paraguay. A pesar de sus circunstancias, estos proyectos no se han detenido.
El tiempo de García Furfaro también lo ocupa revisando detalles de sus negocios, posiblemente con acceso a un teléfono móvil, algo que el Servicio Penitenciario intenta evitar. Además, ha buscado involucrarse en un programa de la UBA para ayudar como asistente o instructor en la carrera de Derecho. García se graduó de abogado mientras cumplía una condena previa en la Unidad Penal 9 de La Plata.
Legalmente, la situación de García Furfaro no tiene perspectivas de cambios inmediatos. Inicialmente rehusó pedir la excarcelación a su abogado, esperando esclarecer los hechos desde prisión, pero luego apeló su procesamiento en la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata. Su defensa argumenta que no hay pruebas concluyentes acerca de la relación entre las ampollas contaminadas y las muertes.
Políticamente, García Furfaro ha mantenido un perfil visible, lo que le permitió estar vinculado al avión que trasladó vacunas Sputnik de Rusia a Argentina, aunque posteriormente fue retirado de las negociaciones. También enfrentó denuncias por otros conflictos legales y fraudes, destacando por su conducta problemática en diferentes incidentes.
