Una Búsqueda Inesperada en Beijing
Toda esta historia comienza con una búsqueda usual. En China, la mayoría de las personas no utilizan Google Maps a menos que tengan una VPN. Por esta razón, la aplicación más popular es “Amap”. Al tratar de encontrar un lugar argentino en Beijing, surgió un nombre que llamó la atención: “Mansión Argentina”. Al principio, uno podría imaginarse una residencia de algún argentino que decidió bautizarla de esa forma para sentir una conexión con su tierra natal.
No obstante, las imágenes que se muestran en la aplicación cambian completamente esta percepción inicial. A la entrada, se erige una copia del famoso Obelisco de Buenos Aires. La curiosidad es inevitable. ¿Quién decidió construir un Obelisco en Beijing? ¿Será la casa de un argentino añorante? ¿Un espacio cultural? ¿O la creación de un chino apasionado por Argentina?
La Realidad del Obelisco Chino
La curiosidad llevó al equipo de Clarín hasta allá para averiguarlo. A primera vista, el lugar parece una gran residencia situada en una de las áreas más prestigiosas de Beijing. En el exterior ondean tanto la bandera argentina como la china, y entre ellas se alza un imponente Obelisco que mide aproximadamente un tercio del tamaño del original en la avenida 9 de Julio. Esta réplica es detallada en su diseño e incluso lleva una inscripción significativa: “Este obelisco fue construido por BETC parrilla argentina S.A, el 23 de mayo del 2004”, reza la inscripción junto a un escudo argentino.
Una vez dentro, la sorpresa continúa. No es una casa ni un museo. Nos encontramos ante la mayor parrilla argentina de Asia, establecida sobre un terreno que cubre siete hectáreas, cuyo valor se calcula en millones hoy en día.
Detrás de este proyecto se encuentra Zhang Shao Ting, un influyente empresario chino con una larga trayectoria en la industria de la construcción. Este negocio culinario fue su primera incursión en el mundo de la gastronomía.
Su conexión con Argentina comenzó mucho tiempo antes de abrir el restaurante. En su primer viaje en 1994, volvía repetidamente más de diez veces antes de decidir construir este impresionante tributo en Beijing. “Me enamoré de Argentina. Mi primera impresión fue la de un país gentil, acogedor y libre. Encontré un entorno natural espectacular, con gente que lleva una vida tranquila y un clima agradable”, recuerda Zhang.
Durante su primera estancia, experimentó una caída grave de un caballo y pasó meses recuperándose en el hotel Hilton de Buenos Aires, donde descubrió la auténtica parrilla argentina.
“Durante mi recuperación, visité todos los días el restaurante Mirasol. Disfruté de asados durante tres meses sin parar y, sorpresivamente, bajé de peso”, comenta. Esta vivencia se volvió una obsesión.
Notó que en China casi no existían restaurantes especializados en carnes argentinas. Así que decidió abrir uno, pero no cualquier restaurante extranjero. “Quería un terreno extenso para capturar la grandiosidad y la belleza natural de Argentina”, aclara.
El espacio construido abarca más de 3.200 metros cuadrados divididos en tres edificios: la parrilla, el café y una bodega subterránea.
“El nombre en español es ‘Obelisco’, mientras que su denominación en chino es ‘Mansión Argentina’. La combinación busca reflejar el símbolo del obelisco porteño y la tradición del asado argentino”, explica Zhang.
Cada elemento y detalle del proceso de construcción fue planeado minuciosamente. Para llevar la esencia de la cocina argentina, contrató al dueño y al equipo del conocido restaurante Rosa Negra. Todos viajaron a Beijing para entrenar al personal local. Hoy día, todos los empleados son chinos.
Expertos trabajaron incansablemente para replicar con precisión la identidad argentina. “Recibimos asesoría en todo: desde la gastronomía, el concepto del lugar, los protocolos de servicio, hasta el diseño arquitectónico. La fachada y la bodega fueron concebidas por arquitectos argentinos”.
Incluso la réplica del Obelisco fue obra de arquitectos argentinos. “Diseñado respetando cada proporción del monumento original”, detalla Zhang.
Pese a no hablar español ni inglés, Zhang encuentra maneras de comunicarse con visitantes argentinos. Ofrece sonrisas, apretones de manos y de vez en cuando, intercalando las pocas palabras de español que ha aprendido: “hermano” y “amigo”. Con más de tres décadas de conexión con Argentina, confiesa que el país ocupa un lugar especial en su vida. “Seleccioné Argentina dejándome llevar por mis sentimientos y siempre lo tengo presente. Nunca me arrepentí de mi elección”, nos dice.
El ambiente del restaurante está repleto de detalles que evocan Argentina. En los salones se escucha tango, se exponen cuadros de Diego Maradona y Lionel Messi, banderines de equipos nacionales, y una variedad de mates. Un reconocimiento otorgado a Zhang en 2006 por la Ciudad de Buenos Aires como Personalidad Destacada de la Cultura Porteña también está presente.
Para los argentinos, el objetivo es sentirse como en casa, aunque sea por un momento. Bajo el restaurante, hay una cava con una capacidad para 40 mil botellas exclusiva de vinos argentinos, algo que Zhang considera un gran orgullo.
Desde hace más de dos décadas, Zhang fue uno de los primeros en introducir vinos argentinos al mercado chino, distribuyendo marcas como Rutini y Catena Zapata. Ha dedicado gran parte de su vida a promover el Malbec entre los consumidores chinos. “Nos complace ver que cada vez más chinos conocen y disfrutan los vinos de Argentina”, asegura.
Una sorpresa especial es el menú, elaborado con cuero y pelaje de caballo adquirido y trabajado artesanalmente en Argentina. La carta está disponible en chino e inglés, y entre las opciones destacan la provoleta, empanadas de carne, chorizo, y morcillas. También ofrecen milanesas, pizzas, pastas y una amplia variedad de cortes argentinos.
En cuanto a los postres, hay flan y panqueques con dulce de leche. Un peculiar elemento es la sección “Beverage Menu” donde se menciona “Yerba Mate”. Los clientes que lo ordenan reciben el tradicional ritual: un mate de calabaza con bombilla y yerba mate amarga, como se toma en Argentina.
Para los argentinos es emocionante, y para la mayoría de los chinos es una experiencia completamente nueva. La panera en el restaurante, sorprendentemente, incluye medialunas de manteca.
A diferencia de las costumbres argentinas, sirven dulce de leche y salsa de ajo como acompañamientos en lugar de chimichurri. Una mezcla inusual para los argentinos, pero común para los chinos en esta propuesta. “Yo les dije que eso no va en la panera, pero ellos lo disfrutan igual”, comenta un amigo argentino de Zhang.
El plato fuerte son las carnes a la parrilla. Siguiendo la tradición de Buenos Aires, preguntan el punto de cocción antes de procesar el pedido. “Los clientes chinos suelen preferirla a punto. El ojo de bife es el corte más popular aquí”, señala Zhang.
Hoy en día, cerca del 90% de los comensales son ciudadanos chinos. Muchos llegan intrigados al ver el majestuoso Obelisco desde la calle. “La mayoría se asombra e impresiona al ver la réplica”, afirma. Algunos preguntan sobre el significado del monumento situado en la entrada. Mientras tanto, el salón se anima con música en vivo y espectáculos de tango.
En el segundo nivel, hay salones privados con nombres de ciudades argentinas como Bariloche e Iguazú, que recrean diversos paisajes del país.
A lo largo de los años, casi todas las delegaciones oficiales argentinas que visitaron China han pasado por estas mesas, incluyendo expresidentes como Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, figuras deportivas como Emanuel Ginóbili y Luis Scola, empresarios, diplomáticos y la selección de básquet.
Durante los Mundiales, el restaurante se convierte en un punto de encuentro clave para la comunidad argentina en Beijing. “Organizamos eventos para ver juntos los partidos de la Selección”, comenta Zhang.
A pesar del éxito comercial, Zhang insiste en que la motivación principal nunca fue económica. “Mi verdadero propósito fue compartir la cultura que elegí y que amo en mi país de origen. La rentabilidad nunca estuvo por delante”, aclara.
Cuando se le indaga sobre los motivos que llevaron a un empresario chino a crear un Obelisco en Beijing, su respuesta es clara: “Quise traer a mi ciudad la cultura argentina que amo”.
¿Qué encontró en Argentina que no halló en otro lugar? “La bondad y la tolerancia innatas entre la gente”, contesta Zhang.
Expresa que cada visita a Buenos Aires le infunde un profundo deseo de prolongar su estancia. “Elegí Argentina siguiendo mi intuición. La extraño constantemente”, afirma concluyendo.
Por todo esto, resulta evidente que este restaurante trasciende el concepto de una simple parrilla. Es una declaración de amor, un pequeño pedazo de Buenos Aires plantado a más de 19.000 kilómetros de distancia. Un empresario chino ha demostrado durante más de veinte años que uno puede enamorarse profundamente de un país que no es el suyo.
