Descubren Nuevo Reto Educativo
En un esfuerzo por desafiar las normas actuales en la educación inicial y primaria, un programa oficial en Buenos Aires ha sugerido que los estudiantes no deberían poseer un smartphone antes de comenzar la secundaria. A dos meses de su implementación, los primeros datos revelan información sorprendente y valiosa.
Compromisos Voluntarios de las Familias
Un informe reciente del Ministerio de Educación de Buenos Aires, al cual tuvo acceso Clarín, muestra que cerca del 50% de las escuelas locales han aceptado esta propuesta, sumando hasta ahora 50,569 familias que han decidido, de manera voluntaria, retrasar que sus hijos tengan un teléfono móvil inteligente hasta que alcancen los 13 años.
Estas familias residen en 1,204 de aproximadamente 2,750 escuelas en toda la ciudad. Destaca que hay una significativa diferencia en la respuesta cuando se comparan las escuelas públicas y privadas: un 97.6% de los compromisos provienen de familias de instituciones públicas, frente a solo un 2.4% de las privadas.
Impulso para un Desarrollo Socioemocional
Más allá de impartir conocimientos, uno de los objetivos cruciales de la educación es fomentar habilidades socioemocionales. Esto se convierte en un desafío tanto para maestros como para la comunidad educativa en su conjunto, quienes deben promover y mantener un ambiente de bienestar para los jóvenes alumnos.
Mediante la iniciativa “Compromiso familiar por estudiantes sin celular”, liderada por Mercedes Miguel, se busca establecer acuerdos voluntarios entre familias para retrasar el uso de smartphones por parte de los jóvenes, y manejar su interacción con las redes sociales durante la niñez y adolescencia.
Expertos advierten que el uso de celulares en ciertas edades puede perjudicar la salud mental infantil.
Esta iniciativa, según datos de UNICEF, surge debido a que un 95% de los chicos de entre 9 y 17 años ya poseen un dispositivo propio, relacionándose esto con aumentos en la ansiedad, problemas de concentración y dificultad para relacionarse entre compañeros.
Tanto Mercedes Miguel como su equipo están activamente involucrados en este proyecto, incluso asistiendo personalmente a las escuelas para hablar sobre la importancia de postergar el uso del celular entre los más pequeños.
El siguiente paso oficial es lograr que esta conciencia también llegue a las instituciones de educación privada, sensibilizando a todas las familias sobre los riesgos del “chupete electrónico” para el bienestar mental de sus hijos.
La cuarentena por Covid fue un momento clave, acelerando el acceso de los niños al mundo digital para mantener el contacto social durante la suspensión de clases presenciales. Aunque las actividades han vuelto a la normalidad, el uso del celular sigue siendo prominente en sus vidas.
Implementación de la Iniciativa
A través de correos electrónicos, las familias de estudiantes reciben la invitación a considerar esta propuesta, que subraya cómo el uso de dispositivos sin supervisión puede afectar negativamente a las niñas y niños, impactando su atención, descanso, y relaciones interpersonales.
El acuerdo busca posponer la entrega de un smartphone al menos hasta los 13 años, aunque algunas familias optan por ampliar el plazo hasta los 14, 15, o 16 años. Este compromiso se refuerza mediante el diálogo con otras familias y su formalización mediante un formulario donde se registra la firma de los padres.
De las familias que han firmado hasta ahora, un 74% pertenece al nivel primario, un 17.2% al nivel secundario, y un 8.7% al nivel inicial. La iniciativa se considera exitosa cuando al menos ocho familias de un mismo grado o curso llegan a un acuerdo común para normalizar esta práctica.
No obstante, se permite que los estudiantes posean teléfonos antiguos, útiles para llamadas y mensajes, asegurando que los padres puedan mantenerse en contacto. Reconociendo esta demanda emergente, el mercado ha relanzado dispositivos básicos como el Nokia 1100.
La propuesta forma parte de un esfuerzo internacional para reducir el uso de smartphones y redes sociales, guiado por la búsqueda del bienestar socioemocional. Incluye medidas como el veto de celulares en clase o la restricción de acceso a sitios peligrosos en redes escolares. Las autoridades anticipan resultados positivos siguiendo esta nueva política.
