Cómo vivieron los británicos en Buenos Aires un gol en un bar repleto de argentinos: del júbilo al mutismo total

El comienzo del partido coincide con mi entrada al bar Sullivan, ubicado en el barrio de Palermo. Entre una multitud de ingleses, mi camiseta albiceleste destaca. Me encuentro en mi propio país, pero por 102 minutos siento que estoy en Wembley, como si fuera Antonio Rattín en 1966, aferrada a mis colores patrios contra la marea británica. Este miércoles, el campeón mundial se enfrenta a Inglaterra por un lugar en la final del Mundial realizado en Estados Unidos, Canadá y México.

Ambiente en el Bar

Las paredes del bar están decoradas con banderas de clubes ingleses como el Arsenal y el Chelsea. Ningún hincha se atreve a vestir la camiseta de Inglaterra, conscientes de que fuera del local, están en la tierra de Maradona y Messi. Algunos, para mostrar su apoyo, dibujan la cruz de San Jorge en sus camisetas blancas y se pintan el rostro.

Arthur, un viajero inglés que lleva medio año recorriendo distintos países y quedó encantado con Buenos Aires, comenta a Clarín: “Creo que nuestro equipo es más seguro, pero Argentina cuenta con Messi”.

Jude, quien comparte nombre con Bellingham, añade: “Para vencerlos, tenemos que marcar a Messi y frenarlo”. Intento disimular mi sonrisa. En el fondo, sé que muchos jugadores pueden ganar un partido, pero sólo Messi puede cambiar la historia.

“Sweet Caroline, good times never seemed so good” resuena mientras los equipos entran al campo. La cámara muestra a los hinchas británicos en las gradas de Atlanta vestidos de templarios, despertando los vítores del público: “¡Templarios, templarios!”.

El Gol que Cambió Todo

Los ingleses cantan con alegría. El juego apenas comienza y su confianza es alta. Poco después, la transmisión enfoca a los árbitros y Arthur aprovecha para bromear sobre el equipo argentino, arrancando risas en el bar, incluidas las mías.

Arthur añade: “El ‘Dibu’ Martínez es un provocador, no apruebo sus métodos. Pero me agrada Enzo Fernández porque es combativo y respetuoso”.

Durante los himnos, al escuchar el argentino, me levanto y reflexiono sobre las frases que tantas veces canté: “Sean eternos los laureles que supimos conseguir”. Me pregunto si una vez más lo lograremos.

Sin embargo, la esperanza es efímera. Inglaterra sale con decisión y presiona alto. En el minuto 25, una jugada de Spence casi hace estallar el bar como si fuese un gol. Afortunadamente, Lisandro Martínez interviene magistralmente.

Mientras espero una jugada épica de Messi, aparece la imagen de Mick Jagger y el bar se sumerge en “I can’t get no satisfaction”. Por un instante, siento que todo está preparado para ellos. Pero ninguno logra el dominio del juego.

Curtis, quien lleva varios meses en Argentina junto a su novia por trabajo, exclama: “Mete tu mano en el bolsillo y saca una tarjeta”. La frustración se siente en el ambiente.

Al minuto 54, Inglaterra marca y el bar estalla de júbilo. Arthur abraza a un amigo recién conocido y todos me gritan el gol en la cara. En la pantalla se muestra la expresión de desilusión de Messi. Por primera vez en la tarde, quiero llorar, pero me contengo, confiando en la Scaloneta.

Argentina ataca constantemente, mientras que Inglaterra se defiende con desesperación. Los ingleses pasan de celebrar a impacientarse con cada avance albiceleste. A los 85 minutos, Enzo Fernández lanza un disparo que deja sin respuesta al portero Pickford. Estoy rodeada por camisetas inglesas, pero mi grito celebra ese momento liberador.

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El empate trae un respiro, pero la acción continúa. Messi centra y Lautaro Martínez cabecea al gol. ¡Argentina toma la delantera 2 a 1!

A duras penas puedo escribir estas últimas líneas. El alboroto es general; los ingleses han pasado del júbilo al silencio absoluto. Mientras algunos abandonan el lugar, el árbitro decreta el final. La escena en el bar da paso a la celebración argentina. Afuera, los cantos burlones resuenan: “Mirá, sacale una foto, se van a Inglaterra con el c… roto”.

Arthur, resignado, reflexiona: “No puedo quejarme, fue justo. No entiendo por qué decidimos defendernos tanto y no salimos a buscar el partido”. En medio de ingleses abatidos, la alegría me invade, celebrando una tarde inolvidable en el fútbol contra un oponente con una historia cargada.

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